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miércoles, abril 08, 2009

Un cuento que escribí en 2008

Relato argentino

Relato de un accidente, ocurrido en circunstancias en que el occiso, en vida aun, manejaba su carro tirado por su viejo zaino, en subida, cuando de pronto concurrieron una serie de fenómenos curiosos e intensos: al principio una granizada feroz casi desnuca al zaino y obliga al occiso a refugiarse bajo un árbol. Una vez calmada la pedrea, sube nuevamente al carro y una nevada, como no se veía por aquí desde 1918 lo asalta de sorpresa. Atónito, el occiso duda si está en un sueño o en la opaca realidad, donde nunca ocurre nada destacable. La nevada intensa dura largos minutos y la nieve se acumula en el lomo del zaino y forma una capa blanca al interior del carro del occiso. El occiso , al fin, continúa viaje, contento en el fondo de poder contarle una historia a su mujer. A rato tuvo que detenerse ante lo que parecía un piquete de paisanos, gente poco acostumbrada a esos menesteres. Paro agrario, le explican, por las retenciones. Cuando lo dejan pasar cavila el occiso sobre exactamente qué son las retenciones. Pero no sabe que el destino se había ensañado con él en esa jornada. Mientras baja por la loma su visión se limita de pronto a dos metros: una mezcla de neblina y humo, proveniente de una quema insólita de pastizales del delta lo ha rodeado sin preaviso. En ese momento un bólido lanzado a doscientos kilómetros aparece ante la mirada atónita del caballo y el conductor, que son arrollados, estrujados, deshechos, descarnados, quebrados su huesos, aplastados su cráneos, alejados así, de pronto de la vida que si bien no era gran cosa (despertarse temprano, pasar por los talleres a buscar las bolsas de retazos , llevarlos al depósito de la empresa que los reciclaba, darle de comer al zaino, tomarse unos mates hablando con los encargados, comerse un sándwiche en alguna parada del campo, a la noche ir volviendo, preparar un asadito, jugarse algún truco y tomarse una ginebra, charlando con los amigos) era lo único que tenían, pobre pero honrada era su consigna.
Para colmo, mientras lo enterraban, una fina ceniza proveniente de un lejano volcán que hizo erupción justo ese día después de 9000 años, cayó sobre el cajón, blanqueándolo, antes de descender al abismo final.
Fin del relato. Archívese.

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