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jueves, junio 30, 2005

Mitigar (tanta pena)

La Dirección General de Espacios Verdes tiene un Plan denominado “Plan de mitigación de arboleda urbana en situación de riesgo”

Mitigar, mitigar...no me suena como sinónimo de podar, no?. Consulto al diccionario de la RAE:

mitigar.
(Del lat. mitigāre).
1. tr. Moderar, aplacar, disminuir o suavizar algo riguroso o áspero.


Podría llamarse el Plan, entonces

“Plan de moderación de la rigurosa o áspera arboleda urbana en situación de riesgo”
“Plan de disminución de la rigurosa o áspera arboleda urbana en situación de riesgo”
“Plan de suavización de la rigurosa o áspera arboleda urbana en situación de riesgo”


Está claro que el GENIO que quiso ganar puntos en su carrera denominando ampulosamente “Plan de Mitigación” a un simple Plan de Poda cometió varios atropellos: al sentido común, al lenguaje, a la comunicación social.
“Estoy mitigando la arboleda” me respondió el modesto trabajador municipal mientras trepaba en frágil escalera hacia las Tipas monumentales, dispuesto a mitigar tanto dolor: sierra en mano, las ramas eran violentamente mitigadas y caían aparatosamente al suelo. Eran ramas en situación de riesgo de morir, y , efectivamente morían aserradas, sin nadie que mitigue su dolor.
Crecía mi pena de vecino acongojado por tanta muerte, y nadie mitigaba mi dolor. Ni siquiera el Coordinador del Plan de Mitigación de arboleda urbana en situación de riesgo se atrevía a mitigar mi llanto.

La triste Plaza Sobral, ya despojada de verde césped, arrasada, ahora vería mitigar su arboleda en riesgo de ser asesinada : los asesinos de ramas ahora se llaman mitigadores de arboleda.
Se podría extender el concepto.
Por ejemplo: el Plan de Mitigación de Poblaciones Inferiores en situación de Riesgo. Es un humanitario Plan de separación de etnias disidentes, puesto en práctica con éxito en Bosnia y en Ruanda. Se trata de mitigar (disminuir, moderar) el número de personas pertenecientes a etnias riesgosas como Hutus o Bosnio-musulmanes.

La lógica burocrática es la misma, acá y en China, ahora y en 1235. Las palabras se disfrazan , mitigan su letal significado: “solución final” (Holocausto); “traslados de prisioneros” (arrojar subversivos al Río de la Plata); “daños colaterales” (Bombardear población civil); “Plan de mitigación” ( Destrozar arboles sanos ).
El mismo burócrata que firma sin que le tiemble la mano “Procédase a mitigar la arboleda de Plaza Sobral”, puede firmar sin que le tiemble la mano “procédase al traslado de detenidos”. El lenguaje burocrático lo protege, lo aleja de cualquier responsabilidad, reviste con trajes pomposos sus prácticas letales o ruines. Lo pone a salvo de cualquier brote de “culpa” , de cualquier atisbo de “conciencia”.
El colmo llega cuando la palabra retorizada no solo encubre sino que intenta significar exactamente lo contrario de lo que provoca: es el Ministerio de la Verdad, dedicado a la destrucción de documentos comprometedores, puesto en marcha no solo en la cabeza de algún novelista sino ejecutado por Ceasescu en la Rumania protohumana de 1970.

La Dirección General de Espacios Verdes tiene un Plan denominado “Plan de mitigación de arboleda urbana en situación de riesgo”. Sabemos ahora que se trata del
Plan de cercenamiento de árboles sanos, a cargo de la Dirección general de Espacios Yermos
Hablemos claro.

martes, junio 28, 2005

Mi abuelo y el Presidente

La historia es así: mi abuelo Samuel Mordcovsky le cosía los trajes, jacquets y fracs al Presidente Alvear.
Qué asunto menor y sin importancia, dirán algunos. Para mí es absolutamente extraordinario y significativo. Primero, porque no es cosa de todos los días vestir al hombre más importante - y elegante- de la Argentina de 1925. Segundo, porque me acabo de enterar. O sea que esta pequeña anécdota estuvo olvidada en la familia durante 75 años... y ahora quiero exhumarla como a una preciosa pieza arqueológica, encontrada en el jardín de mi propia casa.

Marcelo Torcuato de Alvear era una especie de leyenda de una Argentina que había deslumbrado a mis abuelos, junto a los millones de inmigrantes rusos, italianos o gallegos que desembarcaban mes a mes. Era increíblemente rico, de la familia más patricia del país, elegante, deportista (tiro, natación, box), juerguista, y sin embargo, cercano a los problemas de la gente común, como que fue dirigente fundador del Partido Radical. Persiguió a su amor, la cantante de ópera Regina Paccini por media Europa, gastándose la fortuna en una insensata cacería que duró de 1898 hasta 1906. Su regalo de casamiento fue el “ Manoir de Coeur Volant”, residencia en las afueras de París, vendida en los años 30 al pretendiente al trono de Francia, el Conde de París. Poca cosa.

Samuel Mordcovsky llegó a la Argentina en 1911, escapando de la miseria de Besarabia y de la certeza de cinco años de servicio militar forzado en los regimientos del Zar. Era sastre; había aprendido el oficio viviendo como aprendiz en la casa del maestro.
Su paisano, Chernobilsky, amigo, compañero fraterno de desembarco, con visión para los negocios, instaló con los años una sastrería en Barrio Norte, en la calle Cerrito, y contrató a destajo a Samuel, como oficial sastre. Su olfato comercial y buen gusto le atrajeron una clientela distinguida, entre la que se contaba el Presidente.
Samuel trabajaba, entonces, para la sastrería de su paisano. Las telas ya le venían cortadas; él tenía que unirlas, coserlas, dar forma definitiva a aquellos lujosos jacquets que Alvear luciría admirablemente en galas, veladas de ópera, agasajos o celebraciones. Para eso pasaba la aguja una vez, tomaba la plancha- calentada en el brasero- y afirmaba la costura. Volvía a pasar la aguja, y nuevamente la plancha, punto a punto, con infinita paciencia. Así producía esas maravillosas prendas que valoraba, ni más ni menos que Don Marcelo, el Presidente, “conoisseur” de la alta costura parisina.
Había que entregar la mercadería, llevarla con sumo cuidado. Así fue como Rosita- mi mamá- y su hermana Sarita, llevaban periódicamente la carga preciosa a la sastrería: los trajes, sobretodos, fracs y jacquets para el Presidente Alvear. Se vestían primorosas, salían de la calle Monte Egmont, en Villa Crespo, tomaban algún tranvía por Triunvirato (hoy Corrientes) hasta las cercanías de Cerrito y Juncal, y entregaban el paquete a los dependientes de la sastrería.

Bien. Me gustaría escribir un cuento, una absoluta invención sugerida por esta historia real, y hacerla ficción. Quisiera darle forma, consistencia, vuelo; transformar sus partes sueltas en una pieza bien armada, juntar los pedazos, coserlos con cuidado, pasarle la plancha de la edición, con infinita paciencia, como hacía mi abuelo Samuel, y lograr así que luzca como un frac para Don Marcelo Torcuato de Alvear.

sábado, junio 18, 2005

El Regresismo

El Progresismo se ha transformado en Regresismo. Ha bajado las banderas del progreso (recordemos: la luz de la Razón, contra el oscurantismo; el ciudadano frente al súbdito; la ciencia frente a la brujería; la solidaridad contra el egoísmo) y ha asumido que éste ya no es posible, que la democracia es una quimera inalcanzable, un malentendido. Que no quedan valores por defender, causas que reivindicar. Han ganado los malos y hay que reconocerlo, nos dice el Regresismo.
La primera que abandonó el Progresismo fue la izquierda: stalinista, maoista, castrista o troskista, toda terminó administrando burocracias reaccionarias y ahora- bajo las faldas de Bin Laden- intenta recrear el mito de la revolución...regresiva y fundamentalista.
Quedaba el progresismo “ intelectual”: pensadores, filósofos, periodistas. Pero han tirado la toalla. Emprenden el regreso. Arrían toda bandera y nos dejan solos. Bravo.
Libertad con responsabilidad, Justicia social con libertad, desarrollo económico con ética, son las tareas que han abandonado, los dilemas que no han podido resolver.
Ahora queda solo un mundo que nos ofrece o la libertad anárquica de los piquetes y escraches, o la voracidad de los negocios y la corrupción. Un mundo inseguro, sin ética, sin justicia y sin libertad. Ellos colaboraron en crear esa derrota.

martes, junio 07, 2005

Un premio

Los invito a leer mi cuento Un destino en la planicie, reciente ganador del 3er. Premio Concurso Audiolibro de Literatura Infantil. Gracias

jueves, junio 02, 2005

(Escrito en 1992)

A veces es bueno releer los viejos textos y comprobar que uno cambió mucho, pero el mundo, esencialmente, sigue igual...Acá traigo uno que escribí en 1992



Minimalismo


¿Recuerdan a los maximalistas? Creo saber que así se denominaba a una especie de fundamentalistas de la Revolución, empeñados en recordar(nos) que fuera del Todo no había nada. El Todo era la excusa que los convocaba para impedir, boicotear, obstruir cualquier reforma, mejora o ayuda destinada a los pobres. Todo programa debía ser de máxima, toda reforma, puramente circunstancial y destinada a la acumulación de fuerzas para la Revolución, el Todo que nos esperaba al final del camino.
En mi Facultad abundaban y era divertido verlos oponerse, por ejemplo, al uso de carteleras que el Decanato destinaba a las agrupaciones, en nombre de la pureza de la revolución. O insistir en que el problema de horarios de la materia Tal debía inscribirse en la lucha internacional encabezada por los mineros bolivianos, o los choferes peruanos...
El más mínimo y pueril conflicto con un ayudante o con un bedel, debía inscribirse en el Todo, a riesgo de ser pura basura reformista.
Bueno, ellos pasaron por la Historia y casi nadie los recuerda. Creo que algunos editan todavía extraños pasquines hallables en alguna librería de Calle Corrientes.
Ahora, en verdad, me preocupan los minimalistas.
Como el Todo dejó de existir, se trata de aprender a convivir con la Nada. O, mejor dicho, con los infinitesimales fragmentos en los que el Todo se transformó a partir del Big Bang.
La Revolución, su idea, su mística, su teoría, sus mitos, sus canciones, sus libros, posters, películas, pancartas, gestos y gritos estalló en, digamos, los años ochenta. Sus fragmentos, mínimos, sobrevuelan el espacio infinito, confundiéndose, implicándose, copulando, con ideas tales como el autoconocimiento, el cultivo de plantas de balcón, las flores de Bach, la Conspiración de Acuario y el Asai Baba.
La Organización - el instrumento de la revolución, decían- se diluye en las redes, organizaciones informales, mínimas y acotadas. Ingrávidas y gentiles, diría algún poeta.
Mientras los minimalistas deciden dedicar los próximos veinte años a la búsqueda del mantra, el mundo se está de dedicando a los siguientes menesteres:
Crece el racismo, el antisemitismo, el tribalismo, el chauvinismo, el nacionalismo, la xenofobia, el aislacionismo... por lo tanto, el separatismo, la expulsión, el exilio, la guerra civil, el asesinato de inocentes.
Crece el pensamiento autoritario, fuerte, ejecutivo, viril, decidido, simple, esencial, directo, iletrado, sintético, frontal, brutal, violento, resolutivo, pragmático, primitivo, pasional, elemental.
Crece la aventura fujimorista, el desorden italiano, la desestatización menemista, el vacío de poder venezolano, la desestabilización colombiana, el escándalo brasilero, el aislacionismo de Ross Perot, el NO a la unidad europea, la fragmentación política de la ex URSS.
Crece el fundamentalismo islámico, el judaísmo ultra ortodoxo, el integrismo católico, el sincretismo afroamericano, el umbandá, los pastores radiales.
Crece el temor al SIDA, al Cólera, a la Hepatitis, sífilis, tuberculosis, y otras plagas medievales.
Crece el ruido, el mal olor, la contaminación, desertización ,erosión, tala de bosques, suciedad, basura, inundaciones, derrames de petróleo, escapes de gas letal, agujero de ozono, efecto invernadero, desaparición de especies.
Crece el hacinamiento urbano, la miseria campesina, la eterna pobreza de los pobres.
Crece la infamia cultural que transmite la TV, la música que se imita a sí misma desde hace veinte años, las películas de efectos especiales, las telenovelas venezolanas, Julio Iglesias y Loco Mía.


Pregunta. ¿Cómo vamos a rescatar del olvido a la razón, el buen gusto, los valores, el sentido común, el equilibrio, la solidaridad, entretenidos como estamos en ejercicios de minimalismo, de pequeños gestos autistas?
Atrapados entre la desintegración del Todo y la búsqueda de la Nada ahí andamos los de cuarenta años, dejando que el mundo nos abofetee todos los días.
A veces extraño a los maximalistas.

©1992

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