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domingo, enero 11, 2009

El fin de la Humanidad 2

Hace unas semanas publiqué "el fin de la Humanidad", alarmado por las estadísticas demograficas que preven en Europa un envejecimiento catastrofico de la población hacia mediados del siglo 21. Ahora, un Informe del Ministerio de Trabajo de España plantea el mismo horizonte para 2020. Lean el artículo:

El informe del Ministerio de Trabajo es demoledor, y estaba hecho sobre perspectivas optimistas, sin tener en cuenta la crisis. El Fondo de Reserva sólo aliviará el problema hasta 2020.

En 2015 la Seguridad Social estará en quiebra contable, y a partir de 2020, cuando se haya agotado el Fondo de Reserva, también en quiebra financiera. Sencillamente, las pensiones, al menos en la cuantía y extensión previstas actualmente, no podrán pagarse.

Las afirmaciones anteriores no proceden de un banal alarmismo, exagerado por la crisis económica. Son datos del Informe de Estrategia de España en relación con el futuro del sistema de pensiones, dirigido a la Unión Europea por el Ministerio de Trabajo en 2005, ya con José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, y preparado conforme a previsiones optimistas de empleo y crecimiento, ahora desmentidas.

El asunto es de tal gravedad que habría debido ocupar el debate nacional, en vez de morir en el silencio a la espera del desastre. Así lo denuncia Josep Miró i Ardèvol, ex conseller de Jordi Pujol, en una obra, El fin del bienestar, que cualquier persona preocupada por su futuro debería leer para saber a qué atenerse, dado que nuestros políticos nos lo ocultan.

La causa prácticamente única de esta situación es el hundimiento de la natalidad, unido a la prolongación de la esperanza de vida. Con la pirámide de población invertida, no hay cotizantes suficientes para sostener económicamente el sistema. El problema se ha paliado con la inmigración, pero no puede resolverse sólo con ella. Miró i Ardèvol echa cuentas y, de mantenerse la natalidad como hasta ahora, para que la relación ocupado/jubilado fuese de 2,1 en 2050 y garantizase la continuidad del sistema, la relación de población tendría que ser de 24 a 30 millones de inmigrantes para 43 millones de españoles. Ni eso es pensable desde el punto de vista nacional, ni lo es desde los países origen, que no podrían aportar durante tanto tiempo semejantes flujos de población.

La irresponsabilidad de los políticos

La contundencia de las cifras convierte en escandalosa la irresponsabilidad de los políticos. Con su propio informe de 2005 encima de la mesa, Zapatero puso en marcha, y el PP respaldó con tenues críticas, la ley de dependencia, que ya está fracasando por imposibilidad de financiación y que podría agravar los momentos críticos al suponer un gasto mínimo del 1% del PIB, que podría llegar al 3%.

No sólo es eso: ninguna de las medidas que proponen todos los estudios independientes de los últimos años (retraso en la edad de jubilación, adecuación actuarial de la pensión percibida a lo cotizado, etc.) están recogidas en ninguna propuesta seria y pública de salvación del sistema. Socialistas y populares se limitan a ganar tiempo para que sea el rival quien tenga que aplicar la tijera cuando esta otra “burbuja” también estalle.

El error económico de destruir la familia

Pero Miró i Ardèvol va más allá de señalar las fallas financieras a las que se va a enfrentar no sólo el sistema de pensiones, sino la misma sanidad pública, y en otro sentido la educación: los tres pilares, pues, del llamado Estado del bienestar. Apunta también a los males sociales (inducidos desde el poder político con la misma inconsciencia con que manejan las previsiones presupuestarias) que originan o agravan ese colapso de la natalidad que lo hundirá. En concreto, la destrucción legal de la institución familiar y la cultura de la desvinculación.

La inestabilidad del matrimonio, su anulación legal mediante equiparación con las uniones homosexuales, la difusión de una mentalidad que minusvalora la paternidad… tienen un coste económico bien estudiado. Se trata de la idea de Capital Social. Éste basa su eficacia en la confianza y en la cooperación basados en un núcleo familiar amplio, lo cual disminuye los denominados costes de transacción; por contra, en un escenario de individualismo, desvinculación y ruptura, esos costes crecen porque hay que incrementar los mecanismos de control.

No es una elucubración teórica: la Fundación BBVA realizó en 2006 un Estudio Internacional sobre Capital Social, basado en datos de 20.000 de trece países, que revela la importancia de la red familiar en España como resultado de la tradicional fortaleza de su institución matrimonial, y su traducción en ese capital social que camina hacia la volatilización por obra de iniciativas legales que responden a la ideología de género (hermanando a feministas radicales y lobby gay) y en la práctica penalizan la descendencia.

Porque el problema para la familia no es que se generalicen comportamientos necesariamente minoritarios, como el del austriaco Adolfo Hoffman, quien, casado con Sandra y con dos hijos, decidió ser transexual, se convirtió en Bettina, y exigió que se le reconociese como esposa en un matrimonio de mujeres, y a la vez como padre de los hijos que había tenido como hombre. No: según Miró i Ardèvol, el problema que plantean estos casos cuando logran modificar la ley es que destruyen la concepción y las funciones de las instituciones afectadas, esto es, el matrimonio, la paternidad, la maternidad y la filiación. Y sin una protección global a la familia que favorezca su estabilidad, la caída de la natalidad es inexorable, con las consecuencias económicas conocidas. Por no hablar del aborto y de la imposición a los jóvenes de una cultura antinatalista.

Soluciones antes de que sea tarde

Por eso, junto a medidas como una transición hacia modelos de capitalización en la Seguridad Social, o un modelo inmigratorio que tenga en cuenta que los inmigrantes también se jubilan, o acciones que produzcan un incremento real de la productividad y la competitividad (bajísimas en España respecto a nuestro entorno), Miró i Ardèvol propugna una revisión de la legislación antifamiliar en cuanto contraria al Estado del bienestar.

Su crisis “es en realidad una crisis de la sociedad, de sus virtudes y vicios, valores y antivalores”, y puede hacernos bajar “por la pendiente de la crisis y el empobrecimiento” si a corto plazo se desploma el colchón público que nos hacía afrontar sin temores económicos la enfermedad o la vejez.

Josep Miró i Ardévol. El fin del bienestar. Y algunas soluciones políticamente incorrectas. Ciudadela. Madrid, 2008. 230 pp. 19,50 €

Publicado en www.elsemanaldigital.com

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