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viernes, agosto 24, 2007

Paraíso

Me aterroriza el Paraíso.
Y tengo verdadero temor de que el buen dios me envíe allí para siempre.

Me explico.
En el Infierno hay al menos un recuerdo de la vida anterior: el dolor, una condición para vivir, desde el parto en adelante. Hay además grados de dolor. La esperanza, por lo tanto, de que el estúpido demonio que hoy maneja la temperatura del horno se equivoque, se olvide de atizar las llamas, y el calor baje unos grados. Hay esperanza en que el dolor ceda, disminuya. Hay vida en el Infierno, porque hay Dolor y Esperanza.

En el Cielo, en cambio, solo nos espera la felicidad eterna, una condición inexistente en nuestra vida terráquea, un insoportable estado de inmovilidad de los sentimientos, muy parecido a la muerte del alma. Todo paralizado, gozando la máxima felicidad, pero con el temor sordo de que el buen dios se enoje y nos arroje al purgatorio o a los fuegos del infierno tan temido. Hay Miedo en el Paraíso.

Prefiero, entonces el Infierno: ese mundo tan similar, tan familiar (y donde, seguramente compartiré dolores con amigos y viejos amores).

Allá en el Cielo habrá que comportarse siempre como Ángeles temerosos, como seres minúsculos, sin deseos, sin esperanza, sin dolores que llorar.

2 comentarios:

Gus dijo...

Espectacular, Esteban. Cómo hacés para poner en tan pocas palabras una humanidad tan nítida? 10 puntos!

esteban dijo...

Será cosa e mandinga, quizás

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