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martes, agosto 10, 2010

Carta esclarecedora


Señor Raúl Valdez,

La Nación publicó hoy mi réplica a su carta. Pero la "editaron" y le quitaron unas poquitas palabras que le estaban dirigidas a usted y quizás a otra gente que pudiera pensar como usted. Por eso le escribo directamente.

De lo publicado hoy en La Nación falta el final del primer párrafo, allí donde dice en mi carta original: Me refiero a la carta del Sr Raúl Valdez (1º agosto) en la que cuestiona al Sr Corach su frase sobre el Holocausto como lo que "no tiene parangón en la historia de la Humanidad". Argumenta que hubo varios otros genocidios que "revelan el alcance y magnitud de la Maldad" y que habría que hacer "memoria completa", como si decir que el Holocausto no tiene parangón excluyera a los otros genocidios vaya uno a saber con qué propósitos de parte de los judíos (pero eso sería tema para otra carta). El final, o sea: vaya uno a saber con qué propósitos de parte de los judíos (pero eso sería tema para otra carta), fue quitado. Como no tengo la limitación espacial de la Carta de Lectores, procedo a explicarle.

Hay en su argumentación una suposición, no dicha pero sugerida, de que los judíos -Corach en este caso- enarbolamos al Holocausto como lo peor que le ha pasado a la Humanidad. Asumo que mi lectura es sesgada porque soy judía y, como usted bien lo debe saber, tengo la piel lastimada y sensible. En su oposición a lo imparangonable del Holocausto tal vez se esconda la atribución de que los judíos nos "apropiamos" supuestamente de muchas otras cosas de las que "expropiaríamos" a los demás (todo el estereotipo antisemita conocido) arrogándonos beneficios varios que cualquier judeófobo podría enumerar.

Usted quiere probar que tuvo parangón, es decir "no son los únicos a los que les ha pasado esto". Tal vez -ay ay otra vez mi piel sensible- alguna reminiscencia de la idea errónea que suele tenerse acerca de ser "el pueblo elegido" como los que pretenden arrogarse privilegios que dejan a otros afuera. En realidad se trata de todo lo contrario. Este pueblo propagó el mensaje del monoteísmo en un mundo politeísta y asumió el compromiso de respetarlo y transmitirlo. Portar y asumir la idea del monoteísmo tenía el objetivo de mejorar la convivencia entre tribus, clanes y grupos porque bajo la idea de un Dios único los seres humanos podían verse como hermanos. Nada de privilegios ni elecciones fatuas, se trata de una gran responsabilidad (además de las Tablas de la Ley y cientos de principios éticos que propenden a la convivencia social civilizada). La idea del Dios único ha sido asumida mucho más tarde por lo que luego devino en el Cristianismo y en el Islam.

Haber sido víctimas del Holocausto no es ninguna gloria, no es un premio ni tenemos ni pedimos el lugar de ser los que más han sufrido en la historia de la humanidad. Desgraciadamente, de sufrimientos humanos no hay falta y la sola idea de compararlos es una inmoralidad. Pero, lo sucedido en la Shoá, -y no hablamos de sufrimiento ni de cantidad de asesinados- es cierto que no tiene parangón y eso no nos convierte a los judíos ni en mejores ni en nada. Ser víctima no es un mérito, es un peso y un dolor y, para nosotros, también una responsabilidad.

Si esta lectura mía es injusta, si lo que he inferido y supuesto no es lo que estaba entrelíneas, le pido que reciba mis más sinceras disculpas y que lo atribuya, repito, a la sensiblidad de mi piel finita.

Atentamente,
Diana Wang

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