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viernes, abril 24, 2009

Antintuitivo

Las políticas pro-mercado son antintuitivas, no evidentes y requieren una capacidad de abstracción muy alta. Operan en el mediano y largo plazo, porque, como diría Carl Menger, les interesa influir en los órdenes superiores de la producción, no en los inferiores o primarios. La vieja y casi remanida receta de “si quieres alimentar a alguien no le des pescado, enseñale a pescar” se ha transformado en la pregunta que se hacen todos los gobiernos: “¿de donde puedo sacar el pescado para repartirlo?”
Lo intuitivo es “darle pescado” al hambriento. No, por ejemplo, desregular el mercado de frutos de mar porque si se intenta fijar un precio "regulado", mermará la oferta de pescado…y subirá su precio, aunque el Gobierno intente congelarlo. Si manda su tropa de inspectores a vigilar los precios mínimos, el pescado desaparecerá de las góndolas y la vecina solo podrá conseguirlo a precio “negro”. Con lo cual la vecina despotricará, no contra el Gobierno que “quiere protegerla”, sino contra los malos comerciantes y especuladores.
El gobierno por boca del Moreno de turno dirá que hay una campaña para encarecer el precio del pescado y atentar así contra el bolsillo popular y pondrá en marcha medidas impositivas, burocráticas o penales contra los “acaparadores” que quieren lucrar a costa del hambre del pueblo.
Así las cosas, a pocos se podrá convencer de cambiar la lógica y hacerles comprender de que justamente liberando los precios es como el pescado fluirá en gran cantidad y los precios tenderán a la baja. “Si, pero ¿cuando?, yo tengo hambre hoy. Y no es una “tendencia” al hambre sino hambre declarado”. Con esto se desarman todas las argumentaciones liberales, y viene Papá Estado, o Papá Partido del Poder y convence a la vecina de que solo dándole aun más poder a nuestro Lider podremos obtener pescado barato.
¿Cómo salir de esta trampa? Desde el siglo XIV, cuando Ibn Jaldun demostraba lo pernicioso que es el Estado Impositivo, ya que destruye la iniciativa de los productores, hasta Adam Smith, Say, Bastiat, Menger - todos ellos viejos pensadores y polemistas contra las fórmulas económicas estatistas y absolutistas- la lucha por demostrar la verdad de la libertad de mercado es una lucha perdida en la Universidades y los Gobiernos, pero ganada en la calle, en el mercado real, en el mundo de las transacciones libres que personas privadas llevan a cabo. Pero ese mundo no tiene prensa, no llega a los libros. Es un mundo “antintuitivo”, pero tremendamente vivo.

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