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miércoles, octubre 24, 2007

Más Churchill

Uno de los mitos de la izquierda iletrada del siglo 21 es que el fascismo y el liberalismo son más o menos lo mismo :el fascismo es el grado extremo del capitalismo liberal, sin la careta "humanista". Según esta teoría, solo la URSS combatió lealmente al nazimo, y obligó así a las potencias occidentales a entrar en la guerra.

Esta teoría tiene un pequeño "inconveniente" : el Pacto Hitler-Stalin de 1939. Con este acuerdo ambos dictadores se repartieron Polonia, Alemania le cedió a Rusia la parte oriental de Rumania, la URSS abasteció de trigo y petroleo a Alemania, y sobre todo liberó a Hitler de mantener tropas en el frente oriental, con lo cual el Fuhrer pudo dedicarse a engullir en pocas semanas a Bélgica, Holanda y Francia.


Escuchemos a Churchill:

Némesis es la diosa que le da a cada uno la recompensa o el castigo que le corresponde, reduce las fortunas desmedidas, pone freno a la presunción que las acompaña y venga los crímenes extraordinarios. Ha llegado el momento de poner al descubierto el error y la vanidad de los cálculos hechos a sangre fría por el gobierno soviético y la inmensa maquinaria comunista y su increíble ignorancia de la posición en que se encontraban. Habían demostrado una indiferencia total con respecto al destino de las potencias occidentales, aunque esto significara la destrucción de ese «segundo frente» por el que clamarían en breve. Parecían no presentir que hacía más de seis meses que Hitler había decidido destruirlos. Si su servicio secreto les informó del amplio despliegue alemán en dirección al este, que iba en aumento día a día, omitieron muchos pasos necesarios para hacerle frente. Así fue como permitieron que los alemanes arrasaran toda la zona de los Balcanes. Odiaban y despreciaban las democracias occidentales, pero en enero el gobierno soviético podría haber reunido a los cuatro países que tenían una importancia vital para ellos y para su propia seguridad, Turquía, Rumania, Bulgaria y Yugoslavia, con la activa ayuda británica para formar un frente en los Balcanes contra Hitler. En cambio, dejaron que reinara la confusión y que todos los países, menos Turquía, fueran reducidos de uno en uno. La guerra es, fundamentalmente, un catálogo de graves equivocaciones, pero no creo que ningún error histórico se pueda comparar con el que cometieron Stalin y los dirigentes comunistas cuando desecharon toda posibilidad en los Balcanes y se sentaron a esperar la temible matanza que se cernía sobre Rusia, aunque tal vez no fueran capaces de darse cuenta. Hasta ahora los hemos considerado unos calculadores egoístas. En este período también demostraron ser bobos. Todavía había que poner en juego la fuerza, las masas, la valentía y la resistencia de la madre Rusia, pero en lo que respecta a la estrategia, la política, la previsión y la competencia que demostraron en este momento, en toda la segunda guerra mundial nadie metió más la pata ni salió más burlado que Stalin y sus comisarios.


Producido el ataque a la URSS, Churchill leyó este mensaje por radio:

" Es imposible distinguir al régimen nazi de las peores características del comunismo. Carece de idea o principio, salvo el apetito y la dominación racial. Supera todas las formas de maldad humana en la eficacia de su crueldad y su feroz agresión. Nadie se ha opuesto al comunismo de forma más sistemática que yo durante los últimos veinticinco años. No me vaya desdecir de nada de lo que he dicho al respecto. Pero todo esto se desvanece ante el espectáculo de lo que está ocurriendo. Desaparece el pasado, con sus crímenes, sus locuras y sus tragedias. Veo a los soldados rusos de pie en el umbral de su patria protegiendo los campos que sus padres han cultivado desde tiempo inmemorial. Los veo protegiendo las casas donde rezan las madres y las esposas (pues sí, hay momentos en los que todos rezan) por la seguridad de sus seres queridos, el regreso del sostén de la familia, de su paladín, de su protector. Veo las diez mil aldeas rusas, donde el medio de vida se extrae con tanto esfuerzo de la tierra, pero donde sigue habiendo alegrías humanas primordiales, donde las doncellas ríen y los niños juegan. Veo avanzando sobre todo esto, en su horroroso ataque, a la maquinaria de guerra nazi con sus oficiales prusianos, tan elegantes, dando taconazos, y sus expertos agentes, que vienen de intimidar y de dominar a una docena de países. Veo también las masas torpes, entrenadas, dóciles y brutales de los militares hunos, caminando lenta y pesadamente como un enjambre de langostas. Veo a los bombarderos y los cazas alemanes en el cielo, resentidos todavía después de más de una paliza británica, encantados de encontrarse con una presa que les parece más facil y más segura.
»Detrás de toda esta luz deslumbradora, detrás de toda esta tormenta, veo ese pequeño grupo de villanos que planean, organizan y lanzan esta catarata de horrores sobre la humanidad. […]
»He de manifestar la decisión del gobierno de Su Majestad (y estoy seguro de que es una decisión con la que estarán de acuerdo los grandes dominios en su momento), porque debemos hablar ahora, en seguida, sin esperar ni un día más. Tengo que hacer esta declaración, ¿pero alguien duda de cuál será nuestra política?
Tenemos un solo objetivo y una sola finalidad irrevocable. Estamos decididos a acabar con Hitler y con cualquier vestigio del régimen nazi. Nada nos hará cambiar de opinión al respecto, nada en absoluto. No vamos a negociar ni a parlamentar con Hitler ni con ninguno de sus secuaces jamás.
Lo combatiremos por tierra, lo combatiremos por mar, lo combatiremos en el aire hasta que, con la ayuda de Dios, hayamos librado a la tierra de esta sombra y hayamos liberado a los pueblos de su yugo. Cualquier hombre o estado que luche contra el nazismo contará con nuestra ayuda. Cualquier hombre o estado que se una a Hitler es nuestro enemigo. [...] Ésa es nuestra política y así lo manifestamos. Por consiguiente, se deduce que daremos a Rusia y al pueblo ruso toda la ayuda que podamos. Recurriremos a todos nuestros amigos y aliados en todas partes del mundo para que emprendan el mismo camino y no lo abandonen, como haremos nosotros, fiel y constantemente, hasta llegar al final. [...]
»
Ésta no es una lucha de clases, sino una guerra en la que participan todo el imperio británico y la Comunidad de naciones, sin distinción de raza, credo ni partido.
No me corresponde a mí hablar de lo que hará Estados Unidos, pero puedo decir una cosa: si Hitler imagina que su ataque a la Rusia soviética provocará la más mínima divergencia de objetivos o una disminución del esfuerzo de las grandes democracias que están decididas a luchar por su fracaso, está totalmente equivocado. Al contrario, nos veremos fortalecidos y estimulados en nuestros esfuerzos por rescatar a la humanidad de su tiranía. Nos fortaleceremos en lugar de debilitamos en nuestra determinación y nuestros recursos.
»No es éste el momento de moralizar sobre la locura de los países y los gobiernos que se han dejado abatir uno a uno cuando, con una acción combinada, se habrían salvado y habrían salvado al mundo de esta catástrofe. Pero cuando hablaba hace unos minutos sobre el ansia de sangre de Hitler y los odiosos apetitos que lo han impelido o atraído en su aventura rusa, dije que había un motivo más profundo detrás de este atropello. Desea destruir a la potencia rusa porque espera que, si triunfa, podrá recuperar en el este la fuerza de su Ejército y su Aviación para arrojarlos sobre nuestra isla porque sabe que debe conquistada o sufrir el castigo por sus crímenes. La invasión de Rusia no es más que el preludio de su invasión de las islas Británicas.
Sin duda, espera conseguir todo esto antes de la llegada del invierno y entonces espera someter a Gran Bretaña antes de que intervengan la Armada y la Fuerza Aérea de Estados Unidos. Espera poder repetir, a una escala como nunca se ha visto antes, el proceso de destruir a sus enemigos uno a uno que hasta ahora lo ha hecho medrar y prosperar, y que entonces todo estará preparado para el último acto, sin el que todas sus conquistas serán en vano, es decir, someter todo el hemisferio occidental a su voluntad y su sistema.
»El peligro ruso es, por consiguiente, nuestro peligro, y el peligro de Estados Unidos, así como la causa de cualquier ruso que luche por su casa y por su hogar es la causa de los hombres libres y los pueblos libres en cada rincón del globo. Aprendamos las lecciones que ya nos ha enseñado una experiencia tan cruel. Redoblemos nuestros esfuerzos y ataquemos uniendo nuestras fuerzas mientras nos queden vida y poder."


Está claro el cpmpromiso asumido: ninguna entente oculta con la bestia nazi, guerra sin cuartel como la que ya le había costado a Inglaterra decenas de miles de soldados muertos en Francia, en Libia, en Creta. Y 50.000 londinenses muertos por las bombas. Guerra, de la que estupidamente creyó salvarse Stalin con su ignominioso Pacto.

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