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sábado, octubre 22, 2005

Reediciones

El Blog avanza y los artículos anteriores van entrando en un tunel hasta que desaparecen. Cada tanto los rescato del olvido: se lo merecen.



Auschwitz: motivos para la memoria


Una recorrida por los foros de la web y los textos de diversos sites, me ha hecho reflexionar seriamente sobre el error en que viví hasta ahora.
Yo creía, ingenuamente, que se había cometido una tremenda injusticia contra los judíos durante la segunda guerra. Y creía que dicha injusticia la había cometido el régimen nazi y, debo confesarlo, creía también que dicha injusticia fue…comprendida, ¿avalada? por alguna parte del pueblo alemán. Esto último siempre revulsionó mi conciencia democrática, por que hasta cierto punto esto suponía una agresión, una acusación a una comunidad, un pueblo, exactamente lo mismo que yo condenaba en el caso de la matanza al pueblo judío. ¿No estaba yo matando al pueblo alemán al acusarlo de complicidad con el exterminio a los judíos? ¿No era yo, no en acto aunque si en potencia un exterminador, un antigermánico, un propiciador de la “solución final al problema…alemán”?
Es por eso que, cautamente, guardaba esos sentimientos.
Lo innegable para mi era que un régimen político, el nacional-socialismo, había imaginado, planeado, ejecutado y ocultado la más cruel, masiva y discriminada matanza de la Historia. Un plan siniestro que condenaba a la muerte por gas, fuego, hambre, frío o fusilamiento y por el solo hecho de pertenecer a una etnia, a todos sus miembros: hombres, mujeres, ancianos, niños, enfermos o sanos, locos o cuerdos, buenos o malos.
Una afrenta que la Humanidad no perdonaría jamás.

Qué equivocado estaba, por Dios!
En realidad las cosas no fueron así, las cosas nunca son fáciles ni claras, ni evidentes, nos insinúan ahora los bienpensantes.

Primero. ¿Existió tal masacre? Me dicen que es casi un invento, un imposible técnico: dilapidar tantos recursos en un plan tan inútil para la marcha de la guerra de Alemania contra los aliados. Exageraciones creíbles porque, en efecto, los judíos habían sido objeto real de persecución en la Alemania de la preguerra y no gozaban de la simpatía del régimen. Pero de ahí a pensar en un plan de exterminio, hombre!...
Lindo argumento. Casi lo compro. Me imagino así a todos los primos de mis padres y sus hijos y nietos vivos, felices, en algún lugar de Ucrania o de Moldavia, algunos llamándose quizás como yo, Stefan Lijalad o Carl Mordcovsky. Decenas de familiares desconocidos pululan en Europa del Este ingenuamente, sin saber lo preocupados que estamos los primos americanos por su suerte. Algo tontos los tipos ¿no? Pudieron habernos avisado ( “Estamos bien, vivos, todas mentiras aliadas…”), pero seguramente perdieron la agenda con los teléfonos.


Segundo. Si realmente ocurrió,¿ por qué exactamente debe ser condenado el régimen nazi? Muchos ven la cuestión desde un punto de vista diferente. Veamos.
Todo crimen es condenable, incluyendo el que cometieron los judíos asesinando a Cristo, o los que cometen a diario contra los palestinos.
Toda muerte, todo asesinato es condenable, sigue el argumento, independientemente de la cantidad de víctimas. En ese sentido, los asesinatos nazis son tan condenables como cualquier matanza (los asesinatos de los norteamericanos contra los indios, de los holandeses contra los indonesios o , nuevamente, la de judíos a árabes).
Toda muerte violenta es igualmente condenable: por ejemplo la que cometen millones de mujeres abortando.
En fin, no hay nada especial en el exterminio a los judíos que organizaron los nazis; forma parte del aciago patrimonio de la humanidad.
Por otra parte, los judíos asesinando a palestinos no se diferencian en nada de sus victimarios de ayer, así que TODOS ESTAMOS A MANO. Lamentable lo de Auschwitz, pero no muy distinto a Sabra y Chatila.

Ni la cantidad de víctimas ni los motivos son, entonces, argumentos válidos para condenar a los nazis.

¿Será posible, interrogo yo tímidamente entonces, condenar el método?: ¿No parece especialmente cruel tomar a un grupo de familias, por ejemplo, de la comunidad judía romana, en 1944, separar a hombres de mujeres y niños, meterlos en vagones de carga sin ventilación; hacer que sus excrementos se acumulen los cinco días de viaje; bajarlos en una estación gritándoles órdenes en un idioma incomprensible; separar a los que bajan en viejos y enfermos, y hombres sanos; llevar a estos últimos a hangares de desinfección, marcarlos, raparlos y mandarlos a sus cuchetas, mientras sus mujeres y niños no sufren ninguna de esas vejaciones sino que son introducidos sin mayores explicaciones en unos baños públicos para darles una ducha de desinfección, que termina con sus gritos bajo la lluvia de gas que sale de los grifos? ¿No hay algo DISTINTO, esencialmente prehumano o extrahumano en el sistema, en su planificación meticulosa? (Imaginemos al ingeniero encargado del diseño de las duchas, al químico buscando la fórmula del gas que más rápido acabe la escena de las duchas, a los constructores pensando en el modo más veloz de deshacerse de cientos de cadáveres, en fin). ¿No hay algo parecido al mal absoluto en el reciclaje de los muertos: pelos para hacer colchones, grasa humana para jabones, dientes de oro para el Tesoro del Reichbank?


Son estas, claro, solo preguntas de un ignorante de los vientos que corren.
Cada pueblo- nos insinúan- tiene modos de expresión y defensa de sus valores. El liderazgo nazi interpretó que el sentir de su pueblo era la limpieza étnica de Europa y ejecutó ese deseo oculto de generaciones germánicas. En un contexto como ese: ¿podemos juzgar a Hitler con nuestros valores de occidentales actuales?
“¿Y por qué vamos a hacerle (nos grita Izquierda Unida de España) el juego a los sionistas imperialistas masacradores de los palestinos? Que conmemoren “ellos” los sesenta años de la liberación de Auschwitz.”

Guau. Confieso que estos argumentos me dejan casi sin palabras para contrarrestarlos. Suenan casi ciertos. El problema es que son tan inmorales como sus autores, divulgadores, exégetas o promotores. Condenan al ser humano a un destino letal, amargo, seco como las órdenes de un Kapo del Lander, un destino que no vale la pena ni imaginar. Ocultan un cocodrilo enorme y cruel detrás de decenas de pequeños cerdos y nos dicen: “¿ven? Somos todos iguales! Que vamos a hacer, quizás algún día el Hombre mejore…Mientras tanto no les quitemos a los neonazis el derecho a la libre expresión. Y que los judíos dejen de rascarse la herida, porque, como dice Saramago, “YA no les tenemos más simpatía por lo que les pasó”

Qué tonto, yo.
Sigo creyendo que Auschwitz no es una anécdota cruel, un exceso, el caso extremo de una conducta común y habitual. Creo que fue un resultado de dos mil años de prédica antijudía desde el púlpito, de cientos de años de consolidación de una cultura xenófoba en la Alemania “antiliberal”, nacionalista y conservadora; de cien años de búsquedas de “soluciones finales al problema judío”, de cincuenta de los siempre populares “Protocolos de los sabios de Sión”; y por último creo que Auschwitz fue producto de una decisión implementada por el movimiento “ nacional y popular ” germánico, con apoyo del pueblo en su conjunto, en un delirante ejercicio de crueldad masiva, eficiencia e hipocresía.
Recordar sin pausa, siempre, como una letanía el horror nazi no es hacer el juego a ningún otro horror: es prevenirse permanente y constantemente, saber señalar que donde no hay límites, la conciencia civilizada debe ponerlos; saber que un pueblo puede asesinar a otro, que un niño puede ser convertido en jabón en nombre del interés de una nación, religión, raza o ideología.
Auschwitz nos obliga a repensar los límites de lo humano, ni más ni menos. Auschwitz no "le pasó a los judíos" como pretende Saramago: nos pasó a todos.
Creo, para terminar, que hay valores universales y que estos valores no pueden ser suspendidos por causas ideológicas, por razones de estado o “para defender la Revolución”.
Creo en la vieja -¡ oh ingenuo!- Declaración de Derechos del Hombre de 1789 porque creo en el Hombre, como proyecto. No creo que sea un ser absurdo que vino a matar o morir en Auschwitz, o en un Gulag, un campo de muerte de Pol Pot, en Bagdad o en las hogueras de la Inquisición, en las Torres gemelas, o en un campo de refugiados de Gaza .
Vino a ser un pequeño dios, un creador de vida - hijos, ideas, bienes-, un constructor de cada instante de su paso por la vida, angustiado siempre por la muerte que le espera al final del camino, pero aun así con fuerzas para el optimismo.
Ideas antiguas las mías.



Sr. Saramago:

Me gustaría lograr su simpatía. Ahora que usted ha declarado que “los judíos ya no merecen simpatía por lo que les pasó”, me pregunto cómo puedo hacer para lograr nuevamente su agrado. Qué puedo hacer señor Saramago. Me pregunto si mis hijas, medio judías ellas, tienen al menos la mitad de su simpatía. O si mi sobrina nieta, que solo tiene un 38 % de sangre judía merece o no su simpatía, Don Saramago. Que le digo a mi mamá, señor. Ella es 100% judía: 100% culpable, por lo tanto. Que mala eres mamá. Tu padre, ese socialista rumano, sastre, ya sabía yo que en algo raro andaba: era judío. Comía semillas de girasol, leía diarios en yiddish, no pronunciaba bien el español: era culpable. Pero, al menos, gozaba aún de la simpatía condicional de Saramago: estaba en los años de gracia, en los sesenta años de gracia que los judios consiguieron merced a los seis millones de muertos, desde 1940 al 2000. Cada millón de judíos asesinados sirvió para sumar diez años de crédito.
Pero se acabó el crédito: game over. Ya no merecemos su simpatía, má, ni la del resto de la Humanidad. Ahora lo dice un premio Nobel.

Sé que somos culpables, porque Usted dice: “YA no merecen simpatía, me agotaron, se me acabó la paciencia; en su momento, se la ganaron porque les pasó algo muy malo, pero no abusen de mi paciencia. YA no los soporto más, YA no merecen mi simpatía. Eran simpáticos porque fueron víctimas. Si no hubieran sido víctimas, no me serían simpáticos. Si quieren seguir gozando de mi simpatía, tienen que convertirse, nuevamente en víctimas. Así me gustan: tranquilos, amedentrados, sufrientes, pacientes, en fila hacia las duchas, así merecen mi simpatía. Ahora, en cambio, si son prepotentes, gritones, discuten, dicen malas palabras, tienen los odios de cualquiera, votan a horrorosos políticos de derecha; si son, simplemente humanos como los griegos, nigerianos, portugueses, los tucumanos o los iraquies: ahí ya se me acaba la simpatía.”

Sé que somos culpables, porque Ud.dice ”lo que les pasó” a los judíos. Es decir, a los judíos europeos de 1940 no le ”hicieron” algo terrible: algo les pasó, es decir, algo anónimo, un accidente quizás (pobre, le pasó de todo, le sucedió, tuvo un accidente, lo gasearon un poco, lo asesinaron levemente).”Algo”: no un plan premeditado, una solución final a un problema de dos mil años, abonada con miles de predicaciones dominicales, cientos de pogroms, expulsiones, discriminaciones, acusaciones, exclusiones, torturas bajo el potro de la Inquisición, humillaciones como el caso Dreyfus, durante veinte siglos, Señor Saramago.”Algo” les pasó: no tuvo obviamente nada que ver con el pueblo alemán, con alguna vieja inquina de los europeos, ni con una enfermedad de la Civilización. No,la matanza fue el extravío de un solitario loco, ayudado por el eficiente Eichmann. Sin que nadie lo supiera, de noche, en el sótano de alguna olvidada granja de Baviera, unos pocos locos mataron a seis millones de judíos (y un millón de gitanos, por añadidura).

Pero, eso es ya, Historia. Basta con esa historia:

“ los judíos arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar, para hacerla incurable, y la muestran al mundo como si se tratase de una bandera”(*)

El tema es, Sr. Saramago, que quiero su simpatía, la necesito. ¿Qué tengo que hacer?: por ejemplo declarar solemnemente que no soy sionista. Más aun, declarar que voy a luchar por que se termine el Estado de Israel. Luchar por todos los medios, incluso, por qué no, cometiendo actos heroicos, como volar un ómnibus lleno de familias, o un restorán repleto de oficinistas. Eso. Dígame don Saramago, que tengo que hacer. Usted que lo tiene todo tan claro, que desde su isla maravillosa observa los males del Mundo y cavila posibles soluciones. Necesito su respuesta. Me la puede mandar por email a estebancl@hotmail.com Gracias.

(*)Que malo es uno: podría cambiarse esta frase por- "Las madres de Plaza de Mayo arañan sin cesar su propia herida para que no deje de sangrar", con lo cual el empeño de "olvido" y "amnistía" que pregona Saramago para el Holocausto judío, justifica otros "olvidos", por ejemplo el de nuestro propio holocausto argentino...





El Manifiesto


Se empieza con el Prólogo de Sartre a “Los condenados de la Tierra”, de Fanon, publicado en 1961, y se termina admirando la implosión de las Torres Gemelas en 2001.
Es una línea clara, única, que nace de la belleza y fuerza del texto sartreano (quizás lo mejor que nadie escribió nunca sobre el sentimiento del colonizado frente a la opulenta Europa) , sigue con el propio texto de Fanon santificando la violencia del colonizado y desmontando todo argumento “democrático” por “cómplice” de la dominación colonial, y termina en la admiración a los condenados de la tierra ...convertidos en bombas humanas. Ya alguien ensalzó la estética del terror, admirando el avión engullido por la mega estructura, y vomitado luego en millones de fragmentos en los que se convertían tres mil personas- nuevos desparecidos- ante la mirada del mundo. Un homenaje a la nueva liturgia antiimperialista.

Ese prólogo es el auténtico “Manifiesto Tercermundista”; y tuvo la misma irrefrenable convicción que el originario de 1848, la misma belleza retórica (una enorme operación de seducción política a partir del uso supremo del lenguaje) y, quizás, el mismo efecto político: encantar a generaciones de revolucionarios, juramentarlos a integrarse a una secta de predestinados a salvar (nos), ajenos a cualquier seducción del Poder establecido. Un programa excitante para cualquier joven con energías, odio por los muros de los adultos y tiempo libre para leer los centenares de corolarios que se desprenden de los manifiestos fundantes.

“No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado.”
Así comienza el Manifiesto. Y sigue

“Lean a Fanon: comprenderán que en el momento de impotencia, la locura homicida es el inconsciente colectivo de los colonizados (...) el último reducto de su humanidad(...)No es su violencia, es la nuestra, invertida, que crece y los desgarra” .


¿Qué bien que suena esto no? Qué audacia en el lenguaje, qué claridad conceptual, cómo enamoran – excitan- esas palabras: dan ganas de correr y agarrar ahí mismo el cartucho de dinamita para volar algo, de ejercer nuestro “último reducto de Humanidad”, convirtiendo en chatarra y carne quemada los ómnibus del colonizador (o de sus cómplices, o de los colonizados aun no convertidos a la lucha: digamos, de los Chiitas en Irak, o los Sunnitas en Iran, de los tibios, a los cuales hay que volar en sus casamientos, a la salida de la mezquita, con la misma alegría con que destruimos los restoranes de Haifa, o la AMIA de Buenos Aires, o los trenes en Atocha)
(Esto fue escrito el 5 de julio: hoy, 7 de julio hay que agregar a esta lista macabra a Londres, acribillada de cobardes bombas asesinas de inocentes)

Traducimos y actualizamos al filósofo del compromiso:
La furia de Bin Laden no es su furia , no es su violencia; es la violencia impuesta por el Imperio, que se desata aun contra la voluntad del colonizado, para hacer sonar la hora de su humanidad. La furia del hombre-bomba palestino es solo la respuesta a la violencia de los israelíes, y así sucesivamente.
Ya nada le será reprobrado al colonizado desde Sartre-Fanon: ha perdido toda responsabilidad sobre su accionar. Son inimputables, al margen de cualquier juicio, opinión, queja o reclamo: son los Intocables de la nueva liturgia anidada en las facultades de Filosofía y Letras del todo el mundo. Todo lo “malo” que haga de aquí en adelante es el débil reembolso de lo que durante siglos le hemos hecho: Malo Hombre Blanco, nos grita el francés, inaugurando el racismo del siglo XXI cuarenta años antes.



Comunicado publicado hoy, 7 de julio de 2005



"La organización Al-Qaeda para la Jihad en Europa.

En el nombre de Dios, clemente y misericordioso. La paz y la bendición para su Profeta (Mahoma) el Sonriente y el Luchador."

"Alegraos, nación del Islam; alegraos nación de los árabes, ha llegado el momento para vengarnos del gobierno británico cruzado y sionista por las matanzas que comete Gran Bretaña en Irak y Afganistán. Los héroes muyahidines han perpetrado un bendito ataque en Londres, y ahora Gran Bretaña está en llamas por el temor y el susto en el norte, sur, este y oeste (de la ciudad)."

"Habíamos advertido repetidamente al gobierno británico y a su pueblo, y ahora hemos cumplido nuestra promesa y realizado una operación militar bendita en Gran Bretaña después de duros esfuerzos efectuados por los héroes muyahidines que duraron un largo tiempo para garantizar el éxito de la operación. Y todavía advertimos al gobierno de Dinamarca y al de Italia y a todos los gobiernos cruzados (cristianos) que recibirán el mismo castigo si no retiran sus tropas de Irak y Afganistán, así que ya os hemos avisado".




Sartre y Fanon, contentos.

1 comentario:

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