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martes, enero 06, 2009

Publicado en el Blog de Pilar Rahola

Sólo Israel
Otro artículo interesante y comprometido, no con lo políticamente correcto, sino con la verdad. Es del filósofo Gabriel Albiac, y no tiene desperdicio.


30 Diciembre 08 En tres minutos y treinta y seis segundos, la aviación israelí
aniquiló la práctica totalidad de los cuarteles de Hamas en Gaza. Dio muerte a un
número no menor de trescientos milicianos de uniforme. Eliminó a varios jefes
militares enemigos. Sin apenas producir bajas civiles.
En un espacio mínimo, como lo es la franja de Gaza, demográficamente atestado y en
el cual la continuidad entre edificios civiles y militares es absoluta y el uso de
la población como escudo humano práctica estable, la operación era de dificultad
extrema.
No hay en el mundo un ejército, que no sea el israelí, dispuesto a asumir los
costes de una acción selectiva tan complicada.
Cuando las fuerzas de la Unión Europea y de los Estados Unidos apostaron por
intervenir militarmente en la antigua Yugoslavia, tomaron la solución más rápida,
más económica y de mayor eficacia: aniquilar indiferenciadamente a la más alta cifra
posible de población serbia.Sin distinciones. No hubo objetivos específicamente
militares.
De lo que se trataba era de forzar una reacción de pánico en la ciudadanía que
llevara al derrocamiento del régimen de Belgrado. Cuanto más alta fuera la
conciencia de indefensión de los habitantes de las ciudades y más infalible la
certeza de ser blanco seguro de las bombas, más rápido sería el vuelco político. A
los gobiernos europeos -sin excepción- les pareció estupendo.
Tanto más, cuanto que el coste en combustible y proyectiles corría a cargo exclusivo
de los americanos. Y ni un solo soldado de la Unión Europea iba a correr un átomo de
riesgo. Beneficio puro. No hay humanitarismo que sobreviva a un tal sentido de lo
rentable. Lo que hace diferente al ejército israelí de cualquier otro ejército del
mundo es precisamente la primacía, en el cálculo de costes, de ciertos principios
fundacionales del Estado de Israel: la neta distinción entre combatientes y no
combatientes en el campo enemigo. Es su más alta fuerza moral. Y su debilidad más
alta.
Algo que sus enemigos han sabido -y es lógico que así sea- utilizar siempre. Los
arsenales palestinos se almacenan en los sótanos de escuelas y hospitales. Los
cuarteles de mando terroristas están instalados en bloques de viviendas saturados de
habitantes.
Los caudillos militares islamistas se desplazan rodeados de sus proles infantiles
como de una inviolable garantía. Los bien armados milicianos que disparan contra el
ejército israelí se pertrechan sistemáticamente tras los críos que lanzan épicas
piedras contra los tanques.
Es la lógica terrible de un conflicto desigual: el que enfrenta al ejército de uno
de los países más democráticos del planeta con la guerrilla teocrática más
refractaria, no ya a la democracia, a cualquier forma de sociedad moderna. En tres
minutos y treinta y seis segundos, la aviación israelí aniquiló la práctica
totalidad de los cuarteles de Hamas en Gaza, dio muerte a un número no menor de
trescientos milicianos de uniforme, eliminó a varios jefes militares enemigos.
¿A alguien se le pasa por la cabeza cómo hubieran sido las cosas si Israel se
hubiera planteado una estrategia similar a la europea en Yugoslavia?

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