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miércoles, marzo 12, 2008

Una frase luminosa de Marcel Schwob:

“El arte es todo lo opuesto a las ideas generales: solo describe lo individual y no desea más que lo único. No clasifica, desclasifica.”

Es brillante. Por ejemplo: odio cuando los que leen mis cuentos intentan “clasificarlos”, entenderlos incorporándolos a las “ideas generales”, o sea a la ciencia. Escribo, por ejemplo, un cuento basado en ciertos procesos de degradación orgánica de los cadáveres. Muestro a un psicópata que se solaza describiendo esas podredumbres, día a día. Me publican el cuento en un sitio de Internet. El prologuista no tiene mejor idea que decir que se trata de “relatos de la guerra civil”. Cualquiera que lea el cuento sabrá que no hay ninguna guerra civil. El crítico necesitó apelar a esa categoría general (las atrocidades de la guerra civil, vio?) para entender el cuento o para hacerlo apetecible a los lectores. No se si el cuento vale o no. Lo que es seguro es que jamás quise hacer un alegato contra la guerra civil. Nada más lejos de mis pretensiones. Solo quise describir una locura individual, como diría Schwob. Escribí , por ejemplo:

“Lo peor, insisto, son las moscas: verdes, grandes, moscardones pesados o chiquitas, como las de la fruta. Se meten por las fosas o la boca entreabierta, descienden al abismo de la muerte y, según supe, dejan su carga de huevos de los que emergen miles de larvas blancas que devoran la carne de adentro afuera. Las muy sucias suben después a lavarse sus patas entre tus pelos, a dejar sus cagarronas en tu piel y, si te descuidas, alguna larva lista para devorarte de adentro afuera.
Me contó el sargento que rocían la carne con un ácido para hacerla papilla, así sus malditos hijitos gusanitos la mastican con facilidad. Se hace una sopa olorosa, chorreante que deleita a las guarras y ese olor las atrae por millares desde todas partes. En pocas horas esos cuerpos hasta ayer vivos, se hinchan de esa sopa pútrida, de larvas, huevos y moscas y ofrecen el espectáculo más inquietante de la naturaleza.”

¿Guerra civil? No: el espectáculo mas inquietante de la naturaleza, descrito con lujo de detalles, porque eso es el arte. En los detalles está Dios, no?
Lo otro es declamar .”Debe cesar esta carnicería que enfrenta a nuestro pueblo día por día, llenando de dolor los hogares humildes, etc., etc.”. Los volantes de las agrupaciones políticas son exactamente lo contrario del arte. En su lógica , todo entre en alguna categoría general.
Por ejemplo: “el preceptor Piruli amenazó a la alumna Mengani, lo cual muestra hasta que punto la burocracia sindical impide el ejercicio libre de la voluntad popular, la cual, al igual que nuestros hermanos de Corea del Norte no cesará hasta derrotar al imperialismo” .
Habría que pensar que la fealdad es exactamente eso: desaparecer el milagro de la diferencia, de lo individual. Por ejemplo, ¿hay algo más feo que un monoblock de viviendas baratas? Es la uniformidad, el culto a la igualdad, el fácil cálculo del ingeniero que con un plano único diseña 20 mil viviendas iguales. Eso, exactamente eso, es el NO arte, la fealdad.

“Pero observad una hoja de árbol, con sus caprichosas nervaduras, sus tonalidades que la sombra y el sol varían, la tumefacción levantada por la caída de una gota de lluvia, la picadura que ha dejado un insecto, la huella argentada del pequeño caracol, el primer tinte de oro mortal que marca el otoño, y buscad una hoja exactamente igual en los bosques más grandes de la tierra toda: os desafío a que lo hagáis. No hay ciencia del tegumento de un foliolo, de los filamentos de una célula, de la curvatura de una vena, de la manía de una costumbre, de los recovecos de un carácter”

Para las dictaduras no hay hojas individuales con sus miles de características propias, inclasificables, acientíficas.
Para las dictaduras solo existen categorías colectivas (los proletarios, los arios, los contrarrevolucionarios, el pueblo italiano, los camaradas, los miembros del Partido) de modo que tomar decisiones se simplifica: “a ver, doscientos mil mujiks a Siberia”, o “General, me envía ocho batallones a la frontera”. Todo es más fácil así.
La ciencia es imprescindible para obtener una descripción general del mapa de fuerzas, pero inútil para determinar el futuro, a menos que todo sea clasificable en variables mensurables. Quizás la batalla de Waterloo se decidió porque ese día Napoleón estaba enfermo: no había ninguna fuerza “abstracta” que dictara esa derrota. No hay , ahora lo sabemos, “determinismos” históricos en el reino de la libertad: solo cuando hay esclavitud, fealdad, igualitarismo, categorías generales, grupos en vez de personas, fuerzas sociales en vez de individuos, cuando solo existe una Fe, Un Líder y Un Partido , solo ahí se puede suponer el futuro. Pero a largo plazo, los Muros se caen, los lideres desaparecen y las multitudes uniformes se trasmutan en seres humanos infinitamente distintos unos de otros, con sus sueños personales, sus temores y deseos.
Sería bueno que la administración del Estado sea un arte , más que una ciencia.

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