Por sobre la mirada amenazante de los inquisidores, de los dictadores, de los nazis, mujahidines, estalinistas, leninistas, castristas, ecofanáticos, maoístas, fascistas, nacionalistas, aristocratizantes o populistas, la llama de la libertad sigue ardiendo.
sábado, enero 16, 2010
Haiti
Haiti duele. Bajo el horror, solo algunos piratas innobles pueden buscar réditos políticos. Me parece que nadie se atreve a tanto. Me da la impresión de que en estos días se han suspendido las hostilidades y todos, desde Cuba a EEUU, desde China a Venezuela, tratan de ayudar a los sobrevivientes. Haiti, por lo tanto, está más allá de nuestras querellas cotidianas, de nuestras polémicas. Haiti es un límite a nuestra condición humana y pone en cuestión nuestras prioridades. Si la Humanidad se permite la indiferencia, estamos anunciando nuestro final. Solo una Humanidad preocupada, movilizada en ayudar y presionar a gobiernos y ONG a que pongan todos los recursos para aliviar el dolor justifica su existencia. Si no, no vale la pena vivir.
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