lunes, enero 11, 2010

Odios

No hay que odiar. El odio nubla el entendimiento, confunde los pensamientos, carece de programa, es un mero grito, es inútil.
Pero a uno lo deja contento. Odio a Hitler y a todo o que él representó. Y odio a Stalin, quien en algun sentido fue maestro de Adolfo. Mi problema es que los odios no se me terminan ahí. No sirve de nada odiar a Fidel Castro, a Pol Pot, a Mao Tse Tung, a Kim il Sung, a Ceasescu,a Tito, a Perón, a Getulio Vargas, a Stroessner, a Trujillo, a Ortega, a Chávez, a Correa, a Kirchner, al Che, a Carlos Prestes, a Salvador Allende, a Eva, a Velazco Alvarado, a Rojas Pinilla, a Somoza, a Franco, a Mussolini.
Creo que todos ellos - además de odiarse mutuamente- han sido coautores de un libreto que hasta hoy nos condiciona y nos esclaviza. Si no entendemos la íntima conexión entre todos esos dictadores y sus infinitos derivados intelectuales y doctrinarios, no entendemos donde centrar la pelea por la libertad, la persona y los valores universales.
No basta con odiarlos, pero es necesario la pasión, cercana al odio, que nos inflama, nos indigna, se nos retuerce en el cerebro a la hora de dormir, nos hace temblar de bronca.
Para eso este Blog: para reelaborar el odio y transformarlo en ideas y propuestas.

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