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sábado, agosto 12, 2006

La duda

Decíase que la realidad era un conjunto de materiales netamente diferenciados, a saber: el adentro del afuera, el antes del después, el odio del amor, la muerte de la vida. En ese mundo neto, las cosas eran, entre las personas también netas , fuertes y claras: amo y esclavo, rey y súbditos, sacerdote y fieles, hombre y mujer.

En ese mundo duro de cosas y relaciones claras y permanentes poco lugar había para la duda. Dudar era poco menos que una traición y merecía escarnio y burla, cuando no lisa y llana tortura en el potro y decapitación aplaudida por las gentes.
Bajo la realidad neta, se sabía, habitaban monstruos y dioses pérfidos, a los cuales solo el Sumo Sacerdote sabía apaciguar con la entrega de vírgenes u otras ofrendas. Los campesinos, cosecha a cosecha, debían ceder buena parte de sus granos a los recaudadores del Rey Dios.
Todo funcionaba, así, de maravillas. Cada tanto el reino era atacado por celosos vecinos y durante una generación la guerra se reinstalaba en el país. Morían en ella multitudes sobrantes, con lo cual el equilibrio entre cosechas y estómagos se reestablecía, a dios gracias.
Retornaban así las claridades de la vida. Las viudas enterraban a sus esposos y a sus hijos, le rezaban al Rey Dios y agradecían la Victoria del reino.

Así era todo. Pero aquí y allá, a veces en invierno, otras en verano se oían unos crujidos. Como unos resquicios, unas grietas pequeñas pero tozudas, insistentes.
Hoy era la responsabilidad por el otro, mañana poder tener comunicación directa con la divinidad, sin el monopolio del rey, incluyendo un dia único para ese contacto sabático. Luego también la instauración del diálogo como partero de la verdad, la duda razonable, el planteo de teorías, la certera geometría y sus leyes eternas, la visión de la realidad como mundo a explorar, la idea de que la gente puede razonar y elegir a sus gobernantes, viajar y romper así el estrecho mundo de aldea. Entonces, la idea de que se puede medir el territorio, el poder y la riqueza; el experimento y la comprobación como criterio para llegar a la verdad y luego: telescopios, microscopios, maquinas de vapor, aparatos, herramientas, análisis de la química de la vida, leyes de herencia, evolución de las especies, física atómica, inconciente, historiografía, arqueología, volar, sumergirse, sufragio universal, democracia, investigación, arte, transgresión, audacia, televisión, libertad, desafío, computadoras, rock, Internet, MP3.

Y entonces, ominosa y amenazante, estalla la nostalgia armada de quienes quieren retroceder hasta quedarse sin dudas, en un mundo de buenos y malos, de fieles e infieles, de hombres y mujeres, santos y demonios, adentro y fuera, un duro y neto mundo. Mundo pobre.

2 comentarios:

Nora Rabinovich dijo...

Maravilloso cuento, Esteban. Con cuánta sencillez, con qué pocas palabras, pusiste en acto el eterno conflicto de la humanidad: el vaivén entre la comodidad de "las cosas claras" y el desafío de crear, descubrir y modificar lo ya creado y descubierto, usando la libertad de criterio.
Pocas palabras para tanta verdad.
Te felicito

Nora Rabinovich dijo...

Maravilloso cuento, Esteban. Con cuánta sencillez, con qué pocas palabras, pusiste en acto el eterno conflicto de la humanidad: el vaivén entre la comodidad de "las cosas claras" y el desafío de crear, descubrir y modificar lo ya creado y descubierto, usando la libertad de criterio.
Pocas palabras para tanta verdad.
Te felicito

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