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lunes, abril 26, 2010

El sentido de la vida

Hay que darle un sentido a nuestras vidas: no puede ser que semejante capacidad de sentimiento, razón y voluntad como la que nos ha dado la naturaleza se desperdicien en las horas grises de la oficina, o en la cena rutinaria.
Hay gente que se banca trabajar, de casa a la oficina y los findes algún asado, TV y futbol. Y nada más.
Otros , en cambio, encuentran un sentido a sus vidas. Por ejemplo, oponiéndose a la planta de celulosa Botnia.
¿Qué sería de la vida de Pouler o Fritzler, dos voceros de la ACAG, si tuvieran que volver a sus simples rutinas al terminar el conflicto? Ellos viven para oponerse a Botnia. Sus vidas adquirieron hace cuatro años, súbitamente, un sentido de trascendencia que no están ahora dispuestos a ceder.
Ellos creen que su lucha esta plenamente justificada. Y lo seguirían creyendo aunque los monitoreos que debería realizar el gobierno argentino, la Universidad argentina, los laboratorios argentinos indicaran que la calidad de agua, aire y suelo de la comarca de Gualeguaychú no ha sufrido alteraciones desde que la pastera produce, hace ya más de dos años. No necesitan pruebas, por que ellos “creen”. La creencia ha reemplazado a la ciencia. Nada los hará cambiar de creencia.
Además, es plácida esta lucha. Reciben el apoyo de curas y rabinos, de políticos y periodistas, de ecologistas y líderes sociales. Los entrevistan para radios, canales y otros medios. Hacen movilizaciones, escraches, toman mate en reposeras y continúan con su lucha.
¿ Cual podría ser el incentivo para que dejen esta insensata obcecación? Creo que los medios y los políticos, curas y rabinos harían bien en volver a la racionalidad que impuso el fallo de Corte Internacional: que Uruguay no cumplió procedimientos , pero que la cuestión de fondo, la que realmente interesa, la contaminación, no ha sido probada, no hay prueba alguna que justifique tamaña desmesura (como la utilización de niños asustados con la imagen de un futuro de río con peces muertos, maloliente, peligroso)
Deberían estar contentos los de la ACAG: sus válidos temores ya no se justifican. Hicieron bien en alertar a la autoridades, pero ahora todo está claro, no debe haber temor. Pero no. La lucha continúa…
Digo, lo que deberían hacer religiosos, políticos y periodistas es correrse , bajarse, dedicarse a otros de nuestros infinitos problemas reales, dejar los problemas fantaseados para locos o poetas. Con pobreza, inseguridad, corrupción, inflación ya tenemos suficiente, no?
Señores de la ACAG su vida puede tener sentido aplicando su constancia y su capacidad de comunicación a otros asuntos, quizás menos espectaculares: luchar contra la contaminación que el Parque Industrial de Gualeguaychú produce, organizar visitas a Botnia para apreciar de cerca al “monstruo”, unirse para luchar contra exclusiones o discriminaciones – por ejemplo contra uruguayos residentes en Gualeguaychú, y tantas otras. Su vida seguiría plena de sentido, pero sería más positiva y constructiva.
¿no lo creen?

2 comentarios:

Luis Anastasía dijo...

Estimado Esteban:
Muy acertado diagnóstico. Focalizar con tanta ansiedad y de forma tan extrema la atención en un solo aspecto, fundado en casi un capricho, generó un autoconvenciento que va más a allá de las leyes naturales y de las otras. Habrían tantos otros problemas reales a los que hay que dedicar verdadera atención y procurar soluciones, en lugar de estar inventando soluciones para problemas que no existen.

Pero muchas cosas buenas, igualmente, surgió de ésto. Entre ellas, habernos conocido.
Saludos

esteban dijo...

Gracias Luis. Es cierto, hubo un acercamiento entre gente de "ambas orillas" unidas por el mismo espanto, como diría Borges.Que sirva tambien para otros objetivos, no? Un gran saludo
Esteban

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