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lunes, octubre 06, 2008

Crisis financiera

Voy a tratar de explicar (me) la actual crisis financiera.
En una época no tan remota, digamos trescientos años atrás, el mundo era pacífico. Había, eso si, guerras casi permanentes. Pero esas largas guerras no afectaban las escualidas economías de aquellos tiempos, que se seguían basándose en la tierra, como en plena Edad Media. Y las guerras no diezmaban las poblaciones, como lo hicieron las Grandes Guerras del siglo XX. Es claro que había enclaves de progreso- Flandes, Londres- pero no había algo así como una economía global.
En aquellos tiempos los funcionarios civiles y eclesiásticos extraían una fuerte plusvalía a los campesinos y trabajadores urbanos. Las impresionantes catedrales y los hermosos palacios dan prueba sobrada de ello. El Rey y la Iglesia sonreían satisfechos con ese orden de cosas. Nadie decía en ese entonces, como el actual Papa dijo hoy, que el dinero es como arena sobre lo cual no puede construirse nada sólido.
El dinero, por vía de los diezmos y los impuestos llegaba a raudales a las manos de los funcionarios reales y eclesiásticos.
Y esos funcionarios, a que negarlo, aunque odiosos para muchos, cumplían funciones indelegables. A menos que pensemos que es un ideal un sistema anárquico, sin instituciones, si orden, sin leyes, debemos concluir que aunque no gusten sus métodos , no había alternativas: el Estado brindaba cierta idea de seguridad material y la Iglesia brindaba cierta idea de seguridad espiritual. Esos curas bien alimentados y metidos, eran, sin embargo, unos intermediarios de la Eternidad que cada familia quería tener de su lado, como amigos, consejeros, guías espirituales. El Rey, a su vez, era la corporización de ciertos valores de permanencia, de identidad.

Hoy día, las cosas son diferentes, pero hay algunas similitudes.

El sistema de libre mercado funciona sobre la base del crédito (“creer en la palabra”, confiar en que me devolverás el préstamo más un interés pactado).
Hay unos funcionarios privados cuyo acceso privilegiado a los mecanismos del crédito los hace tan antipáticos como los funcionarios del Estado Absolutista, y tan imprescindibles como ellos. (Hasta que no se invente nada mejor).
Es cierto que son odiosos, que juegan con nuestro dinero, ganan fabulosos sueldos y primas, son codiciosos e histéricos. Pero me pregunto que sería un mundo sin bancos, sin compañías aseguradoras, sin consultoras de riesgo, sin bolsas, sin agentes financieros.
No habría posiblidad siquiera de que un granjero de Canadá o Argentina obtuviera un préstamo para comprar de semillas, prestamo otorgado por un banco que obtuvo el efectivo de un fondo de pensiones dinamarqués. Al no obtener el préstamo, el granjero sembraría solo la mitad de su terreno, bajaría así la producción y –multiplicando esto por millones de granjeros- el trigo escasearía y aumentaría así su precio, generando una hambruna.
¿Quien tendría la culpa de esta hambruna? ¿El banco por NO prestar?¿El granjero por NO sembrar? Nadie, en realidad. No existiendo canales de circulación del dinero basado en una confianza básica, la maquinaria se detiene, independientemente de la bondad o maldad de sus agentes. Destruir el sistema bancario es lo último que hace un gobierno antes de destruir su economía. No es un chiste: es como paralizar el corazón, y pretender que los músculos sigan recibiendo oxígeno.
Para preservar esa matriz básica del sistema de intercambios hay infinidad de vericuetos técnicos y legales, pero el objeto es uno solo: en caso de pánico financiero, hay que salvar a los bancos inyectandole dinero público, o sea de los contribuyentes. Doloroso pero inevitable.

Eso no quiere decir que el Estado debe salvar a los inescrupulosos, cretinos e irresponsables agentes financieros. Un gran liberal como Peter Drucker proponía que esos ejecutivos ganaran 20 veces lo que un obrero común. No doscientas veces, como ahora.
Como siempre, el liberalismo no está para proteger a los empresarios, sino para proteger el libre mercado del Estado, de los amigos capitalistas del gobierno y de todos los que abusen de situaciones de monopolio.
Quizás esta crisis corrija esos abusos. Quizás esta crisis sirva para dejar de prestar a insolventes, comenzando así una bola de nieve que arrasa el valle.
Pero despotricar contra “el capitalismo” y contra el dinero, como la hacen hoy Benedicto y Ahmedinejad al unísono nos está indicando exactamente el camino que NO hay que recorrer.
Acabo de escribir esto, cuando me llega un mail, conteniendo un artículo de un economista americano, Thomas Friedmann. Y dice exactamente lo que acabo de redactar. Transcribo:
Siempre creí que el gobierno de Estados Unidos era un sistema político único: un sistema ideado por genios para que pudiera ser manejado por idiotas. Me equivoqué. Ningún sistema puede ser suficientemente inteligente como para sobrevivir a este nivel de incompetencia y de imprudencia por parte de la gente a cargo.
Esto es peligroso. Tenemos miembros de la Cámara de Representantes que rechazan un complejo paquete de rescate porque algunos votantes los inundaron de llamadas. Entiendo la furia popular contra Wall Street, pero no se puede enfrentar así esta crisis.
Es una crisis crediticia. Se trata de la confianza. Lo que no se entiende es por qué el banco A ya no le presta a la empresa B o no acepta la hipoteca de la empresa C. Eso pasa porque nadie está seguro de cuánto valen los activos y las garantías del otro, y por eso el gobierno debe acudir para poner un piso firme debajo de todo.
De otra manera, el sistema se asfixiará por falta de crédito, como un cuerpo al que se le niega el oxígeno.
Bien, usted dirá: "Yo no tengo acciones que sufran esos monstruos codiciosos de Wall Street". Tal vez usted no tiene acciones, pero su fondo de retiro sí tenía algunas acciones de Lehman Brothers y su banco tenía bonos de las hipotecas subprime , y por eso usted pudo refinanciar su casa hace dos años.
Y su aeropuerto estaba asegurado por AIG; y su municipalidad vendió bonos para financiar el desagüe de su calle, y su empresa de automóviles dependía de los mercados para financiar el préstamo de su auto y ahora que el crédito se ha secado, el Wachovia quebró y su vecina perdió su trabajo allí.
Todos estamos conectados. No se puede salvar al ciudadano común y castigar a Wall Street, así como no se puede estar en un bote con alguien que uno odia y pensar que la filtración en el fondo de la embarcación que el otro tiene bajo los pies no hará que usted se hunda con él. El mundo es en realidad plano. Todos estamos conectados. "Desacoplarse" es pura fantasía.
Entiendo el resentimiento contra los titanes de Wall Street que se llevan 60 millones de dólares en bonificaciones. Pero cuando el sistema crediticio está en peligro, es necesario concentrarse en salvarlo, aun cuando eso signifique rescatar a personas que no lo merecen. De otra manera es como decir: contendré la respiración hasta que ese gordo gato de Wall Street se ponga azul. Pero no será él quien se ponga azul: será usted, o más bien todos nosotros.


Por otra parte, esa idea de que la codicia es un invento capitalista, es para reirse. Como si durante milenios el mundo no haya sido testigo de robos, injusticias, explotación, acumulación de riquezas, abusos, confiscaciones, por parte de jefes, reyes, faraones, obispos, brujos, imanes, varones feudales, guerreros, conquistadores. Esto lo transcribe Juan Agustin García, en 1900 (“ La ciudad indiana”) describiendo la sociedad colonial, católica y monarquica y antiliberal, hacia 1700:
Cada uno, se dice en un sermón colonial, espera fabricar su fortuna a expensas de otro. No tienen otra regla para adquirir su deseos, ni otros límites que su impotencia. Se entra en los empleos no para trabajar en la tranquilidad pública, ni por restablecer el orden y la disciplina; sino para elevar las casas sobre la ruina de otras muchas y constituirse el heredero del huérfano y la viuda. El espíritu más grosero llega a ser fecundo y fértil en arbitrios cuando se trata de grandes o pequeñas ganancias”.

Pero, es indudable que esta crisis remueve el fondo y afloran a la superficie viejos prejuicios antes ocultados. El viejo odio de la Iglesia hacia la actividad comercial y financiera, cierto antisemitismo remanente (el judío como manipulador financiero, ver abajoel articulo sobre la "denuncia" del Hamas), cierta impaciencia con la molesta libertad, el pedido de un Estado cada vez más interventor, el reclamo de menos libertad y más solidaridad, menos ganancia y más justicia, un trasfondo ideológico que desde hace miles de años – desde Aristóteles y Santo Tomás hasta Marx- nos alerta contra el dinero, ese corruptor. Mejor que dinero contante y sonante es, seguramente, el oro, las propiedades inmuebles y los títulos de nobleza hereditarios.
Dice Marx, con su bella prosa: “ Como tal potencia inversora, el dinero actúa también contra el individuo y contra los vínculos sociales que se dicen esenciales. Transforma la fidelidad en infidelidad, el amor en odio, el odio en amor, la virtud en vicio, el vicio en virtud, el siervo en señor, el señor en siervo, la estupidez en entendimiento, el entendimiento en estupidez.
Como el dinero, en cuanto concepto existente y activo el valor, confunde y cambia todas las cosas, es la confusión y el trueque universal de todo, es decir, el mundo invertido, la confusión y trueque de tidas las cualidades naturales y humanas”


O sea. El dinero envilece, cambia, trastoca, modifica, invierte. La matriz conservadora de Marx fluye aquí pura y cristalina: se opone al capitalismo desde un lugar “moral”, para preservar al hombre del poder destructor del dinero. Exactamente lo que hoy dijo Benedicto: “Ahora estamos viendo, con el hundimiento de los grandes bancos, que el dinero desaparece, que no es nada; se trata de una realidad de segundo orden".

Esta “realidad de segundo orden”, este agente del “inversión y trueque de los valores” debe ser ingnorado, nos dicen, superado con otros mecanismos. (A nadie se le ocurre cuales otros)
Creo que eso es suicidio- o asesinato. Quieren vaciar la pileta del agua sucia, y no se dan cuenta que el agua se va junto con el bebé.












Denuncia del Hamas


En un insólito mensaje antisemita, el movimiento extremista palestino Hamas, que controla la franja de Gaza, acusó hoy al "lobby judío" en Estados Unidos de ser responsable de la crisis financiera internacional.

El vocero de Hamas, Fawzi Barhum, afirmó en un comunicado que los problemas del sistema financiero estadounidense se explican por "la mala gestión administrativa y financiera y un mal sistema bancario instalado y controlado por el lobby judío".

El presidente estadounidense George W. Bush y su administración "inyectaron miles de millones de dólares para salvar la situación" silenciando el hecho de que "el que instaló el sistema bancario y financiero estadounidense y lo controla es el lobby judío", añadió.

Según él, ese grupo "controla también las elecciones estadounidenses y define la política extranjera de toda nueva administración, de manera que pueda controlar el dinero estadounidense, el gobierno y la economía, para que los Estados Unidos se convierta en arma del lobby y su instrumento de dominación en el mundo entero".

Responsabilidad. El portavoz se pregunta "si el presidente Bush hará una investigación y dirá francamente a su pueblo que el lobby judío es directamente responsable de ese desastre".

Hamas acusa frecuentemente a los Estados Unidos de alinearse de manera sistemática con Israel en el conflicto con los palestinos por la influencia del "lobby judío" norteamericano.

El movimiento islamista tomó violentamente el control de Gaza en junio de 2007 sacando de ahí las fuerzas fieles al presidente palestino Mahmud Abas.

La Liga Antidifamación (ADL, según sus siglas en inglés) estadounidense afirmó el jueves último que la crisis financiera provocó un fuerte aumento de mensajes antisemitas difundidos en foros, blogs y otros sitios internet.

"Los mensajes atacan a los judíos en general, algunos los acusan de controlar al gobierno y las finanzas, de formar parte del ´orden judío mundial´, y por lo tanto responsables de la crisis económica", afirmó la ADL, una de las más importantes organizaciones de lucha contra el antisemitismo y el racismo.

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