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martes, junio 30, 2009

Unas reflexiones postelectorales

- Los Kirchner empezaron a morir antes del conflicto con el campo. Fue su proyecto desmesurado de sucesión matrimonial el que consumó su divorcio con la clase media urbana. Este pais no puede ser gobernado sin la clase media urbana, mucho menos “contra” la clase media urbana. Recordemos las chicanas de Anibal Fernández contra “los porteños, que siempre votan a espaldas del país”.
Pero ese año, 2007, llegaron a la cúspide sin ver los ominosos signos de su caída.
Para decirlo con los datos de encuesta: si en marzo de 2007 solo un 30% era pesimista y solo un 30% criticaba al gobierno, hacia julio de 2007, antes de las elecciones presidenciales, ambos relojes se pusieron en 50%: solo la mitad era optimista y solo la mitad apoyaba al gobierno.
En las elecciones presidenciales ganaron, pero lo que no vieron es que en ningún centro urbano de la region central del pais (Rosario, o Rio Cuarto,o Bahia Blanca, o Capital Federal) Cristina obtuvo más de la tercera parte de los votos. Solo arrasaba en el GBA y en el interior profundo de la Argentina. No se puede gobernar ninguneando a la población urbana, la más dinámica e informada de un pais.

- Desde la omnipotencia de los resultados de esa elección -que bien analizados mostraban ya el germen del desastre-se dispusieron a gobernar por otros doce años más, de manera alterna EL-ELLA-EL-ELLA.
Entonces comenzaron a generar los recursos necesarios para garantizar semejante proyecto. Por que un proyecto a 12 años- o más, con alguna oportuna modificación de la Constitución- requiere mucha Caja, mucho efectivo para sembrar de oportunas obras las lealtades de gobernadores e intendentes y para mantener a la clientela satisfecha.
Para eso se necesita una filosofía práctica, según la cual todo hombre tiene su precio, todo gobernador, legislador, intendente cede -no a la seducción, al carisma de un líder- sino que “billetera mata seductor”, “plata mata ideas”.

¿Dónde buscar los recursos? En la abundancia de una Soja de precios crecientes. El proyecto del Superministro Moreno fue aplicarles a los agricultores directamente un impuesto del 63% fijo, independientemente del precio: confiscación socialista al viejo estilo. La Resolución 125 fue el “mal menor” que el ministro Lousteau encontró para tabicar el proyecto confiscatorio.
El resto es historia conocida: como toda Revolución, la movilización de todo el campo para evitar el impuestazo compulsivo e inconsulto se hizo de forma inédita, con aliados nuevos, hasta ayer enfrentados, con métodos innovadores y con apoyos impensados.
Para mayo de 2008,solo el 30% aprobaba al Gobierno, solo el 30% era optimista sobre el futuro.
Llegó el voto no positivo de Cobos y, sobre todo, llegó el autismo, la negación de la realidad ,la lectura sesgada de encuestas, la exigencia de los colaboradores de “armarle a Nestor” un “Diario de Yrigoyen” con encuestas falsas.

-La fantasía electoral (adelantamiento de las elecciones, candidaturas testimoniales, presentación de un ex Presidente como simple candidato a Diputado, etc.) fue un desesperado intento de ocultar lo inevitable: la derrota debida al divorcio de la pareja presidencial con sus votantes de 2007.
En este contexto ,las encuestas – mi ámbito profesional- han desempeñado un papel sobredimensionado y patético.
Hay dos formas de mentir con las encuestas: una grosera, que consiste en NO HACER ninguna encuesta, olfatear un poco, inventar unos resultados favorables “al Jefe” y salir a publicarlos en Página 12.
La solución: no publicarle nada a personajes de este tipo.
Otra, más sutil, es manejarse con “ponderaciones”, tratando conciente o inconcientemente de ajustar la muestra a una realidad que se quiere producir. No son mentirosas, pero presentan serias dudas metodológicas.
La solución: exigir siempre la publicación de los resultados “en crudo” –o sea sin ajustes por sexo, edad, educación, voto anterior, etc. junto con los resultados “ponderados”. Y diferenciar claramente esos resultados de las “proyecciones”- fértil campo imaginativo que siempre favorece al cliente: suponer tal o cual comportamiento de los indecisos, de los votantes poco firmes, etc.
No más “proyecciones”.

- Pero en esta ocasión se superaron todos los límites, con un Néstor Kirchner exigiendo que se publiquen solo encuestas que lo den ganador por más de 7 puntos, encuestadores reemplazando la voz oficial en el momento del escrutinio, cuando la noche les cayó, etc.
Nunca más.
La encuestan deben dejar de ser instrumentos de campaña y remitirse a ser solo una fuente más, una herramienta más, para medir imperfectamente los complejos fenómenos de la decisión humana.
Creer que se puede acertar “en los decimales”, es como exigirle a los economistas que nos digan el valor de la Soja dentro de dos meses. Nadie lo pretende, solo se intenta conocer “tendencias generales”.
Pero en las elecciones nadie quiere “tendencias generales”: los operadores de campaña quieren que el diario publique “A le gana por 11,73 puntos a B”, (dos decimales da más imagen de científico que solo uno, no?)
Hay que rehuir ese rol de falsos profetas. ¿O no alcanza con medir la confianza general en el gobierno, la imagen de partidos y candidatos, los temas que más preocupan, los atributos de cada uno de los candidatos, los objetivos a cumplir, etc., o sea todo el rico material imprescindible para armar un discurso y proponer una campaña en sintonía con los votantes?
¿Es poco trabajo eso?
Esta claro, hoy en Argentina, que las encuestas que se publican no son creíbles: hay que volver al anonimato, al trabajo serio y sin presiones del cliente, como un médico que hace su diagnóstico más allá de lo que quiera el paciente.
Solo así se le podrá devolver prestigio y credibilidad a un método falible como toda empresa humana, pero imprescindible para entender la realidad.

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