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sábado, noviembre 03, 2007

Estaba escrito

Dicen los que saben, los que leen la historia no como un escenario caprichoso, no como un teatro donde la función empieza cuando usted llega, que hay ciertas “leyes” o cadenas de eventos relacionados que se verifican con independencia de tiempos y lugares.
Una cadena muy conocida es la estampida de precios -la inflación- y los perversos métodos que los estatalistas (populistas, neosoviéticos, militares de Myanmar, etc.) intentan para disminuirla, dominarla.
Todos saben (al menos los que han leído a Hayek o Mises) que el sistema de precios no es una lista arbitraria de valores relativos, sino que es el producto de las decisiones de millones de compradores, que diariamente eligen pagar , O NO, el precio que les proponen los que ofertan bienes. Si el precio es excesivo, no compran el bien, lo cual obligará a la oferta a adecuarse a la demanda, bajando los precios. La oferta, entonces, husmea donde está la demanda y se orienta a satisfacerla.
Bien. Pero hete aquí que el Estado se cree en la necesidad de intervenir en este delicado y espontáneo mecanismo de información. Hoy reprime un aumento tarifario, mañana grava con un impuesto o retención a cierta rama de la producción, hoy abre una importación, mañana cierra las aduanas a ciertos productos, protege a un sector, destapa a otro. Aumenta salarios, o los congela. Los precios, entonces comienzan a incrementarse. Nadie entiende como, pero por razones de todo tipo ciertos precios se mueven para arriba y comienzan a arrastrar a todos los precios.
El Gobierno, al principio, niega que haya inflación: solo un “deslizamiento” de algunos precios, producto de malas condiciones climáticas, por ejemplo. Cuando el alza empieza a ser preocupante viene la batalla de los “índices”: que el que se usa ya no sirve, que conviene intervenir el Organismo Estadístico: se crea así una “realidad estadística”, una fantasía acorde con el objetivo de negar la realidad de la inflación creciente.

Venezuela: En estas estadísticas se pone de manifiesto el cumplimiento, por parte de la mayoría de los supermercados, de los precios establecidos en Gaceta Oficial y donde tampoco se evidencia que hayan tenido problemas con la comercialización de los rubros declarados de primera necesidad.

Cuando esto no alcanza, cuando las amas de casa vuelven de las tiendas con la mitad de las papas o las zanahorias que habían pretendido comprar con diez pesos, las cosas se vuelven acuciantes: se congelan los precios de la canasta básica. Bien! Aplaude la claque de militantes. Ahora verán esos comerciantes lo que es el pueblo!
Los precios congelados generan inmediatamente desabastecimiento. No por maldad de los comerciantes, sino porque frente a precios congelados y costos crecientes, solo la bancarrota es esperable. Entonces retacean las entregas y se forma un mercado negro en el que sí resulta rentable vender la mercadería.
El desabastecimiento provoca una contrarréplica gubernamental altamente agresiva: “acaparadores al paredón”, “terminemos con estos comerciantes ladrones”.

Venezuela: Las autoridades atribuyen el desabastecimiento a una "ola especulativa".

El ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, manifestó que "delincuentes (...) intentan acaparar productos alimenticios para fomentar desabastecimiento y elevar precios". En igual sentido se manifestó el ministro de Comunicación, William Lara, para quien "los especuladores son delincuentes, criminales y enemigos del pueblo, y deben sentir la acción firme de la ley".


El odio al pequeño comerciante, el ultimo de los eslabones de la cadena de comercialización , estalla. Se cierran comercios, los inspectores andan como locos comprobando listas de precios. Y como suele suceder que algunas minorías étnicas se dedican a ciertos rubros comerciales, la bronca se mezcla con la xenofobia: “Vuélvanse a su país, chinos” , “estos judíos siempre abusando de los cristianos” , “no soporto más a estos verduleros italianos”, etc.
Cuando las cosas empeoran, como inexorablemente ocurre, el gobierno entra en pánico. Ve conspiraciones por todas partes, intenta acuerdo de precios, importa pollos de algún lugar para bajar los precios internos.

Por otra parte, en cuanto al señalamiento del presidente de la Federación Bolivariana de Ganaderos, Balsamiro Belandria, el cual sostiene que dicha regulación desincentiva a la industria, porque no pueden percibir los mismos márgenes de ganancias anteriores con la comercialización de los lácteos, Ruh indicó que esto es sumamente preocupante.

'Con esto se sigue corroborando la insaciable sed de ganancias por parte de empresarios del sector y como nuestra tarea es la de proteger los derechos de los consumidores, estamos dispuestos a tomar las medidas necesarias en el marco del Decreto Ley Especial contra el Acaparamiento, la Especulación y el Boicot, para evitar que se continúen cometiendo abusos de esta índole', precisó Ruh .


Y por último, llega el racionamiento.Como ahora en Venezuela. En ese país, cada ciudadano tiene derecho a solo dos kilos de porotos por día. Y para evitar “abusos”, cuando compra se le pinta de rojo con una tinta indeleble la mano. Ahí van los caraqueños, con su humillada mano de rojo, rojito, el color socialista, penando para su casa, con sus dos kilos para la familia de ocho.
Cuando la inflación reprimida estalla, al fin, el dólar va a la nube aquella, las tarifas a esa otra, los salarios tienen entonces que reajustarse, y ante esa previsión, los productores suben aun más los precios, el Banco Central imprime billetes a toneladas para cumplir con la demanda de efectivo, llega la hiperinflación, la fuga de capitales, los bancos corren peligro de quebrar a menos que decrete un corralito, se intervienen cuentas privadas, la moneda pierde todo su valor, y por una generación dejará de haber confianza en el país.
Ante esa emergencia, inminente en el caso de Venezuela y quizás más lejana en el de Argentina, se recurrirá, Chávez seguramente lo hará, al recurso extremo: algo así como la liquidación de toda propiedad privada, para que al fin sea el Lider, desde su despacho y comunicándolo por su Aló Presidente, el que dictamine al fin el congelamiento absoluto de precios, o lo que es lo mismo, la liquidación del mercado, a fin de transformar toda la economía nacional en una formidable organización dedicada a proveer la “felicidad” al pueblo.
Esa historia aun no llegó en Venezuela, pero va, en un ineudible “ camino de servidumbre” hacia ese final de terror.
Merced al recientemente aprobado llamado a Referéndum constitucional se aplicará una nueva Constitución. La reforma constitucional coincide con la crisis inflacionaria y devaluatoria (el dólar “real” cuesta cinco veces lo que el “oficial”).
Se pasará así a la segunda etapa de la Revolución, con la liquidación del mercado, el poder presidencial incrementado al máximo y la reelección asegurada. (¿Cuanto falta para que también se supriman, por las dudas, las elecciones?)

Estaba escrito. Ellos se creen muy creativos pero repiten un inexorable guión que lleva al totalitarismo , o sea ,al control total de las variables de la economía, en el intento de manejar una realidad compleja con un par de ordenes.

2 comentarios:

Daniel dijo...

Brillante articulo. Saludos.

esteban dijo...

Gracias Daniel, realmente. Saludos

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