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viernes, septiembre 10, 2010

De Carlos Alberto Montaner: Venezuela

Se lo juegan todo
Por Carlos Alberto Montaner

La situación venezolana se tensa peligrosamente. Dice Ramón Guillermo Aveledo que las elecciones al Parlamento del próximo día 26 tal vez sean las últimas que conozca el país. Aveledo, prestigioso abogado, escritor, ex presidente del Congreso, es el secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática, el organismo que ha conseguido forjar un frente único opositor.



¿Qué ocurre en el país? Sucede que Chávez puede perder y busca la manera de burlar los resultados. A sólo un mes de las elecciones, la encuesta más fiable, la de Consultores 21, da el triunfo a la oposición por diez puntos: 52 a 42%. Dato que se refuerza en otra indagación todavía más reveladora: cuando se pregunta a los electores si quieren o rechazan a Chávez, un 37% opta por lo primero y un 56% por lo segundo. Ahí la diferencia es, pues, de casi 20 puntos.

¿Qué le ha pasado a la popularidad de Chávez? Muy sencillo: se ha hundido por al menos cinco poderosas razones:

– La insoportable violencia, que ha convertido a Caracas en una de las ciudades más peligrosas del mundo y a la totalidad de Venezuela en un matadero con más víctimas de las que se registran en Irak, como refirió el New York Times. Casi 120.000 personas han sido asesinadas desde que Chávez ocupa el poder. Se ha cuadruplicado la violencia.

– El conjunto de la sociedad detesta la existencia de bandas armadas paramilitares al servicio del gobierno ("Los guardianes de Chávez", como les llamó CNN en un excelente documental que estremeció al país), dedicadas a intimidar y maltratar a la gente. Estas bandas son un instrumento represivo encaminado a conducir el país hacia un modelo socialista que rechaza el 66% de la población.

– La infinita torpeza de un gobierno que, pese a recibir un torrente de petrodólares, es incapaz de abastecer los mercados, conservar los alimentos (se le pudren o pierden millones de kilos), mantener las infraestructuras o equipar medianamente los hospitales. Los venezolanos, con razón, perciben que no hay ningún país peor gobernado en Sudamérica.

– La incómoda ocupación de Venezuela por parte de los cubanos y el regalo de una buena parte de la riqueza venezolana a La Habana, Managua, La Paz y el resto de la famélica familia del socialismo del siglo XXI. Con esos subsidios Chávez compra su importancia internacional y, además, fomenta el mayor nivel de corrupción que ha conocido Venezuela, lo que es mucho decir en ese país.

– La desaparición de cualquier vestigio de Estado de Derecho y el desamparo en que vive la sociedad, con jueces que sólo responden al poder político, con cuerpos policíacos que, en lugar de detener a los criminales (el 93% de los asesinatos quedan impunes), se dedican a encarcelar adversarios políticos del chavismo y a fabricar pruebas de cargo burdamente, como acabamos de ver en el caso de Alejandro Peña Esclusa, un ingeniero y líder opositor muy conocido y respetado en América Latina, a quien han mezclado en un absurdo complot terrorista sin pies ni cabeza, en el que nadie cree, pero que le sirve al gobierno de coartada para mantenerle ilegalmente encarcelado, sin fianza. La inseguridad y la indefensión son hoy dos sentimientos universales en Venezuela.

¿Qué va a hacer Chávez ante la posibilidad muy real de que sus adversarios consigan la mayoría en el Congreso? La hipótesis que temen los opositores es que desconocerá los resultados. ¿Cómo? Fabricando un guión que ampare el fraude: primero, alguna compañía de encuestas controlada por el gobierno afirmaría que el chavismo aventaja a la oposición y, para ello, aportaría unas cifras favorables; segundo, el día de los comicios ésa u otra empresa realizaría una exit poll que confirmaría las cifras de la encuesta; tercero, tarde en la noche, el Consejo Nacional Electoral, que dice o calla cualquier cosa, daría unas cifras finales –obtenidas electrónicamente– parecidas a las de la falsa encuesta y a las de la falsa exit poll.

Por eso Aveledo dice que éstas pudieran ser las últimas elecciones. Si los venezolanos se dejan robar la victoria, la conclusión a que llegarán los demócratas es que no vale la pena participar en comicios amañados, en los que se atropella a la oposición antes, durante y después de la cita con las urnas. "¿Pueden evitar la estafa?", le pregunté al ex embajador de Venezuela Thor Halvorssen. Y me respondió: "Sólo si salen a votar masivamente y si están dispuestos a defender sus votos en las calles a cualquier precio y por el tiempo que sea necesario, como en su momento hicieron los ucranianos".

Eso lo veremos pronto.

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