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viernes, agosto 27, 2010

La cuadrilla de demolición gubernamental, según Cachanosky

Cuadrilla de demolición

Hace siete años que los Kirchner vienen usando el monopolio de la fuerza que tiene el Estado para tirar abajo todo aquello que se oponga a sus planes totalitarios. ¿Quedará algún vestigio de las libertades individuales cuando termine la demolición?

Dice Hayek en su libro Nuevos Estudios: “La democracia no ha demostrado ser una protección cierta contra la tiranía y la opresión, como alguna vez se esperó… Súbitamente se creyó que la limitación del gobierno por los representantes electos de la mayoría tornaba innecesario el control de los poderes gubernamentales, de modo que podía hacerse caso omiso de las distintas garantías constitucionales desarrolladas con el transcurso del tiempo. Así surgió la democracia ilimitada, y no solamente la democracia, lo que constituye un problema hoy día”.

¿Qué es lo que entiende Hayek por democracia ilimitada? La existencia de gobiernos no sujetos a la ley donde lo que prevalece es solamente el voto y no el voto como un mecanismo para elegir representantes que, una vez en el cargo, gobiernen respetando los derechos de las personas. Quién llega al poder considera que, porque tiene una mayoría circunstancial, tiene derecho a utilizar el monopolio de la fuerza en beneficio propio hasta llegar a instaurar regímenes autoritarios, ignorando a los otros poderes y avasallando cuanto derecho sea necesario con el objeto de retener el poder.

Cuando uno repasa los 7 años de gobierno de los Kirchner advierte que, con la complacencia de la gente, de amplios sectores empresariales, algunos medios de comunicación y dirigentes políticos, fueron avanzando constantemente sobre el estado de derecho hasta llegar a un punto en que hoy día en la Argentina, aún la democracia ilimitada corre un serio riesgo de ser destruida. Es que el gobierno de los Kirchner actúa como una cuadrilla de demolición que solo busca destruir todo lo que no le gusta, a los que opinan diferente o no se subordina a sus caprichos.

Los mecanismos que se han utilizado han sido diversos y fueron disfrazados de políticas públicas para darle aspecto de legalidad. Por ejemplo, los controles de precios más los aumentos de costos forzaron a varias empresas a entregar las llaves a otros grupos económicos. Todo tiene apariencia de legal pero, en el fondo, se observa una deliberada acción por tornar inviable un determinado negocio usando indebidamente el monopolio de la fuerza que le delegamos al Estado para sofocar a una empresa.

Como decía antes, el kirchnerismo se ha transformado en una cuadrilla de demolición. Por ejemplo, el sector ganadero fue destruido con el argumento de que los productores querían lucrar con el hambre del pueblo. Así se prohibieron exportaciones y se establecieron una serie de restricciones que hicieron que nos consumiéramos millones de cabezas de ganado con el resultado que hoy la carne es cara y el consumo de carne vacuna bajó por ese aumento de precio. Lo que consiguió el kirchnerismo fue hacer, por un tiempo, artificialmente barato el precio de la carne, pero a costa de destruir al sector y perjudicar a la población que hoy tiene que pagar el asado de tira como si fuera oro por causa de esa demolición del sector que llevó a cabo el gobierno. Algo parecido ocurrió con el sector lácteo, en el que miles de tambos tuvieron que cerrar.

En otro de sus arrebatos de uso indebido del monopolio de la fuerza se dijo que se secuestraban los goles y se estableció el Fútbol para Todos que, supuestamente, iba a financiarse con publicidad. La publicidad que se ve es la del gobierno y, por lo tanto, hoy todos tenemos que pagar impuestos para financiar un deporte en el cual jugadores, directores técnicos, etc. tienen ingresos que no entran, justamente, en la categoría de indigentes. Pero el objetivo era destruir el negocio de las transmisiones de fútbol.

Cuando a fines de 2007 ya había problemas de caja, el gobierno primero fue por las 125 y al tener una fuerte derrota política, nuevamente argumentó que por principios de solidaridad había que estatizar los ahorros de la gente en las AFJP. Se destruyó el ahorro de la gente con tal de acceder a una nueva caja que les permitiera financiar un gasto público desorbitante e ineficiente pero funcional a sus necesidades de mantener el poder.

Luego vino de la ley de medios, ahora está el tema de Fibertel, Papel Prensa y el listado sigue, como es el caso de la industria del gas a la cual no se le permite subir los precios pero los argentinos tenemos que subsidiar unos $ 20.000 millones al año para importar gas a U$S 12 el millón de BTU mientras en el mercado interno podríamos tenerlo por 4 o 5 dólares el millón de BTU. Nuevamente, el objetivo no consiste en construir algo mejor sino en destruir lo que está.

También tenemos el caso del INDEC, el cual fue destruido en su credibilidad y a los solos efectos de esconder una inflación que ya es imposible de disimular. Los ejemplos de destrucción de este gobierno son innumerables.

Los casos anteriores intentan mostrar que más que errores de política económica hay una especie de placer en destruir todo aquello que, como decía antes, no es del agrado del kirchnerismo o hace a sus necesidades de poder.

Cuando uno ve al secretario Moreno gritando como un desaforado, amenazando y maltratando a los accionistas de Papel Prensa, queda en evidencia que Moreno lo hace porque los Kirchner se lo permiten o se lo piden. Cualquier presidente que respete mínimamente la investidura de los cargos públicos debería echar a Moreno y aplicarle las sanciones penales que corresponden. Sin embargo Cristina Fernández lo deja en el cargo, lo cual la hace cómplice de un comportamiento que a mi juicio es delictivo. Puesto de otra forma, la actitud patotera de Moreno solo es explicable con el consentimiento del matrimonio y, por carácter transitivo, es obvio que el matrimonio solo entiende el ejercicio del poder por medio de la intimidación, la acción violenta de sus funcionarios y el manejo de la consabida caja.

No hace falta abundar en detalles para darse cuenta que en este contexto de arbitrariedades y prepotencia, no hay quien venga a invertir en la Argentina. La consecuencia inevitable es más pobreza, indigencia y desocupación, algo que no parece quitarle el sueño a los Kirchner.

Cada uno podrá explicar este comportamiento destructivo con los argumentos que le parezcan más adecuados, pero lo concreto es que los Kirchner han usado la democracia ilimitada para actuar como una cuadrilla de demolición contra todos aquellos que considera sus enemigos, y pareciera ser que no están dispuestos a respetar límite alguno en las arbitrariedades a cometer.

Insisto, aquí todo indica que no hay errores de política públicas sino acciones deliberadas por destruir, algo que solo es posible porque la sociedad, por ahora, parece tolerarlo o aceptarlo a cambio de un televisor plasma. Pero atención, no vaya a ser cosa que mientras la gente está embobada mirando su nuevo televisor, Argentina se quede sin los más mínimos vestigios de las más elementales libertades individuales por el accionar de la cuadrilla de demolición

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