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sábado, junio 19, 2010

Vuelvo a publicar articulo sobre la ACA de Gualeguaychú

Asamblea de Gualeguaychú, el infierno tan temido
La Asamblea de Gualeguaychú es un síntoma de la enfermedad politica de este país, un síntoma agudo, extremo, que muestra lo que nos espera si no nos paramos a reflexionar.

1- Ecologismo. El ecologismo es una ideología y una practica muy extendida (y exitosa) que se basa en objetivos indiscutibles como la defensa del medio ambiente pero patina rápidamente hacia el posiciones antiindustrialistas (toda industria contamina), reaccionarias (se alude a la supuesta paz y equlibrio de eras primitivas, agrarias), relativistas (“hay que defender a todas las especies, no solo al hombre” que en casos extremos proponen prohibir la experimentación con animales para obtener medicinas, cuando no la expulsión de seres humanos de areas de protección animal), violentas (se caracteriza por operativos “anti”) mediaticas (necesita la espectacularidad para obtener espacio en al prensa) anticientíficas (a pesar de su “jerga” es profundamente anticientífico ya que no acepta pruebas si contradicen sus tesis), anticapitalista ( a pesar que los máximos niveles de desprecio por el medio ambiente se registraron en la URSS, China y otros paises socialistas).

2- Populismo. Se habla del “pueblo”, entidad metafísica, ficcional, imposible de abarcar, definir y mucho menos “interpretar”. Pero ellos son “el pueblo de Gualeguaychú” - compuesto por decenas de miles de ciudadanos - a pesar del exiguo centenar de miembros activos de la Asamblea. Cuando alguien de la ciudad expresa disconformismo, lo acusan rápidamente de “antipueblo”

3- Nacionalismo. Cuando parece que no quedan argumentos “ecológicos”, se apela a la “defensa de la soberanía”. Se exhiben centenares de banderas argentinas en cada manifestación, se envuelven en la bandera a modo de cópula nacionalista en la que cuerpo y patria se penetran mutuamente.

4- Antiimperialismo. Se habla de “imperialismo finlandés”, de que “los del norte” descargan su porquería en el Sur, se recogen las metáforas Galeanas de “venas abiertas”, el Sur existe, etc.

5- Anticapitalismo. Toda industria capitalista contamina…el capitalismo contamina

6- Piqueterismo. Además del apoyo explicito de corrientes piqueteras, la metodología de corte de rutas es un invento piquetero, que ellos llevan al plano internacional


7- Violencia. Se hacen pintadas en las casas de los “traidores”, se amenaza a los disidentes, se invaden aguas territoriales uruguayas, se impide la libre circulación internacional, se amenaza a BOTNIA con acciones terroristas, se protesta violentamente en Buenos Aires.

8- Asambleismo. El discurso más encendido o más excitante y provocador es el que gana. Jamás gana en ese clima el llamado a la calma y la reflexión


9- Clientelismo político. Mantienen relaciones carnales con políticos locales, de los cuales obtienen prebendas, favores y apoyo material.

10. Incapacidad de dialogo, confrontación de ideas, cotejo de argumentos. No convocan a científicos que opinen que no hay peligro de contaminación con la tecnología que usará la planta, se rechaza toda propuesta de debate civilizado.

11- Histeria psicosomática. Han aparecido inequívocos síntomas corporales y físicos ANTES de que Botnia haya comenzado a operar (mareos, vómitos, lluvias verdes, manchas en el río, pájaros muertos) Como en las brujas de Salem, se corporiza el terror, la ficción cobra realidad física y como en un embarazo histérico, los asambleístas ya creen estar sufriendo los efectos de la contaminación.

12. Fanatismo. Se hace un sistemático lavado de cerebro a los chicos de las escuelas entrerrianas, aterrorizándolos con la amenaza inminente sobre su futuro. Se exagera, se planean alocadas acciones, se niega todo argumento racional.


¿Cual es el problema?

Que se ha naturalizado esta enfermedad: los periodistas consultan amablemente todos los días a distintos asambleístas, se da credibilidad a las disparatadas denuncias de contaminación. Nadie les dice que el rey está desnudo y que su fanatismo YA ha traído un perjuicio internacional al país, transformando a la Argentina – con su triste record de contaminación propia- en un hazmerreír de la comunidad científica y de negocios mundial.

Se festeja la irresponsabilidad, como si cortar un puente internacional fuera una gracia insolente, de un “pueblo orgulloso frente a los poderosos”, se trata de conectar esa “lucha” con las demás luchas argentinas, en una especie de frente de la irracionalidad violenta, apto para que los ultras saquen partido.

Se quiebra la relación histórica con Uruguay, se pone al país al margen de las corrientes de intercambio, progreso, inversión.

Se gastan recursos diplomáticos en reclamos y maniobras en La Haya, con España, etc. que sería mejor aprovechar para poner a Argentina nuevamente en el Mundo.

Se coquetea con lo peor de tradición populista sudamericana, se desafía al sentido común, a la ciencia, a la política sensata, se arremete, se ofende, se amenaza, se insulta, en una especie de corte de los milagros que expone diariamente la más grosero de la naturaleza humana.

La Asamblea de Gualeguaychú puede ser un espejo, un anticipo del infierno que nos espera.

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