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domingo, julio 05, 2009

La derrota de la Democracia Tumultuaria

Vamos a diferenciar entre Democracia Republicana y Democracia Tumultuaria.
La primera tiene como objetivo controlar el poder, limitarlo, poner garantías de estabilidad frente a las mayorías circunstanciales, impedir que un Presidente electo se transforme en un Dictador basado en el voto popular, a la manera de los tiranos de la antigüedad.
La Democracia Tumultuaria, en cambio, es una escenificación permanente de apoyo popular a un Presidente que requiere cada vez más poder para vencer a los “enemigos del pueblo”: su proyecto es desmontar uno a uno los mecanismos de contrapoder de la Republica: la independencia del legislativo, del judicial, de los estados provinciales, de la prensa. Todas esas “independencias” son descritas por el Dictador Democrático como trabas a su misión de salvar al pueblo y derrotar a las oligarquías. Para eso requiere un estado de asamblea permanente, con las masas movilizadas en cada esquina. De ahí lo de “tumultuaria”: gana en el tumulto, en la confusión, gana con la emoción violenta, con la teatralización, la exageración, con el gesto.
La democracia republicana se construye en silencio, merced a largas y complejas negociaciones, con razonados argumentos y con leyes basadas en la modestia –toda obra humana es errónea- y la autolimitación. Todo lo contrario de los gestos que los Tumultuarios (Chávez, Evo, ahora Zelaya) ejecutan como su único argumento.
Nosotros, el domingo pasado, acabamos de liquidar el último proyecto de Democracia Tumultuaria en la Argentina. Desde 1930 y 1945 los tumultos militares o populares signaron la política. 2001 fue, por ejemplo, un gran tumulto que rompió la institucionalidad existente, dando paso a la forma actual de Democracia Tumultuosa, el kirchnerismo.
Recordemos que la Candidata prometía en 2007 una “mejora en la calidad institucional”, o sea, una mitigación de la excepcionalidad, de la teatralización, de la gestualidad y un ingreso en las aguas más calmas de la República. Duró poco esa promesa de campaña.
El conflicto con el Campo -en el que el Estado abandonó su rol de árbitro y subio al ring para “poner de rodillas” a su contrincante - fue una enorme mis en scene, una teatralización tumultuaria en la que el campo tomo esas mismas herramientas (”ganar la calle”) y le ganó la calle al gobierno. Las alagaradas de D élia, las locuras de Moreno en la Plaza, el mismo Kirchner descompuesto de odio, gritando en el atril frente a la multitud, anunciaban si lugar a dudas que la única mejora que nos esperaba era la mejora de los gestos tumultuarios, nada de república. A menos que perdieran.
Cuando Cristina se vio obligada a enviar al Congreso la 125, comenzó el final. Al habilitar a “otro” poder -menos fiel y automático que su propio gabinete- , al recuperar el Parlamento su rol histórico de contrapeso del Ejecutivo, la República renació: ya no bastaba una “orden del Rey” para decretar un nuevo impuesto. Ahora regiría el grito de la Revolucion Inglesa y de la Americana: ”Sin representación , no hay tributación” , sin parlamento, no hay leyes impositivas.
Faltaba la ratificación electoral de esa derrota oficialista. Adelantaron su propia muerte, al adelantar las elecciones: quizás fue la única decisión sabia que tomaron desde 2005. Ahora ya se discute sobre lo vale la pena discutir : el diseño de la Argentina del Siglo XXI, no la disputa con un Régimen Tumultuario en retirada.
La democracia Republicana acaba de dar un gigantesco paso, aunque sus personajes no nos convenzan. Acaso la Historia a veces opera a través de mediocres. Mucho mejor es tener mediocres cumpliendo la ley que brillantes desafiándola todos los días.

2 comentarios:

Mariano T. dijo...

Tal vez en un tiempo nos demos cuenta que todos los que luchamos en el 2008 hicimos historia.
Felicitaciones y a ponerle pilas al blog, esteban!

esteban dijo...

Gracias Mariano.Hace mucho que sigo tu "patria chacarera",donde aprendí muchas cosas sobre el agro y sus problemas

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