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sábado, febrero 07, 2009

A propósito de las relaciones entre la Iglesia y los judíos

El perdón al negacionista, obligado ahora a retractarse de su íntimo pensamiento, bajo la presion de Merkel; más la supuesta ignorancia de Benedicto XVI respecto del pensamiento negacionista del susodicho obispo lefevrista, sumado a que el Gran Rabinato ha suspendido sus relaciones con el Vaticano, el cual , a su vez no se olvidó de condenar muy severamente a Israel por los bombardeos a Gaza...todo esto ha vuelto a poner en la picota las relaciones Catolicismo-Judaísmo.
A fin de aportar al esclarecimeinto de esta cuestión, me permito transcribir unos párrafos del escritor holandes Pierre Van Paassen, escritos en 1950, de su libro Jerusalem llama!


La Iglesia necesitaba al judío, pero también le temía. Con una mano lo golpeaba, con la otra hacía como que lo protegía de la furia ciega y los excesos de los que seguían sus instrucciones.
Los libros judíos fueron quemados o sus textos mutilados. El judío fue convertido en un paria, que vegetaba en la periferia de la ciudad cristiana. Era un proscripto, separado del resto de la población por gruesos muros, que debía temer por su vida permanentemente y estaba a merced del menor incidente enojoso que aconteciera (…).
Y, sin embargo, la Iglesia temblaba en presencia del judío, con el miedo que nace de una mala conciencia. El judío poseía la verdad. Poseía el secreto de Dios.”La salvación llega a través de los judíos”. Este texto atormentaba a los grandes inquisidores más que la historia de la crucifixión. El judío conocía los puntos exactos de la doctrina y el dogma que hacían vulnerable la posición de la Iglesia. Era el testigo del pasado que podía, si lo quería, revelar el carácter espureo de ciertas doctrinas cristianas.
El judío no necesitaba pronunciar una palabra. Era el testigo silencioso. Su sola presencia perturbaba la paz espiritual de los teólogos. Era extremadamente cuidadoso para no ofender, revelando contradicciones, porque eso conducía invariablemente a la hogera ardiente. (…)
“La Iglesia necesita al judío – escribió Jules Havet- porque el cristianismo surgió del Libro judío. Le teme, porque siendo el único que realmente conoce el secreto de ese Libro, puede juzgar la fe de sus jueces…El judío es el hombre que posee la llave del santuario.”
¡Es, además, el único que conoce el nombre de Dios y que nunca, todavía, se lamenta uno de los padres de la Iglesia, ha comunicado ese secreto a los cristianos!
El gran sueño de la Iglesia es, no quemar al judío, sino convertirlo. Convertir decenas de sarracenos o paganos o protestantes , no es nada. No prueba nada. Pero convertir un judío, hacer que un judío reconozca la legitimidad de la nueva fe, ése es un verdadero triunfo, esa es la prueba suprema e irrefutable.
“Mientras quede- escribió James Darmesteter- un miembro de la vieja Iglesia (judaísmo) que niegue, la nueva Iglesia (catolicismo) se sentirá incómoda y molesta, porque no podrá estar muy segura de ser la heredera del misterio divino”.

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