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lunes, mayo 17, 2010

Mi No-Autocrítica

Qué fea es la autocrítica, término stalinista que remite a humillantes autoincriminaciones que terminaban, siempre, en Siberia o en el pelotón. “Fui culpable de no defender con suficiente vigor los principios inalterables que encarna el Camarada Stalin” era, por ejemplo, un modelo habitual de autocrítica. Parecido a “Cesar, los que van a morir te saludan”: Camarada, me vas a asesinar, pero te quiero. Un asco, bah.

Por eso, suena feo lo de autocrítica. Y por eso, nadie la hace. Nadie asume ningún fracaso, error o derrota. Por eso, para sumarme a la corriente principal, acrítica, no-reflexiva, voy a hacerme mi No- Autocrítica de los años setenta.

En aquellos años, éramos maravillosos.

Las internas de agrupaciones se resolvían siempre de modo democrático. Nos preocupábamos mucho por temas tales como libertad, derechos humanos, democracia, instituciones, funcionamiento de la Justicia.
Eramos re-inteligentes y jamás nos dejamos manipular por nuestros jefes, o por sectores golpistas , o por Lopez Rega, o por Perón, o por quien sea, no, para nada.
Leíamos a Héroes del Pensamiento, como el Camarada Kim il Sung, el Líder Iluminado de Corea del Norte, cuyo Derrotero de los Tres Principios (Autonomía, Autarquía, Aislacionismo) es seguido hoy por su Camarada Hijo y así seguirá por los siglos de los siglos.
Nos entusiasmaba la Ilustre Revolución Cultural del Camarada Mao, un Canto a la Vida, realmente.
Queríamos Uno, Dos, Muchos Vietnam, a fin de propinarle formidables palizas al Imperialismo.
Admirábamos al patriótico Kmher Rojo, cuyo jefe Pol Pot años después fue injustamente acusado de asesinar a dos millones de personas: fueron menos y, como dice el Líder del Pensamiento Antimediático- Noam Chomsky- :

“ Las muertes en Camboya no fueron el resultado de matanzas y hambrunas sistemáticas, organizadas por el Estado, sino más bien la consecuencia, en gran medida, de ajustes de cuentas entre campesinos, de la actuación unidades militares indisciplinadas, fuera del control del gobierno, del hambre y las enfermedades que provocó, directamente, la guerra lanzada por los Estados Unidos, y de otros factores.”

Así razonábamos en aquellos tiempos: siempre el error está en campo enemigo, nosotros no nos equivocamos, somos buenos. Por eso, nuestras ideas tuvieron tanto éxito, mostraron claramente la superioridad allí donde se aplicaron.

Aquí termina mi No- autocrítica. Escribirla me ha supuesto una alegría inmensa, la alegría del trabajo bien hecho, de las ideas claras y el pulso firme. La única dificultad provino de la insidiosa campaña desatada por el Imperio en contra de mis neuronas del lóbulo frontal, las cuales han sido atacadas de peligrosos síntomas de liberalismo, democratismo y sentimentalismo burgués.

Si quieren otro día prosigo con mi No-autocrítica de los años ochenta.

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