miércoles, abril 23, 2008

Hay algo más

En la vertical caída de la popularidad de Cristina Kirchner hay algo más que un mal gobierno. Hay algo más que un estilo retórico que provoca rechazo. Como aquellos socios minoritarios o habilitados, que comparten la pérdidas y nunca acceden a las ganancias, Cristina Fernández, con una velocidad que asombra, ha corporizado todos los males del anterior gobierno, el de su marido, y los del suyo propio. Y ninguna ganancia.
La gente aun recuerda con agradecimiento la primera parte del gobierno de Néstor Kirchner. No hace falta más que un leve esfuerzo para recordar el dramático año 2002 y la luz de esperanza que significó el triunfo de Kirchner en mayo del 2003. Hay que recordar cómo se renegoció la deuda, hacia fines de ese año, cómo apareció un “veranito” de reactivación, que cada vez se hacía más y más largo. Hay que recordar cómo caía la desocupación, la gente retornaba al trabajo, se reabrían fábricas y tiendas, llegaban los turistas, se reanimaban las exportaciones de granos. Es que había un avezado político en el timón presidencial y un avezado profesional en el timón económico. Aunque se semblantearan recelosos, el tandem Kirchner-Lavagna sacó a la Argentina de la hiperinflación, de la hiperrecesión y le devolvió esperanzas a la sociedad. Ese activo es innegable.
Pero a partir del incomprensible despido de su ministro de Economía, Kirchner comenzó a transitar la segunda parte (que nunca son buenas) de su mandato: debilidad en el manejo de la economía, inicio de la inflación, desarme de algunos espejitos de colores (inversiones chinas, por ejemplo), intentos de control de precios, el Superministro Moreno, la manipulación del Indec. Así hasta la incomprensible audacia de “retirarse” y dejarle a su mujer la candidatura a Presidente. (Primer problema: la decisión no fue de “ella”, sino de “él”)
Ella, acompañó a su marido, sin duda, pero jamás- en el imaginario popular- fue co-autora de los éxitos del gobierno. No fue una Evita que agregaba valor al proyecto sino una extraña contrafigura, más fría y, aparentemente, más inteligente que el Presidente, más “democrática”, menos confrontativa, más “racional”, más “abierta al mundo”. Así, al menos, la dibujaron los medios de cara a la elección de octubre.
Pero el tiempo vuela en Argentina. Y en cuatro meses puede desplomarse la construcción de toda una vida política.
El episodio del juicio en Miami disparó las primeras luces rojas, por la rapidez con la cual la Presidente logró, ni más ni menos, que ubicar a EEUU entre los enemigos de su gobierno. Ni Néstor se había atrevido a tanto. Luego, en rápida sucesión, la aventura en la selva colombiana, su alineamiento con Chávez, los innumerables discursos autorreferenciales, su gesto duro, la inflación palpable , los intentos morenistas de controlar la administración de las empresas y por último la revolución del campo.
Ese fue el disparador de tanta “energía negativa” que aun se contenía por el viejo recuerdo del Kirchner “salvador” del 2003. Ese recuerdo ya se estaba desvaneciendo, ya era un capital casi agotado en octubre del 2007. Mucho más en marzo del 2008.
La crisis del campo mostró a una Cristina entre crispada y “humilde” variando de humor cada día (haciéndole favor a su fama de “bipolar”), con estrategias de negociación dinamitadas desde el mismo gobierno. Desde el co-gobierno de Néstor, en realidad. Dejó de percibirse una “unidad de criterio” entre ambos mandatarios, y apareció una realidad de contradicciones internas fuertes, poderosas. Ya no es la continuidad ”natural”, sino que hay pelea matrimonial, funcionarios que responden a uno y otro poder, rumbo incierto.
Se desnudan problemas de "caja política”, con su avidez de más recursos ante un mundo que ya no le presta a la Argentina, destrucción del federalismo, intervencionismo estatal, confiscación del valor creado por individuos libres, rupturas del frente interno en el caso de algunos gobernadores e intendentes, quiebra del pacto con el radicalismo K, aumento del riesgo pais, desinversión extranjera.
¿Planes de gobierno? ¿Seguridad? ¿Educación?¿Conflicto con Uruguay? ¿Nuevas inversiones? ¿Obra pública? Nada por aquí, nada por allí. Un gobierno en el que abundan ministros mudos. Rápido: quién es el ministro de Desarrollo Social. Rápido: quién el Ministro de Trabajo, de Justicia, de Defensa, de Desarrollo tecnológico, de Educación.

Cristina se está olvidando que gobernar es proponer todos los días ideas nuevas, no el mismo discurso “fúndante”, con el mismo tono entre enojado y didáctico. Faltan ideas de gobierno y sobran ideas de confrontación, actos partidarios, discursos y enojos con enemigos reales o inventados.
En fin, queda la cuestión del “género”. Creo que sí, que su género es un factor que le juega en contra: expuesto en esa versión tan de clase media con pretensiones, tan excesivamente a la moda, tan enjoyada, engalanada, arropada, cubierta, vestida, protegida por sus innumerables trajecitos, vestidos, faldas, capas, tapados, gorras, boinas, peinados, maquillajes, pinturas labiales, Cristina le debe dedicar- es evidente- muchas horas,a lo que a Néstor le duraba tres minutos: vestirse con el traje de siempre y calzarse los viejos mocasines de siempre.
Ella luce su feminidad como parte de su bagaje político, la exagera en su packaging, pero la oculta en sus gestos. No es cálida, maternal, hermana mayor, compañera: es maestra ciruela, fría, inaccesible. Y siempre, claro está, muy bien vestida, a la moda.
Le dedica entonces horas a su vestuario. Y horas a sus discursos, que es lo que mejor sabe hacer. Jamás los lee, jamás titubea, sus frases son redondas y dichas en el tono exacto. Las cuida tanto como a su guardarropa. Son su tarjeta de presentación: un rostro agradable, una magnífica ropa, y un impecable decir. Cien discursos en ciento veinte días.
Pero no gobierna, no toma decisiones estratégicas, sus funcionarios “amigos” :el ministro de Economía, ausente sin aviso de las negociaciones con el agro, su super Jefe de Ministros golpeado por gobernadores varios. Mientras tanto, el Superagente Moreno, haciendo y deshaciendo a su gusto.
Y el humo, para colmo. El bumerang de culpar a los “insensibles hombres de campo” de los incendios del delta se ha convertido en un arma letal: casi sin decirlo, todos sospechan que tras esos incendios se oculta mano de obra desocupada, que hace el trabajo sucio para el Gobierno. Rumores, nada más, pero que la sociedad “ha comprado” : ante la falta de respuestas, a Cristina no le queda otra que quemar los campos para inculpar a sus enemigos. Esta es ya una verdad “social”, aunque nada ( o poco) tenga de cierta.
Y así estamos llegando a la décima parte de su primer mandato. Cuatro meses, de los 48 que cubrirá su período. Es claro que deberá barajar y dar de nuevo pronto, muy pronto.

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