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domingo, mayo 09, 2010

Igualitarismo

La utopía “cooperativista” se basa en que todos los trabajadores reciban igual ingreso por unidad de trabajo. El aplicado, el holgazán, el diligente y el delincuente, el hábil y el torpe, todos obtienen el mismo ingreso por ocho horas de trabajo. Todo bien, ¿no? Eso es “igualdad”.
En realidad eso es la puerta para el desastre de la baja productividad y la pérdida de valor.
Desaparece la motivación para mejorar, capacitarse, experimentar nuevas formas de trabajo, inventar nuevas herramientas. Desaparece la motivación para crear nuevos productos o servicios, para probar nuevos métodos de producción o venta.
La utopía estatista de controlar los precios- fijarlos- parece loable, ¿no?: la gente recibirá su litro de leche barato y todos felices. Leche, pan, carnes, huevos, hortalizas baratas y de calidad, el ideal.
El problema es que cuando el precio no supera los costos, o los supera sin cumplir la expectativa de retorno de la inversión, el productor cesa de producir “ese” producto (leche, o carne) y se vuelca a producir bienes con precios no controlados. Al aumentar la demanda por reducción del precio y al restringirse la oferta por esa misma causa el sistema colapsa: desaparece la leche de los mostradores y aparece vía mercado negro, a precio real.
Lo mismo sucede con la mano de obra: un puesto mal pago no atraerá a ningún trabajador: el “capitalista” deberá subir la apuesta si quiere atraer a los mejores. La crítica socialista al sistema de libre contratación siempre se basa en una situación extrema, improbable, de absoluto monopolio : una única empresa de una región que impone salarios bajos ya que tiene una situación monopólica. Pero la realidad es más fluida: en ese caso la mano de obra emigrará de la región hacia áreas mejor pagas y la empresa “única” se verá obligada a subir sus salarios. Entonces surge la idea de la “conspiración” capitalista: todas las empresas se ponen de acuerdo en pagar una miseria…hasta que un pícaro empresario ofrecerá más salario porque quiere tener mejores trabajadores y lograr así un mejor producto: muy pronto los empresarios pujarán nuevamente por obtener los mejores trabajadores pagando los mejores salarios.
Las Convenciones Colectivas son un mal remedio para los casos de abuso de posición monopólica. Con el pretexto de ayudar al trabajador individual a obtener del empresario mejores salarios, el Sindicato le provee al obrero de la fuerza del número, empatando así la balanza de poder. Pero como toda reglamentación general, se dejan de lado las innumerables situaciones individuales: el trabajador menos calificado o hábil comparte el mismo salario que su compañero más calificado y hábil, con lo cual si éste no percibe beneficios por su mayor productividad no tendrá incentivos por mejorar su trabajo y se esforzará menos, nivelando para abajo el valor final de la producción.
En suma, el salario NO asociado a una mejor calidad o eficiencia del trabajo destruye la motivación para esforzarse en mejorar el trabajo.

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