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viernes, marzo 09, 2007

Judíos españoles: gloria y caída

“Se alimentaba de sus lágrimas y crecía al compás de sus desastres”
José Amador de los Ríos



Matanzas de judíos en España y Portugal

Por José Amador de los Ríos, “Historia Social , Política y Religiosa de los judíos de España y Portugal”, Madrid, 1875


Zaragoza
1039
Política y aversión de raza

Granada
1066
Política y espíritu de raza

Toledo
1108
Efecto de la batalla de Uclés

Castrillo
1109
Muerte de Alfonso VI

Sevilla, Córdoba, Valencia
1148
Fanatismo de los Almohades

Toledo
1163
Asonada popular

Toledo
1180
Sacrilegio atribuido a los judíos

Toledo
1212
Codicia de los cruzados francos

Pamplona
1277
Rebato militar

Gerona
1285
Tumulto militar

Tierra de campos
1295
Tumulto religiosos-popular

Turela
1321
Invasión francesa

Estella, Tudela, etc.
1328
Hostigacion del fanatismo clerical

Murviedro (Aragon)
1348
Tumulto militar

Toledo
1355
Guerra Civil

Najera
1360
Guerra Civil

Miranda del Ebro
1360
Guerra Civil

Lisboa
1385
Invasión castellana

Rivadavia (Galicia)
1385
Invasión inglesa

Evora, Coimbra
1385
Invasión castellana

Córdoba, Sevilla, montoso, Ubeda, Villareal, Burgos, Valencia, Barcelona, Toledo, Lérida, Teruel, Palma, Palencia, Gerona
1391
Fanatismo religioso

Córdoba
1406
Codicia de los cristianos

Lisboa
1449
Odio popular

Sepúlveda
1468
Fanática venganza popular

Tolosa
1469
Ojeriza contra cobradores reales

Lisboa
1482
Odio y codicia populares

Reinos de Castilla y Aragón
1492
Decreto de expulsión



En un período de quinientos años la crónica de matanzas de judíos en España indica que hubo unas treinta masacres. Cada generación judía vivió o escuchó los terroríficos relatos de las matanzas de alguna aljama: en Córdoba o en Sevilla, en Toledo o en Gerona.

La pregunta es cómo convivían los judíos españoles con esa amenaza permanente.

El esquema de supervivencia de los judíos en España consistió en la búsqueda obsesiva de la imprescindibilidad: en la medida que mis servicios fueran imprescindibles para el rey, mi vida será respetada. Así, hubo judíos en cargos eminentes en todas las cortes españolas, cristianas o árabes: consejeros, administradores, médicos, financistas, científicos, poetas, cobradores de impuestos, comerciantes, fabricantes. Los judíos desarrollaban afanosamente todas las artes posibles a fin de ser consentidos, admitidos, tolerados, bajo el poder protector del rey… pero con el odio larvado del clero y el pueblo llano.


Dice José Amador de los Ríos, en su imprescindible “Historia Social , Política y Religiosa de los judíos de España y Portugal”, Madrid, 1875: “ Nada parecía faltar al pueblo de Judá para llegar al colmo de la prosperidad, haciéndola duradera. A la holgura que le daban su libertad civil y su libertad religiosa, veía unido el bienestar que le granjeaban sus riquezas. A los frutos que le ministraban el comercio y el cultivo de las artes industriales (..) agregaba las honras y distinciones que le conquistaban a manos llenas sus grandes empresas científicas y literarias, llevadas a cabo bajos los auspicios de reyes tan gloriosos como Jaime I de Aragón y Alfonso X de Castilla. Los judíos eran grandemente útiles al Estado, no solo porque administraban sus rentas con desacostumbrada inteligencia, sino también porque acudían a su sostenimiento con tantos y tales impuestos y subsidios, que no era en verdad fácil intento el de sustituir con otras, las crecidas rentas que aquellos constituían, ora respecto de los reyes y de los próceres, ora respecto de los prelados y de los cabildos catedrales. ¿Qué pudo pues, poner en contingencia tanta prosperidad, derribando tan alto poderío y disipando tantas riquezas?”


Durante siglos se elaboró un complejo sistema legal, económico y administrativo que se basaba en:

1- Sometimiento exclusivo de los judíos al poder real. Es decir, no debían rendir cuenta a poderes municipales o jueces locales.
2- Organización en aljamas o consejos a la cabeza del cual un magistrado judío actuaba como representante del Rey.
3- Regidos por leyes propias y juzgados por alcaldes judíos, siempre y cuando no fueran pleitos con cristianos o por agravios a la fe cristiana.
4- Aportes impositivos de las aljamas para el sostenimiento del Estado y la Iglesia.


Los reyes expresaban claramente el acuerdo de convivencia con los judíos, como esta “Pragmática de Juan II, tomando bajo su protección a los judíos y moros de su reino”(1443)
“ Os mando a todos e cada uno de vos que guardedes y amparedes a los dichos judíos y moros y a sus cosas y bienes , y no le hagan no consientas en hacer contra ellos ni contra ninguno de ellos levantamiento ni bullicio ni escándalo ni otro mal ni daño ni desaguisado alguno sin razón y sin derecho: puesto que los judíos y los moros son propios y cosa mía y de mi cámara.Yo los tomo y los recibo en mi guarda, y bajo mi seguro amparo y defensa real.
Si alguna persona hiciere lo contrario que le prendan los cuerpos, le secuestren todos sus bienes, y procedáis contra ellos y contra sus bienes con las mayores penas, así civiles como criminales, en que caen aquellos que quebrantan seguro puesto por su Rey y Señor natural.”


Los judíos eran los grandes proveedores impositivos de los gastos del reino. El propio Papa Honorio III lo reconoce en la Bula de 1219 , en la que se anula otra anterior que obligaba a los judíos a vestir en forma diferenciada: “…que algunos de ellos prefieren pasarse a los moros a andar de este modo con semejantes señales, haciendo además con esta ocasión conspiraciones y conventículos, de los cuales pudiera originarse al mismo rey, cuyas rentas estriban en gran parte sobre los mismos judíos, grave detrimento…”

De modo que…había que cuidar a “nuestros” judíos, desagradables pero útiles.



La gloria, a pesar de todo


El saber es la gloria
De Dios y de su gracia
No hay tan noble joya
Ni tan buena ganancia

Así reza una estrofa de Dom Sem Tob, rabino de Carrión, en su Elogio del Libro, escrito hacia 1360.
Nada era fácil para los judíos españoles, pero aun así se dieron el espacio para producir un pensamiento original y una rica literatura, como la de Sem Tov.
No fue el único.
En la Corte de Alfonso X, el Sabio, en Toledo, se congregó la crema de la intelectualidad judía proveniente de Córdoba, Sevilla y Lucena, hacia mediados del siglo XIII.
Como dice la Real Academia de Historia (1798) “ Era esta la vez primera que en tiempos bárbaros se ofrecía a la república literaria una Academia de Sabios, ocupados por el espacio de muchos años en rectificar los antiguos cálculos astronómicos, en disputar sobre los artículos más difíciles de esta ciencia, en construir nuevos instrumentos, en observar por medio de ellos el curso de los astros…”

Rabbi Jehduah Mosca Ha-Qaton tradujo los Lapidarios; Jehduah Bar-Mosseh ben-Mosca y Rabbí Isaac Aben-Zaqut Metolitolah produjeron sus Tablas Astronómicas; Rabbí Jehduah ha-Cohen, tradujo Ochava Sphera del árabe; se produjeron los Libros del Cuadrante, de la Piedra de la Sombra, del Relogio de Agua, obras de Rabbí Isaac Aben-Zaqut Metolitolah y tantas otras obras que distinguieron esa Corte de sabios.

También en el mundo árabe fue importante la presencia judía junto a los Califas.
Cuenta Amador de los Rios la deliciosa historia de Rabbí Abu-Joseph Aben-Hassdai, médico de la corte de Abd-er- Rahman III.
Doña Toda, madre de don García de Navarra y abuela de Sancho, conocido como el Gordo, se dirigió a Córdoba a solicitar una cura para el sobrepeso de su enorme nieto y apoyo para reponerlo en el trono de León. El Califa le ordenó a Abu-Joseph Aben-Hassdai que vaya a Pamplona a negociar el arreglo. Trabó este amistad con Sancho, el Gordo y lo convenció de que curaría su dolencia y de que a cambio del reino de Leon , deberían cedérsele al Califa diez fortalezas.
“ A todo se avino el desheredado-dice de los Rios- con tal de verse enjuto y vengado de sus próceres”. Pero el judío pedía que todos (nieto, tío y abuela) se dirigieran a Córdoba, a firmar el acuerdo.
“Había el Califa insistido particularmente en este punto , porque halagaba su vanidad el dar a su pueblo el espectáculo de una reina y dos reyes cristianos, que vinieran a posternarse humildemente a sus pies, para implorar el apoyo de sus armas.”
Convencer a Doña Toda de tamaña humillación no parecía empresa fácil.
“ Pero tal maña hubo de darse el ingenioso judío y tal habilidad desplegó respecto de la reina, que vencida al cabo toda repugnancia ante la seguridad del doble triunfo de la salud y del trono de su nieto, emprendió al postre aquella su viaje acompañada de los dos reyes(..) Fue su entrada a Córdoba un curiosísimo espectáculo para la muchedumbre y un verdadero triunfo para Abu-Joseph Aben-Hassdai. La Sinagoga entera de la capital mahometana había salido a recibirle: los ancianos, los sacerdotes, los gremios de mercaderes y de menestrales, todos le aclamaban como jefe y príncipe del pueblo hebreo(…) Decían los poetas hebreos: “Dios nos lo ha dado como caudillo: concediéndole el favor del Califa, éste le ha instituido príncipe, elevándole sobre todos sus ministros. Sin flechas y si espadas , por la sola eficacia de su elocuencia, ha arrebatado a los come-puercos fortalezas y ciudades”(…)
Cumplido por don Sancho el pacto establecido con el Califa, obtenía el judío colmadas albricias de Abd-er-Rahman, las cuales se reflejaban directamente sobre su pueblo, constituyendo esta edad unas de la épocas más bonancibles y de más grato recuerdo que alcanzó jamás en su dolorosa peregrinación por el mundo la raza proscrita”. Lo recordamos ahora.



La caída

El esquema de sobrevivencia acumulaba presión y cada tanto estallaba en sangre y fuego: los reyes protegían a los judíos hasta que la presión de las masas, azuzadas generalmente por clérigos o conversos fanáticos, o cualquier evento extraordinario (guerra, invasión, motín) quebraba el precario equilibrio y sobrevenía la masacre.

De las causas de matanzas enumeradas por Amador de los Ríos se destacan dos principales: el odio popular y las guerras civiles o invasiones. Es decir, cuando existía “normalidad”, cualquier pretexto podía desencadenar la matanzas. Pero cuando había guerra, era seguro que se produjera una masacre. En un caso todo dependía del azar; en el otro la suerte estaba echada desde el principio. Más allá de ello, y como principio general, en cuanto la autoridad real decayera, por disensiones internas, muerte del rey, guerra o invasión, más alta era la probabilidad de matanzas de judíos.

¿De qué eran acusados los judíos?

Nos enumera De los Ríos dieciocho acusaciones usuales: proselitismo de su doctrina, profanación de hostias consagradas, profanación de imágenes de Dios y la Virgen, irreverencias contra las ceremonias de Semana Santa, amasar hostias con veneno, sacrificio de niños cristianos, bebiéndoles la sangre, crueldad con sus hijos si estos imitaban a los cristianos, uso de veneno, cuando eran médicos, para dañar a sus pacientes, voracidad en la usura, uso de cautela y engaño, pronunciar diariamente tres maldiciones contra los cristianos, hacerse sacerdotes para profanar los sacramentos, infiltración entre las principales familias, y en las dignidades la Iglesia, la Universidad y los Colegios mayores, usurpación de apellidos ilustres, no creer en la religión del juramento, ejercitados solo en oficios viles, que gravitaban sobre ellos doce maldiciones y que los descendientes de los que echaron sobre si la sangre de Jesús traían al nacer manchada de sangre y pegada a la cabeza la mano derecha.



Prohibiciones

El Concilio de Elvira, en el lejano año 300 fija las primeras prohibiciones de y hacia los judíos:

- Prohibicion de casamiento con judios
- “Si algun clérigo o fiel comiere con judíos sea separado de la comunicación para que se enmiende”
-“ Si algún cristiano, teniendo mujer propia, cohabitase con judía o gentil, sea arrojado de la comunión”


Dice una bula Apostólica,

“ Que no pueden ser jueces ni arrendatarios ni recaudadores ni cogedores ni tasadores ni conductores de las rentas y los pechos y tributos y frutos de los bienes y cosas de los cristianos, ni pueden ser sus contadores ni procuradores ni mayordomos ni gestores y negociadores ni medianeros ni corredores ni concertadores de desposorios ni tratadores de matrimonios ni tener con ellos compañía en ningún arte ni oficio, ni las judías ni las moras pueden ser parteras de las cristianas.”

Dice Don Juan II

“Así mismo en ningún tiempo de enfermedad ni de flaqueza los cristiano reciban de los judíos ni de los moros medicinas ni jarabes ni curaciones de llagas ni otra manera alguna de medicina, ni coman ni beban con los judíos ni los moros, no los reciban en sus convites, ni moren en uno con ellos, ni bañen en uno con ellos, ni puedan ver ama cristiana para criar a sus hijos, ni tener servidor continuo cristiano en su casa, ni en su heredad. Y que los judíos y los moros traigan habito distinto y señales públicas en todo lugar por las cuales puedan ser reconocidos de los cristianos, que moren apartados en cierto circuito y lugar.


Sigue Don Juan II

“Pero de esto no se sigue que les sea vedado ni entredicho poder contratar y comprar y vender y cambiar otras cualesquiera mercaderías y cosas entre los cristianos y con ellos, ni que les sean vedados oficios y menesteres bajos y serviciales así como traperos y plateros y carpinteros y tundidores y albañiles y condidores y zapateros y cortadores y albarderos y sastres y jubeteros y fresneros y herradores y peleteros y cambiadores y cesteros y esparteros y alcalleres y joberos y silleros y cabestreros y perailes y las otras obras mecánicas y oficios y menesteres bajos y serviles.”


A partir del siglo XIV el equilibrio se rompe: hubo cada vez más ataques (en ese siglo hubo matanzas en diez ocasiones distintas, incluyendo el holocausto de 1391, un golpe feroz y simultaneo contra las juderías de casi todas las ciudades españolas) cada vez más invectivas desde los concilios provinciales y los reyes eran cada vez más débiles y menos capaces de refrenar las agresiones contra los hebreos.



1391

1391 constituye la mayor matanza de judíos del mundo hispánico, uno de los primeros genocidios de la historia, una formidable muestra de locura y estupidez colectiva, de codicia desenfrenada, autodestrucción e irracionalidad.
Nunca tuve yo noticia de ese año trágico: ni como judío, ni como estudiante de Sociología, ni como residente en España durante varios años. Nunca supe la desmesura, la violencia sanguinolenta, la rapidez con que el mal, en manos de la muchedumbre española, se ensañó con la comunidad judía. Los estudiosos del mal, los expertos en analizar la desmesura del crimen de masas harían bien en estudiar y enseñar qué fue el año 1391.

La muerte de Juan de Castilla en 1390 generó un estado de permanente inestabilidad política, en el cual la autoridad real era cuestionada a todas horas.
Las multitudes eran ya ingobernables. Algunos provocadores como Terran Martínez excitando a la gente, calentaban la caldera. El 15 de marzo de 1391 estalló .
“El hierro, el saqueo y el incendio, degollaban, aniquilaban y destruían- cuenta Amador de los Ríos- con prodigiosa rapidez cuanto se oponía al paso de la furiosa muchedumbre (..) Más de cuatro mil judíos perecían al furor del fanatismo (…) yerma en su mayor parte la Judería y reducidos a escombros sus mas notables sinagogas y edificios, desvanecíanse como el humo las riquezas laboriosamente allegadas en tantos siglos…”
Siguió Córdoba, contagiada de sangre: en pocas horas se desmoronaron siglos de trabajo acumulado. Dos mil cadáveres se contaron en las calles cordobesas.
El contagio siguió imparable por Montoso, Andujar, Jaén, Úbeda, Ciudad Real, Huete, Cuenca, Segovia, Valencia, Barcelona, Palma, Lérida, Gerona, Burgos, Logroño, Zaragoza, Huesca, Teruel, Palencia, León…
Cincuenta mil judíos encontraron la muerte por fuego, cuchillo, palo o piedra ese año de 1391, olvidado ya. Imaginemos cincuenta mil personas asesinadas en cinco meses, en una era en la que la población total de España era de pocos millones…150.000 judíos abandonaron España en 1492: un siglo antes, entonces, una tercera parte de la comunidad judía fue asesinada en esas jornadas.
Pero el efecto demoledor, no fue solo humano: toda la economía española sufrió un golpe del que quizá nunca se recuperó.
“ Cegados por el bárbaro furor del fanatismo ; aquejados por la sed de oro(…) no reparaban los españoles del siglo XIV en que, destruyendo de un golpe todas aquellas fuentes de la pública prosperidad y riqueza, quebrantaban por extremo las fuerzas del Estado, haciendo a sus hijos la fatal y triste manda de cargar exclusivamente sobre sus hombros las obligaciones, antes compartidas con la activa y laboriosa prole de Judá.(…) Los rendimientos generales de la corona, las rentas de los magnates, las temporalidades de los obispos y cabildos, los tributos asignados a las Abadías y a las Ordenes militares, todo decaía, se aniquilaba o reducía a la nulidad, desapareciendo crecido número de obras piadosas fundadas sobre la capitación judaica, quedando multitud de huérfanas, viudas y monasterios de monjas desposeídos de sus pensiones o privilegios sobre las aljamas rabínicas”

Sigue De los Ríos: “Abrumados bajo el peso de injustificable y ruda persecución; despojados de sus riquezas, que o había tragado el fuego o había hecho suyas la codicia de la muchedumbre; desheredados por reales pragmáticas y bulas pontificias , hasta del ejercicio de las artes y oficios que habían constituido su industria y dado pábulo a su comercio- arrastraban los judíos españoles en el suelo ibérico por otro siglo más aquella desdichada existencia. El edicto de 1492 los sorprendía en medio de tan deshecha borrasca…”


1492

Vale la pena transcribir, aunque sea parcialmente, el Edicto de expulsión de los judíos , firmado por Isabel y Fernando, obra maestra de cinismo y maldad del Poder en acción.
“ Nos fuimos informados que hay en nuestros reinos algunos malos cristianos que judaizaban de nuestra Santa Fe Católica, de los cual era mucha culpa la comunicación de los judíos con los cristianos. En las Cortes que nosotros hicimos en la ciudad de Toledo en el año pasado de mil cuatrocientos ochenta, mandamos apartar los judíos en todas las ciudades, villas y lugares de nuestros reinos y señorías, dándoles juderías y lugares apartados en donde viviesen en su pecado, y que en su apartamiento se remorderían; y además hemos procurado y dado orden como se hiciese Inquisición en nuestro reinos y señoríos, la cual como sabéis hace más de doce años que se hace y por ella se han hallado muchos culpables, según es notorio, y según somos informados de los inquisidores y de otras muchas personas religiosas, eclesiásticas y seglares, y consta y parece ser tanto el daño que a los cristianos se sigue y ha seguido de la participación, conversación o comunicación que han tenido o tienen con los judíos, los cuales se precian que procuran siempre por cuantas vías y maneras pueden , de subvertir a Nuestra Santa Fe Católica a los fieles, y los apartan de ella y los traen a su dañada creencia y opinión, instruyéndoles en las ceremonias de su ley, juntándose, procurando circuncidarlos (!) a ellos y a sus hijos… (uno imagina a los judíos, diezmados después del genocidio de 1391, casi sin bienes, abandonados de toda protección real, perseguidos por la Inquisición dedicándose a ganar adeptos y practicando circuncisiones a diestra y siniestra)…dándoles libros por donde recen sus oraciones, declarándose los ayunos que son de ayunar y juntándose con ellos para leer y a escribirles las historias de su ley, notificándoles las pascuas antes que vengan, (…) lo cual consta por muchos dichos y confesiones, así de los mismos judíos como de los que fueron engañados y pervertidos por ellos: lo cual ha redundado en un gran daño y detrimento y oprobio de Nuestra Santa Fe Católica (..)
Por eso Nos acordamos mandar salir a todos los judíos de nuestros reinos, que jamás tornen, ni vuelvan a ellos ni a algunos de ellos; y sobre ello mandamos dar nuestra Carta por la cual mandamos a todos los judíos e judías de cualquier edad que sea, que viven y moran y están en dichos reinos (...) que hasta en fin de este mes de julio salgan con sus hijos e hijas y criados y criadas y familiares judíos, así grandes como pequeños, de cualquier edad que sean y que no osen tornar a ellos de viniendo ni de paso, ni de otra manera; so pena que si no lo hiciesen o cumpliesen así, y fueran hallados estar en dichos nuestros reinos y señoríos o venir a ellos de cualquier manera , incurran en pena de muerte y confiscación de todos sus bienes para nuestra Cámara y fisco(..) Y mandamos y defendemos que ninguna ni algunas personas de los dichos nuestros reinos , de cualquier estado, condición y dignidad que osen recibir, ni reciban ni acojan ni defiendan ni publica ni secretamente judío ni judía, pasado todo el mes de julio en adelante, para siempre jamás, en sus tierras y en sus casas (…) so pena de perdimiento de todos su bienes, vasallos y fortalezas y otras herencias.”

Ciento cincuenta mil judíos dejaron para “siempre jamás” su solar español.


Juicio al Edicto, por José Amador de los Rios

1) Que lejos de que sea lícito suponerle dictado a sobre hora, es por el contrario efecto natural de la no dudosa e intransigente opinión del pueblo cristiano, en mil formas y conceptos pronunciada desde principios del siglo XV, respecto del pueblo judío
2) Que, aun dada esta indudable influencia, constituye el Edicto un acto de verdadera dictadura, con anulación de todas las leyes protectoras y de tolerancia que a los hebreos concernían, y con menosprecio de las Cortes del reino cuyas prerrogativas y derechos sin duda lastimaba
3) Que juzgado con relación a las especiales circunstancias de actualidad, no favorecía al noble y elevado carácter de los Reyes católicos, quienes parecieron olvidar, al dictarlo, cuanto obligaba la lealtad de aragoneses y castellanos, no menos que los más elementales preceptos de la moral, ofendidos por su ingratitud para con los judíos.
4) Que fue en efecto el decreto del 31 de marzo grandemente desastroso para el comercio, la agricultura y no pocas artes industriales, como lo fue también para la población de España, produciendo en consecuencia una perturbación altamente nociva en el creciente desarrollo de la nacional cultura.
5) Que si bien habían sido de mucho efecto los servicios tributados en letras y ciencias a la civilización ibérica por los hijos de Judá, no fue en lo relativo a este doble concepto tan dañosa su expulsión, y sí del todo indiferente para las bellas artes, de que sustancialmente carecieron.




Por fin, culmina De los Rios
“ Fue la vida del pueblo hebreo entre nuestros mayores, vida de pruebas y de conflictos, como es difícil discernir, que en medio de tantos sinsabores e infortunios desplegó pacientísima y muy superior perseverancia a la que era de esperar de fuerzas humanas , no pareciendo sino que se alimentaba de sus lágrimas y que crecía al compás de sus desastres.”

De todo esto poca noticia nos ha llegado. A pesar de ser hijos de España, jamás en nuestras escuelas se ha contado esta historia, jamás se nos ha dado a leer la maravilla de Sem Tob, que transcribíamos arriba, ni noticias de las obras de los sabios de la corte de Alfonso X, ni las picardias de Rabbí Abu-Joseph Aben-Hassdai…
Como si un brazo ignorara al otro, como si la cultura española pudiera desembarazarse de mil años de presencia activa de los judíos. La limpieza étnica del Edicto de 1492 siguió operando durante siglos, hasta hoy, en que toda una tradición se oculta, se escamotea de planes de estudio, de seminarios, de cátedras, de columnas dominicales. Para nosotros, la cultura judía creada en España es un agujero negro, un vacío, una lejana melodía sefardí cantada por Dina Roth, pero poco más. Es hora de descubrir esos tesoros.

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