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jueves, mayo 10, 2007

¿De dónde venimos, a dónde vamos?

(Libro de Editorial Dunquen, presentado en la Feria del Libro, Buenos Aires, 2007)




No haré aquí la reseña de ese libro, con un título propio de mi profesora de Filosofía de cuarto año, Colegio Roca de Belgrano. O de mesa redonda del Cineclub de mi barrio.

Sin embargo esa ingenuidad (como si saber el origen de algo permite adivinar su destino) me mueve ahora a una pregunta que siempre me hice, y que ahora veo que Popper también se hacía, permanentemente. “¿Cómo se explica que en Grecia, en un solo siglo se hayan inventado simultáneamente la literatura, el teatro, la filosofía, la historiografía y la democracia, constituyendo en ese acto el nacimiento de Europa?” No hay respuesta evidente. Ningún historiador responderá jamás a esta pregunta, porque excede, en su simplicidad, cualquier formulación erudita. No soy leído en cosas de Grecia. Pero siempre me maravilló ese nacimiento simultaneo. Y ahora encuentro que compartía ese asombro con el más grande filósofo del siglo XX.

Como es de rigor, nuestro sistema educativo, en especial en la materia Historia, tiene como función no dar demasiada importancia a nada. Todas las cosas son capítulos del libro, bolillas de exámen y dará lo mismo, entonces el capítulo “El siglo de Pericles” , que “ el Alto Egipto”, las “Guerras Medas” o “Rómulo y Remo”.

Lo poco que recuerdo es que al asombro inicial le seguía el comentario “pero la democracia ateniense era falsa, porque se basaba en la esclavitud”. Esta verdad, seca y dura, ocultaba desde la suficiencia del que vive en el siglo XX, esa maravilla que, aun limitada, nacía en Atenas en el siglo V antes de Cristo. Y se pasaba a la bolilla de Persia y la India.

Así nos perdíamos la Historia del nacimiento de Occidente, en el Secundario. Deberia haber habido una materia íntegra dedicada a leer y comentar a Homero, el precursor, Herodoto, Anaxágoras, Jenofonte, Platón. Por eso nada nos ata a una historia común con irlandeses o italianos, ningun patrimonio singular y preciado que nos diferencie de islamicos, budistas o animistas. Ninguna referencia común a la madre Grecia.

Lo mismo, la literatura. Confundir las listas de escritores, su biografía y sus libros con el conocimiento de la literatura es confundir la comunicación humana con la guía de teléfonos. Ninguna magia, ningún entusiasmo. Alguna lectura obligatoria y a recordar las fechas, los movimientos , las influencias, el tema del que habla el autor, jamás el goce de la lectura libre.

(Por ejemplo: Chicos, tomen el libro “Ocho siglos de Poesía castellana”. Elijan al azar cinco poesías. Léanlas. Ordénenlas de la que más les gustó a la que menos. Escriban después un par de hojas explicando su decisión. Y así tres cuentos de Borges, etc.)

Es pedir demasiado. Salirse del programa, dar libertad de elección, en vez de un rígido cuestionario (“ que quiso decir el autor”, “cual es el tono”, “cual es el tema”, “cuales son los personajes”) destinado a destripar la obra para regocijo de semiólogos y lingüistas, de gramáticos y filólogos…y para desastre de la literatura. Jamás esos chicos que visitan la Feria del Libro como rito social, más que como aventura espiritual, amarán los poemas y los cuentos. Pero sabrán en que año nació el Modernismo y cuando murió Borges.

Me fui de tema. El tema era de donde venimos. Venimos de algunos milagros inexplicables.

De Grecia, la Torá, las matemáticas, la Biblioteca de Alejandría, los números inventados por los hidues, el Derecho Romano, Jesús, la Iglesia guardando los viejos libros, el Renacimiento volviendo a leerlos, de Descartes, de Copérnico, de Kepler, de Galileo, de Colón, de Cervantes y Shakespeare, de Newton, de Kant, de Voltaire, de los enciclopedistas, de los padres fundadores de la democracia americana, de la Declaración de Virginia, de la Declaración de Derechos del Hombre, de Bach, de Darwin, Mozart, Freud, Dostoievsky, de Einstein.

Y yo, personalmente, además, de Von Mises, Hayek, de Solyenitsin, Koestler, Fromm, Popper, Frankl, Carlos Matus, Ackoff, De Bono, Tom Peters y de Duke Ellington y Gershwin, de Tom Jobim, John Lennon y de Freddie Mercury.

Esa es mi lista. Haga usted la suya. Para saber de dónde viene uno.

4 comentarios:

Luis dijo...

Estimado Esteban:
Finalmente, robando tiempo al tiempo, llegué a su sitio monología.
Cuando leí este artículo me pareció brillante.
Soy un fanático de la historia. No de la que malamente nos enseñan sino de la que uno lee por puro gusto.
Aun cuando no soy un especialista, y estoy lejos de serlo, aprendo mucho de ella. Entre ellas he llegado a la conclusión que ahora vivimos en el mundo de la información pero eso no quiere decir que la inteligencia sea superior a épocas pretéritas. Es más, en esta comodidad cotidiana donde todo está aparentemente resuelto, nos estamos sumergiendo en un mundo de mediocridad en la cual estamos perdiendo la capacidad de pensar por nosotros mismos.
Su blog y los comentarios en forma de cuentos y ensayos que en él vuelca nos ofrece una visión hipercrítica de nuestra sociedad actual.
Le agradezco profundamente su esfuerzo.
Luis Anastasía

esteban dijo...

Luis: volvemos a encontrarnos, virtualmente, ahora en mi Blog. Bienvenido a mi casa internetiana. Siéntase cómodo de comentar, en pro o en contra. En cuanto a lo que me dice en éste, sería largo que le comente las barbariddaes que los textos que usan mis hijas cometen. La historia no existe más: ahora todas son sociologías de la historia, recargadas obviamente de ideología. Pero ¿donde estan las maravillosas historias, esa enorme novela que construyó la humanidad en los ultimos 10000 años? No aparece en esos textos llenos de "marcos interpretativos", "factores explicativos" y marxismo vulgar. UN abrazo.

Anónimo dijo...

Me detuve en lo que para ti Esteban fue un comentario al pasar: la enseñanza de temas como “bolillas” en una sucesión indiferenciada, no jerarquizada. Menudo asunto!

El “conocimiento express” (ese manejo de cada vez más datos, cada vez más rápidamente sobrevolados, cada vez más estereotipos de simplificación) es una realidad sin duda. Cómo llegó aquí?

Desde la Edad Media se multiplicó el comercio, se desbordaron las regiones para proyectarse cada vez más lejos, ganó terreno el universalismo, y la revolución industrial aceleró todavía más la carrera. Conocimientos y opiniones sobre opiniones comenzaron a acumularse, la masa de mundo accesible a cada persona no ha dejado de crecer y la consecuencia casi inevitable fue simplificar para poder abarcar. Porque traemos raíces humanistas y aspiramos a abarcar, aún cuando materialmente sea cada vez menos posible.

Ese tratamiento sinóptico, casi numérico que vemos en la historia o la filosofía curricular creo que refleja esa realidad; incluso hoy se siguen acumulando nuevas bolillas a las ya existentes, y hasta nuevas materias enteras. Resultado? Simplificar. Es bueno? Diría que no, no nos deja tiempo al detalle, a revivir cada proceso con su tiempo de cocción, a la profundidad.

Pero “es lo que hay”, aunque no nos guste.

Cuáles son las alternativas en la enseñanza curricular? Si bien los medios de aprendizaje se vienen multiplicando (multimedias, internet), el tiempo material que dispone cada uno de nosotros para aprender es el mismo, o menos incluso. Una de dos entonces: o vamos suprimiendo paradas intermedias y enseñamos sólo los hitos más importantes, o abandonamos la pretensión de abarcar tanto. Ni una ni otra lucen ideales, pero no parece haber más remedio que elegir. O inventar la píldora del conocimiento (Panacea vive y lucha!).

Ésta realidad es determinante para abordar la pregunta del artículo “de dónde venimos”, no te parece Esteban? Al menos es determinante para comprender cierta ignorancia acerca de Grecia... El tema se ramifica y me excedí en la extensión, pido disculpas. Pero en todo caso nos conecta a otra pregunta relacionada: importan hoy los orígenes tanto como importaban antes? Creo que allí también ha habido cambios sustanciales en nuestra conciencia.

Felicitaciones por tus comentarios tan estimulantes.

Gustavo Giorello, Uy

esteban dijo...

Gracias Gustavo (al fin se pudo publicar tu comentario). NO soy docente pero "sufro" los avatares educativas de mis dos hijas. Y recuerdo los mios. Uniformizar los contenidos es la operación paralela a uniformizar a los alumnos. El sistema no soporta la diferencia y los trata a todos como numeros de sus listas. O bolillas deñ programa. Se me ocurre que solo la presion de os padres podría modificar estas reglas...
Saludos

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