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sábado, diciembre 02, 2006

Stalinismo doméstico

Una característica de nuestro Estado es su afán de meterse en la vida privada de las gentes: ley del cigarrillo, ley de talles, ley de Menú Light. Ahora otra belleza de nuestro paternal Estado se cierne en el Parlamento: oblígase por ley a compartir las tareas domésticas a hombres y mujeres “Compartir la responsabilidad doméstica y el cuidado y atención de los hijos”, dice la norma modificatoria del Código Civil.

Me pregunto qué quiere decir, exactamente, “compartir”:

- ¿Que ambos tomen de común acuerdo las decisiones sobre el cuidado del hogar y crianza de los hijos?
- ¿Dividir exactamente por dos el tiempo, de modo que el hombre y la mujer trabajen exactamente la misma cantidad de horas en las tareas domésticas y crianza?
- ¿Dividir en forma “ponderada” dicho tiempo? Por ejemplo, por cada hora de trabajo externo, media de trabajo en casa? O ponderada por el aporte el ingreso familiar, como “el que aporte el 80% del ingreso deberá aportar el 20% del tiempo de cuidado y crianza?”

¿Que quiere decir “compartir”? Por favor! Explíquenme!

Porque el problema es que no sé si soy violador o no de esta ley , ya que no trabajo la misma cantidad de horas que mi mujer en el mantenimiento del hogar y la crianza.
¿Soy, entonces, culpable, sujeto de sanciones?
Sin embargo esto sucede de común acuerdo con mi mujer, la cual dista mucho de ser una sumisa mujer tercermundista, víctima de la cultura machista.
O será que ese acuerdo denuncia la asimetría de poder entre varón y mujer, de la cual vengo a ser un ejemplo. Mea culpa, entonces! Soy un abyecto machista, y no me había dado cuenta hasta que nuestros legisladores, preocupados por nuestra felicidad me lo han hecho notar.

Conclusión: mi pareja está en crisis, desecha.
No nos ponemos de acuerdo con la aplicación de la ley, en cómo ponderar los aportes de cada uno, nos celamos, contamos la cantidad de platos que lava cada uno, el tiempo que pasamos en el Super, la cantidad de sonrisas o retos que le dedicamos a nuestras hijas, en fin; la vida se ha hecho un Libro de Caja, en el que anotamos debes y haberes, a ver si logramos la igualdad.
No la logramos, de modo que hemos decidido divorciarnos.
Gracias, señores legisladores.

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