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domingo, septiembre 25, 2005

Dejar de fumar: química y sentido

Yo dejé de fumar. Cansado de las apelaciones morales “no fumes, pensá en tu familia”, cansado de la diabolización del tabaco, pensé en cómo salir de la trampa
Al lado, casi en el mismo campo del discurso “moral”, el discurso psi me decía: "es inútil que intentes dejar de fumar si no te sometes a un análisis estructural, radical que desbroce tu sistema de defensas y que además te asegure que no reemplazaras el cigarrillo por algo peor." Guau.

Así, entre la culpa y la idea absurda de que para dejar de fumar necesitaría diez años de cuatro sesiones diarias, apareció la química. Unos parches con nicotina que me permitirían la aventura de dejar de fumar en solo dos meses.
La moral y el psi se unieron para desvalorizar la química. “No, si no resolvés tu conflicto, la química será un simple atajo para evadir tus responsabilidades de adicto. El tema es: ¿Por qué fumás. Que queres demostrar con esa autodestrucción? Dejate de parches y analiza tu vida”.
Así anduve varios años más: había probado los parches, veía que bajaban dramáticamente las ganas de fumar, pero la psicología me quería demostrar que eso no era más que una leve respuesta al placebo, que el mal seguía en mi, duro de matar.

Dejar de fumar, además, implica cambiar las prioridades. Se relaciona con el ”sentido de la vida”. Si consideramos que el mundo es agresivo, que cada llamada de trabajo nos juega enteros o que este problema de hoy determina mi futuro íntegro, entonces prendo el cigarrillo, porque tal gravedad requiere una defensa adicional. El cigarrillo es mi intimidad, mi pequeño peluche, la cosa que me conecta con mis estados personales: una coraza para enfrentar lo de afuera, aquello que me cuestiona.
Creo que si uno encuentra su sentido vital, el para qué está en este mundo, necesita menos corazas personales, menos defensas, menos ositos de peluche con los cuales tranquilizarse.
Pero para el pensamiento Psi, el “sentido de la vida” no tiene sentido, no es una cuestión analizable. Sabemos, nos dice, que la gente no es buena o mala, sino que cumple con el mandato de su neurosis. No encontraras sentido a tu vida desde la neurosis.



Quimica y sentido de la vida

Finalmente derroté al cigarrillo.
Con los parches abortando el deseo químico de las neuronas clamando por las buenas sinapsis provistas por la nicotina.
Y con un nuevo sentido de la vida, para poner las prioridades dadas vuelta. Y con perdón, nada de psicoanálisis. Y desculpabilizarse. Y a no creer más, nunca más, que no hay componentes químicos en las adicciones, que no hay forma de desengancharse porque “uno fuma porque esta mal, pero no esta mal porque fuma” y toda la verborragia “aparentista” del psi: vos no estás bien, aparentas estarlo, porque estas negando tu propia enfermedad.

Ese éxito que obtuve me predispuso para otros éxitos personales. Incluyendo el descubrimiento de mi posibilidad de escribir ficción, publicar y hasta ganar premios literarios.

Ahora , voy por más.

1 comentario:

Anónimo dijo...
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