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jueves, noviembre 20, 2008

La dictadura sindical

El poder sindical en Argentina va más allá de los actuales desvaríos de la pareja presidencial :los K pasarán al sumidero de la historia en pocos años, y nadie los recordará. Pero la patria sindical seguirá indemne, por décadas y décadas.
Esa omnipotencia, basada además en una resignación compartida por ciudadanía y políticos (“la patria sindical es inamovible”) es la más grave de nuestras lacras. A los Kirchner los podremos vencer en las urnas, a los Moyano, no.
En la ciudad de Neuquén el gremio municipal decidió hacer la Revolución Neuquina: tomó el Palacio Municipal- a la manera de los bolcheviques de 1917- y se apresta a resistir cualquier posibilidad de negociación racional entre partes.
Sus pedidos son absolutos: o aumento del 40%, o nada. Su irresponsabilidad, total. Se creen amparados por una ley no escrita, esa que consagra el poder sindical como algo inviolable, más allá de leyes, constituciones y gobiernos.
Se está estableciendo en la Argentina una Dictadura Sindical. Hoy mismo, un muerto en La Pampa, en una trifulca entre sindicalistas , muestra que no tienen límites.
Pretenden, por ejemplo, una triple indemnización por despido. O sea, que la libertad de contratación queda eliminada de hecho: cada empresa se transforma en una sucursal del Estado, ámbito en el que rige-obviamente- la inmovilidad de la planta ( o sea, la imposibilidad absoluta de despedir a un empleado estatal, sea bueno o malo, culpable o inocente). Con empresas con control de precios, imposibilidad de exportar, retenciones y, ahora, con imposibilidad de despedir empleados, queda abolida de hecho la libertad de mercado en Argentina: nadie en su sano juicio querrá dedicarse a ser empresario, a menos que forme parte del exclusivo club de amigos del Presidente, o de la CGT. “Arreglando” con los muchachos, cualquiera puede tener una empresa en este país (empresa que dará pérdidas, pero el Capitalismo clientelar es así: está pensado para empresarios ricos, manejando empresas pobres)
En Neuquén el Intendente no puede despedir a los empleados que hoy ocuparon con violencia los despachos municipales, golpeando a trabajadores y periodistas, destrozando muebles. La protección legal y política es tan amplia que aun las conductas criminales no pueden ser sancionadas.
Así no se puede gobernar una Municipalidad, un Hospital o una Empresa.
La Dictadura Sindical quiere ahogar definitivamente toda posibilidad de progreso argentino. Su arte es hacerse “imprescindible” (“arreglemos, porque sino los muchachos no lo van a dejar producir”), movilizan, presionan, negocian, arreglan, aprietan. Crean conflictos para aparecer “mediando”, resolviéndolos.
Van a terminar con las últimas reservas de creatividad y espíritu de empresa. Son nuestra muerte como Nación.

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