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jueves, mayo 27, 2010

Un cuento de mi hija Carola: los grandes discuten sobre cosas importantes...para ellos

Hace doscientos años un chico jugaba en la vereda. Martín jugaba con su hermana. Con una hoja de papel Martín le enseño a Laura a hacer un barco. Los dos miraban como el barco navegaba por el ancho río que corría pegadito a la vereda. Un río de color gris. Martín jugaba mucho con ese río, le justaba inventarse historias de barcos y piratas que navegan por el costadito de la vereda. Se agachaba muy cerca del suelo para ver como el agua caía por la alcantarilla. A veces deseaba hacerse muy chiquitito, para subirse en sus barquitos de papel y caer por la alcantarilla para poder ver que había ahí abajo.
Un ruido distrajo a Martín. Parece que algo pasaba, porque había muchas personas enfrente del cabildo y ahora hacían mucho barullo, comentaban cosas, opinaban.
Martín volvió a concentrarse en su barquito de papel. Se quedó un largo rato imaginándose chiquitito, navegando por ese río gris. Un largo rato, como doscientos años. Laura lo despertó de sus sueños de marinero con una palmada en la cabeza. Dale Martín, hay mucha gente y ya llegaron los pochoclos. Dale Martín, antes de que se vayan todos. Martín volvió a mirar la plaza. Seguía habiendo mucha gente enfrente del cabildo, que ahora brillaba con luces de todos colores. Por suerte había mucha gente, pensó Martín y tenía razón, porque a todos les gustan los pochoclos y junto con Laura los vendieron rápido. Volvió casi corriendo cuando un chico mas o menos de su edad le pedía a la mamá que le comprara el último paquete que le quedaba a Laura. Volvió casi corriendo. Ahora podía navegar tranquilo.

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