1- Vamos a tratar de separar la paja del grano. Ante todo, como es obvio, tengo que declarar mi NO homofobia. Efectivamente los liberales hacemos culto de las libertades personales, entre ellas la vida sexual. Estamos- yo al menos- a favor de la despenalización de la droga para terminar con un remedio- la guerra contra el narcotráfico- que es peor que la enfermedad. Hace miles de años que convivimos con adicciones como el alcohol y nadie- a excepción de los delirantes de la Ley Seca- propone su prohibición , ni juzga a los alcohólicos como delincuentes.
La conducta sexual es la más privada de las conductas y como tal debería estar fuera del escrutinio público, mientras no afecte a terceros (violaciones, por ejemplo o torturas no consentidas).
Los nazis los perseguían. En la Revolución Cubana hubo un período de represión a los homosexuales, los cuales no podían aspirar a ser Hombres Nuevos, en el concepto guevariano. El escritor homosexual Reynaldo Arenas sufrió cárcel por ese motivo.
En el Irán “revolucionario” se cuelga a los homosexuales, hecho disimulado por la izquierda admiradora.
En cambio, en el –odiado- mundo occidental ya no hay leyes que persigan la homosexualidad. Aunque aun hay instituciones como las armadas que se niegan explícitamente a aceptar homosexuales entre sus filas.
Eso no quiere decir que todos los ciudadanos aprueben esa conducta. Es evidente que la moralidad “media” ha rechazado y ridiculizado la homosexualidad. Aun hoy los programas de TV están llenos de personajes gay, como sinónimos de liviandad, cobardía. No hay leyes contra eso, no puede haberlas.
Es necesario reconocer que mucha gente rechaza la homosexualidad, pero eso no los convierte automáticamente en “enemigos del pueblo”. Así como no se puede legislar contra la homosexualidad, no se puede legislar contra la homofobia, que es un tema cultural y de opinión. Hacerlo sería tan grave como legislar contra gays y lesbianas.
2- La homosexualidad no es una “elección”: nadie se mira al espejo a los trece años y elige ser homo o hetero, como podría elegir ser de izquierda o de derecha. Es ridículo. La homosexualidad- al menos la masculina- es una dolorosa experiencia. Y no por las supuestas o reales discriminaciones que sufre el homosexual- tema hoy claramente en disminución- sino por la lucha interna que libra el homosexual, por la angustia de saber que sus deseos no coinciden con el cuerpo que los aloja. No debe ser fácil para ningún homosexual decidirse, asumirse, como le dicen. Y no por la presión social, sino porque se siente quizás, rompiendo con un mandato ancestral. La homosexualidad no es tener alguna eventual fantasía con otros hombres, cosa que le sucede a casi todos los varones alguna vez en la vida. La homosexualidad es básicamente una repulsa al otro sexo, un rechazo a la tentación del cuerpo de la mujer, es una negación, no una afirmación. Es lo contrario, exactamente, de la bisexualidad, que es una falta de discriminación: todo cuerpo – de hombre o mujer- es para el bisexual, objeto de deseo, es una sexualidad ampliada, exuberante, sin límites.
En cambio, la homosexualidad es una limitación, un acotamiento.¿Un empobrecimiento?.
No es fácil ni liviano ser homosexual, Entonces, lo del “orgullo” gay pasa más bien por una provocación de activistas, que de ser un sentimiento real entre los homosexuales, que no viven su condición con liviandad ni alegría. No es divertido ser gay (“alegre”, en inglés). Requiere comprensión y no un aplauso despreocupado, como si de una fiesta se tratara.
Además ser gay es un tema personal, puesto a través de las ONG gays en la picota pública, como invitándonos a la fiesta. La “militancia” homosexual se parece demasiado a las otras militancias obsesivas: ecologistas, vegetarianos, nudistas. Hacen de una parte, su Todo. No importa Ser Humano, importa Ser Gay, eso los define” frente al Mundo”. Una locura. Como si Oscar Wilde o Shakespeare alardearan de su homosexualidad y usaran su pluma para aclamar su orgullo gay. Infinidad de artistas fueron homosexuales y hoy se reirían del intento de reducir su rica humanidad a su condición sexual.
3- El Matrimonio no es un contrato legal, simplemente. Es – para las religiones- un sacramento, un rito, un Pacto que asegura la preservación de la especie dentro de los valores morales que cada religión inculca a su miembros. Es la garantía de que cada nueva generación nace al amparo de “otros” valores, religiosos o no, “protegida”. Por eso la virulencia de los que defienden la institución, su rechazo del Matrimonio Civil- en los días de Roca- o del Divorcio – en los días de Alfonsín.
El Matrimonio Gay fue planteado como una “igualación de derechos”, pero advertidamente o no, se tocó la Institución creada bajo la advocación de la Religión. O sea, si el combatido Matrimonio Civil de 1880 se hubiera denominado Unión Civil, hoy no estaríamos discutiendo. Simplemente se ampliaría el efecto de la Unión Civil a las parejas homosexuales: herencia, obra social, posibilidad de adopción, etc.
Pero el valor simbólico del término Matrimonio es demasiado cargado como para asimilarlo a una mera igualación de derechos. Los religiosos lo viven como un intento de mancillar la institución misma y así reaccionaron.
4- No es cierto que la población mayoritariamente apoya la ley de Matrimonio Gay. El mayor apoyo reside entre mujeres, en menores de 30 años, y entre residentes del Area Metropolitana. (Datos de una encuesta que analicé)
En promedio, las mujeres jóvenes porteñas o del GBA apoyan el matrimonio homosexual en un 80%. En cambio, los varones, mayores de 30 y residentes en el Interior, lo apoyan en un 10%. Entre ambos extremos se distribuye la compleja realidad del apoyo social.
¿No son parte del pueblo argentino el 90% de hombres mayores del interior que se oponen al matrimonio gay? ¿Son peores, más ignorantes, menos dignas esas personas?¿Hay que respetar sus ideas o mandarlos al trasto de las cosas viejas e inútiles? ¿No se los puede escuchar?¿El Estado los debe “educar”? Vade retro: el Estado está para garantizarnos libertad, seguridad y condiciones básicas, no para “bajarnos” valores, aunque sean buenos. “ Hay que obligar a la gente a ser libre” dijo Rousseau. Eso terminó en Robespierre guillotinando a los que “no querían ser libres”.
5- Esta Ley afecta sentimientos religiosos y creencias culturales de la mitad de la población. ¿Es eso importante?¿ O solo interesa el “progreso”?¿No era posible diseñar, con tiempo, una alternativa intermedia, esperando para un futuro una conciliación de diferencias? Una Unión Civil hubiera sido apoyada por un 60% de la población. Se hubieran salvaguardado así los intereses de las parejas homosexuales y solo se hubiera afectado a un 10% - que son los que rechazan tanto el Matrimonio gay como la Unión Civil- y al 30% que quiere el Matrimonio gay pero rechaza la Unión Civil.
Estamos en el “Top Ten” de los países en igualación de derechos de minorías sexuales. Desgraciadamente somos el “Bottom Hundred” en corrupción, burocracia, inseguridad. Una cosa, es cierto, no quita la otra, pero yo en lo personal hubiera preferido retrasar el “top ten” sexual y estar en el “top ten” de progreso, seguridad, creación de riqueza, disminución de la desigualdad, responsabilidad social, respeto a las instituciones…
Espero que no me expulsen del Paraíso “antidiscriminador”
Por sobre la mirada amenazante de los inquisidores, de los dictadores, de los nazis, mujahidines, estalinistas, leninistas, castristas, ecofanáticos, maoístas, fascistas, nacionalistas, aristocratizantes o populistas, la llama de la libertad sigue ardiendo.
miércoles, julio 21, 2010
Fidel es Mamerto, un espantajo que ya no asusta a nadie
Mamerto
Miriam Celaya
Una maestra sin mucho carácter, cuyo nombre no mencionaré, y que se desempeñaba en una de las diez escuelas primarias en las que cursé estudios cuando el trabajo de mi padre –mecánico de montaje industrial– movía a la familia como saltimbanqui por toda Cuba, había ideado una estratagema para mantener sosegados y en disciplina a sus alumnos más inquietos. El método no era, en verdad, muy pedagógico, pero sí indiscutiblemente efectivo: con un viejo palo de escoba como columna vertebral, ella (u otra persona) había elaborado un rústico muñeco semejante a un espantapájaros; la cabeza estaba hábilmente confeccionada con una vieja pelota forrada con papier maché en el que habían coloreado con acuarela la boca y los ojos, en tanto una protuberancia exageradamente larga hacía las veces de nariz en aquel ceñudo rostro. Todo el conjunto estaba coronado de abundante cabello de soga, suficientemente revuelto como para dar al muñeco un aspecto feroz. El espantajo se llamaba Mamerto, “vivía” en el closet del aula de segundo grado y, al menos al principio del curso, su sola referencia era capaz de tranquilizar al más travieso de los educandos. La amenaza latente era que Mamerto, un sujeto de muy mal carácter, estaba incómodo en el estrecho closet, así que si te portabas mal, el castigo era llevártelo a vivir contigo en tu casa y dormir en tu cama, junto a él. En aquellos tiempos de ingenuidad en que los niños creían en la magia y en los Reyes Magos, nadie quería tener junto a sí la presencia terrible de Mamerto, mucho menos a la hora del sueño, compartiendo con él la almohada. Mamerto tenía un maleficio adicional: los niños majaderos que ganaban su antipatía no pasaban de grado. Sí, porque en aquellos lejanos años sesenta se tomaba más en serio el tema de los estudios, quizás porque se suspendían asignaturas y hasta se repetían cursos, incluso en la escuela primaria.
La verdad es que nunca nadie había visto muy bien a Mamerto. Bastaba con que en medio del bullicio infantil la maestra invocara en alta voz su nombre y entreabriera ligeramente la puerta del closet dejando asomar apenas una parte de la enmarañada cabellera del muñeco, para que se hiciera un silencio sepulcral en el aula y todos los ojos quedaran en alarmada expectación. Era aquel un miedo compartido, general, contagioso, pero también medio incrédulo. En el fondo casi todos los niños intuíamos que Mamerto era un fraude, en especial los más bulliciosos y temerarios, así que la maestra nunca se aventuraba a mostrar claramente el espantajo y se cuidaba de dejar bien cerrado con llave el closet cuando salía del aula.
Para algunos de nosotros, yo incluida, la saga de Mamerto tenía –no obstante– cierto encanto adrenalínico y una buena dosis de curiosidad, así que no fue extraño que un día algunos de los más audaces de mis condiscípulos (los niños tienen la sabiduría natural de aliarse en sus campañas difíciles) se las apañara para abrir el closet y descubrir la verdadera esencia inanimada e indefensa de Mamerto y, en lo adelante, el infeliz muñeco se convirtió en foco de las travesuras de los niños: tan pronto aparecía colocado contra algún pupitre del aula, como recostado contra el negro pizarrón o despojado de sus pantalones, provocando la risa general allí donde antes generaba temor. Mamerto, la amenaza, se había convertido en una caricatura. Finalmente, el muñeco acabó por aburrir a todos y quedó olvidado en su rincón del closet, hasta que un día desapareció definitivamente. La maestra trató de sustituirlo por un perro de cartón y hasta por un gallo disecado, pero en vano. Si el aula en pleno había vencido el miedo a Mamerto, ningún comparsa menor podría suplantarlo.
De alguna manera, en días recientes, ciertas imágenes aparecidas en la prensa oficial y en la TV han traído nuevamente a mi memoria aquella lección casi olvidada de Mamerto
Miriam Celaya
Una maestra sin mucho carácter, cuyo nombre no mencionaré, y que se desempeñaba en una de las diez escuelas primarias en las que cursé estudios cuando el trabajo de mi padre –mecánico de montaje industrial– movía a la familia como saltimbanqui por toda Cuba, había ideado una estratagema para mantener sosegados y en disciplina a sus alumnos más inquietos. El método no era, en verdad, muy pedagógico, pero sí indiscutiblemente efectivo: con un viejo palo de escoba como columna vertebral, ella (u otra persona) había elaborado un rústico muñeco semejante a un espantapájaros; la cabeza estaba hábilmente confeccionada con una vieja pelota forrada con papier maché en el que habían coloreado con acuarela la boca y los ojos, en tanto una protuberancia exageradamente larga hacía las veces de nariz en aquel ceñudo rostro. Todo el conjunto estaba coronado de abundante cabello de soga, suficientemente revuelto como para dar al muñeco un aspecto feroz. El espantajo se llamaba Mamerto, “vivía” en el closet del aula de segundo grado y, al menos al principio del curso, su sola referencia era capaz de tranquilizar al más travieso de los educandos. La amenaza latente era que Mamerto, un sujeto de muy mal carácter, estaba incómodo en el estrecho closet, así que si te portabas mal, el castigo era llevártelo a vivir contigo en tu casa y dormir en tu cama, junto a él. En aquellos tiempos de ingenuidad en que los niños creían en la magia y en los Reyes Magos, nadie quería tener junto a sí la presencia terrible de Mamerto, mucho menos a la hora del sueño, compartiendo con él la almohada. Mamerto tenía un maleficio adicional: los niños majaderos que ganaban su antipatía no pasaban de grado. Sí, porque en aquellos lejanos años sesenta se tomaba más en serio el tema de los estudios, quizás porque se suspendían asignaturas y hasta se repetían cursos, incluso en la escuela primaria.
La verdad es que nunca nadie había visto muy bien a Mamerto. Bastaba con que en medio del bullicio infantil la maestra invocara en alta voz su nombre y entreabriera ligeramente la puerta del closet dejando asomar apenas una parte de la enmarañada cabellera del muñeco, para que se hiciera un silencio sepulcral en el aula y todos los ojos quedaran en alarmada expectación. Era aquel un miedo compartido, general, contagioso, pero también medio incrédulo. En el fondo casi todos los niños intuíamos que Mamerto era un fraude, en especial los más bulliciosos y temerarios, así que la maestra nunca se aventuraba a mostrar claramente el espantajo y se cuidaba de dejar bien cerrado con llave el closet cuando salía del aula.
Para algunos de nosotros, yo incluida, la saga de Mamerto tenía –no obstante– cierto encanto adrenalínico y una buena dosis de curiosidad, así que no fue extraño que un día algunos de los más audaces de mis condiscípulos (los niños tienen la sabiduría natural de aliarse en sus campañas difíciles) se las apañara para abrir el closet y descubrir la verdadera esencia inanimada e indefensa de Mamerto y, en lo adelante, el infeliz muñeco se convirtió en foco de las travesuras de los niños: tan pronto aparecía colocado contra algún pupitre del aula, como recostado contra el negro pizarrón o despojado de sus pantalones, provocando la risa general allí donde antes generaba temor. Mamerto, la amenaza, se había convertido en una caricatura. Finalmente, el muñeco acabó por aburrir a todos y quedó olvidado en su rincón del closet, hasta que un día desapareció definitivamente. La maestra trató de sustituirlo por un perro de cartón y hasta por un gallo disecado, pero en vano. Si el aula en pleno había vencido el miedo a Mamerto, ningún comparsa menor podría suplantarlo.
De alguna manera, en días recientes, ciertas imágenes aparecidas en la prensa oficial y en la TV han traído nuevamente a mi memoria aquella lección casi olvidada de Mamerto
martes, julio 20, 2010
Zapatero y los desterrados
Por Zoe Valdez
¿Es o no un negocio del Gobierno de Zapatero conseguir las licencias extrapenales -que no liberaciones- de los presos políticos cubanos? Lo es. Primero, consigue lo que el régimen castrista desea, y le ha exigido a cambio de los presos, romper la Posición Común de la Unión Europea; puesto que esta aparente flexibilidad devolvería los créditos a los Castro, suavizarían -pagos mediantes, habrá que ver si pagan-, la deuda que han contraído con España y con el mundo. Pero, sobre todo, los Castro no decomisarían a los patrones españoles las gestiones hoteleras que España posee en Cuba, y que ha esclavizado aún más al obrero cubano.
Francia y Chile se propusieron como tierra de asilo para estos hombres que han pasado siete años en las cárceles, han sido torturados, y a quienes se les ha inoculado enfermedades que aún están por investigar y tratar. Sus familias también llegan enfermas, sobre todo los niños. Moratinos insistió en que el destino final fuera España, descartando la idea de otros países. ¿Cómo fue el recibimiento? Parco, y bajo un control férreo. Ninguna máxima autoridad los esperó en la escalerilla del avión. Los instalaron directamente en un hostal de Vallecas a donde llegan inmigrantes, y han sido recibidos en calidad de inmigrantes. No de refugiados políticos, que es lo que son, violando de este modo sus derechos de refugiados políticos.
Estos presos han reafirmado que seguirán luchando en el exilio, por la libertad de Cuba. Prueba de ello es el documento que publicaron ayer , firmado por 11 de ellos, posicionándose en contra de que la UE mueva la Posición Común, puesto que la posición común ha sido, entre otras cosas, lo que ha presionado para obtener sus licencias extrapenales; y hay que pensar que otros presos quedan en Cuba. Pensando en esos presos es que este documento fue concebido, y pensando en la libertad de Cuba.
Una vez que los presos recién llegados dieron una conferencia de prensa por su cuenta, dando a conocer sus situaciones individuales, y el trato que le ha dado el Gobierno español, que ha olvidado las promesas que les hicieron en La Habana, el jefe de despacho de Moratinos ha decidido suspender una reunión que tenía con ellos para desbrozar los problemas del futuro de estos hombres. La agencia Efe informa que el grupo de presos que debía llegar hoy ayer no viajó. O sea, el régimen cubano sigue condicionando al Gobierno español, y una de las condiciones, con toda evidencia, la más fuerte, es que los presos políticos cubanos no expresen sus derechos, ni siquiera en territorio de libertad.
Hace ya bastantes años un joven disidente cubano llegó a Francia, gracias a un trámite del Gobierno de François Mitterrand y de la Iglesia católica, lo primero que le impusieron fue el silencio. No ha sido el único, por cierto. Le dieron un hábitat de la iglesia, y facilidades, a cambio de que se quedara tranquilo. Son los métodos cuando el brazo largo del castrismo maneja todavía bajo opresión y chantaje.
Si los presos cubanos que no viajaron hoy no llegan a España en las próximas horas, es culpa del castrismo, de nadie más, y no como se ha dicho, de una carta escrita por sus compañeros queriendo continuar su lucha por la libertad de Cuba, la que le impidieron cuando los encarcelaron durante la Primavera Negra del 2003, y pidiendo que sus condiciones sean claras.
Aunque es probable que los presos que debían viajar no viajaron porque del mismo modo que Moratinos ha incumplido las promesas con los presos que han llegado, seguramente esté incumpliendo las que habrá hecho con los Castro.
Por último, de cualquier modo, Zapatero gana, el exilio cubano ha probado con creces que no le tiene miedo al trabajo, el exilio cubano ha generado, con su éxito, empleos. La prueba es Miami. Estos hombres no serán una carga para los españoles. Los cubanos, en su gran mayoría, son trabajadores y generadores de empleo. Sólo se trata de darles el primer empuje, el que esperan del gobierno español, el que le prometieron. Somos una gran familia, nacida de la generosidad de los cubanos de otras épocas, quienes recibieron a los españoles con los brazos abiertos, y les permitieron hacer fortuna, dentro de aquella isla plena de oportunidades, libre y prometedora. No esperamos menos.
¿Es o no un negocio del Gobierno de Zapatero conseguir las licencias extrapenales -que no liberaciones- de los presos políticos cubanos? Lo es. Primero, consigue lo que el régimen castrista desea, y le ha exigido a cambio de los presos, romper la Posición Común de la Unión Europea; puesto que esta aparente flexibilidad devolvería los créditos a los Castro, suavizarían -pagos mediantes, habrá que ver si pagan-, la deuda que han contraído con España y con el mundo. Pero, sobre todo, los Castro no decomisarían a los patrones españoles las gestiones hoteleras que España posee en Cuba, y que ha esclavizado aún más al obrero cubano.
Francia y Chile se propusieron como tierra de asilo para estos hombres que han pasado siete años en las cárceles, han sido torturados, y a quienes se les ha inoculado enfermedades que aún están por investigar y tratar. Sus familias también llegan enfermas, sobre todo los niños. Moratinos insistió en que el destino final fuera España, descartando la idea de otros países. ¿Cómo fue el recibimiento? Parco, y bajo un control férreo. Ninguna máxima autoridad los esperó en la escalerilla del avión. Los instalaron directamente en un hostal de Vallecas a donde llegan inmigrantes, y han sido recibidos en calidad de inmigrantes. No de refugiados políticos, que es lo que son, violando de este modo sus derechos de refugiados políticos.
Estos presos han reafirmado que seguirán luchando en el exilio, por la libertad de Cuba. Prueba de ello es el documento que publicaron ayer , firmado por 11 de ellos, posicionándose en contra de que la UE mueva la Posición Común, puesto que la posición común ha sido, entre otras cosas, lo que ha presionado para obtener sus licencias extrapenales; y hay que pensar que otros presos quedan en Cuba. Pensando en esos presos es que este documento fue concebido, y pensando en la libertad de Cuba.
Una vez que los presos recién llegados dieron una conferencia de prensa por su cuenta, dando a conocer sus situaciones individuales, y el trato que le ha dado el Gobierno español, que ha olvidado las promesas que les hicieron en La Habana, el jefe de despacho de Moratinos ha decidido suspender una reunión que tenía con ellos para desbrozar los problemas del futuro de estos hombres. La agencia Efe informa que el grupo de presos que debía llegar hoy ayer no viajó. O sea, el régimen cubano sigue condicionando al Gobierno español, y una de las condiciones, con toda evidencia, la más fuerte, es que los presos políticos cubanos no expresen sus derechos, ni siquiera en territorio de libertad.
Hace ya bastantes años un joven disidente cubano llegó a Francia, gracias a un trámite del Gobierno de François Mitterrand y de la Iglesia católica, lo primero que le impusieron fue el silencio. No ha sido el único, por cierto. Le dieron un hábitat de la iglesia, y facilidades, a cambio de que se quedara tranquilo. Son los métodos cuando el brazo largo del castrismo maneja todavía bajo opresión y chantaje.
Si los presos cubanos que no viajaron hoy no llegan a España en las próximas horas, es culpa del castrismo, de nadie más, y no como se ha dicho, de una carta escrita por sus compañeros queriendo continuar su lucha por la libertad de Cuba, la que le impidieron cuando los encarcelaron durante la Primavera Negra del 2003, y pidiendo que sus condiciones sean claras.
Aunque es probable que los presos que debían viajar no viajaron porque del mismo modo que Moratinos ha incumplido las promesas con los presos que han llegado, seguramente esté incumpliendo las que habrá hecho con los Castro.
Por último, de cualquier modo, Zapatero gana, el exilio cubano ha probado con creces que no le tiene miedo al trabajo, el exilio cubano ha generado, con su éxito, empleos. La prueba es Miami. Estos hombres no serán una carga para los españoles. Los cubanos, en su gran mayoría, son trabajadores y generadores de empleo. Sólo se trata de darles el primer empuje, el que esperan del gobierno español, el que le prometieron. Somos una gran familia, nacida de la generosidad de los cubanos de otras épocas, quienes recibieron a los españoles con los brazos abiertos, y les permitieron hacer fortuna, dentro de aquella isla plena de oportunidades, libre y prometedora. No esperamos menos.
lunes, julio 19, 2010
Quieren los Castro un nuevo mártir?


El ex preso político Ariel Sigler Amaya, quien fue excarcelado a mediados del pasado mes de junio, asistió hoy a las oficinas de inmigración de Matanzas para recoger la autorización para viajar hacia los Estados Unidos, pero nuevamente le fue negado el documento oficial que entrega el gobierno cubano. Decenas de partidarios del gobierno estaban concentrados frente a las dependencias de Inmigración en el momento de la llegada de Sigler Amaya, según informes preliminares de la prensa independiente.
Sigler Amaya y su esposa, fueron objeto de un acto de repudio organizado por las autoridades, y fue sacado del lugar por agentes de la policía en medio de un confuso disturbio del cual todavía se desconocen todos los detalles.
PD: Hoy le han dado la visa, Aleluya! están en pleno retroceso
Abajo la Utopía
Otro mito progresista es la “necesidad de la Utopía”, un espacio para imaginar mundos mejores, para planear la felicidad humana, para desterrar el conflicto. Dos citas magistrales:
“ Las utopías- como la de Campanella o la de Marx- que nos prometen un mundo que une la satisfacción de necesidades, la felicidad y la fraternidad con el progreso han sido posibles sólo gracias a su propia inconsistencia. Las utopías lógicamente coherentes aceptan y elogian un mundo estancado, un mundo falto de variedad, y reducen al ser humano a una mediocridad generalizada e inalterable.(…)
La tentativa de crear con métodos institucionales un régimen social libre de conflictos puede tener éxito en la medida en que el uso de la opresión totalitaria puede impedir que los conflictos se manifiesten. Sin embargo como ninguna tecnología utópica es capaz de enterrar las fuentes de los conflictos, irremediablemente se pone en marcha una gigantesca maquinaria de mentiras que ha de presentar la inevitable derrota como una gran victoria.” (Leszek Kolakowski)
“El intento utopista de hacer realidad un Estado ideal requiere un gobierno fuerte y centralizado formado por unas pocas personas, que, en consecuencia puede conducir fácilmente a una dictadura. (…) La dificultad está en el hecho de que el autoritarismo debe silenciar toda crítica, de tal modo que al dictador benévolo no le será fácil escuchar las quejas que motivan las medidas que ha tomado. (…) Ahora vemos que el enfoque utopista solo puede salvarse gracias a la creencia en un Estado ideal absoluto e inmutable, junto con otras dos suposiciones, a saber a) que hay métodos racionales para determinar de una vez y para siempre cuál es el ideal, y b) sobre cuales son los mejores medios para su obtención.” (Karl Popper)
Se observa claramente la coincidencia de ambos análisis: la utopía, los sueños de fraternidad y felicidad no son males per se. Al contrario, hermosas realidades han nacido de sueños que parecían imposibles de cumplir. El problema es el método descomunal que proponen la utopías políticas, desde Robespierre a Mao Tse Tung: una formidable omnipotencia- la creencia que alguien, el Lider, el Partido- tiene el secreto de los fines y de los medios- y la lógica perversa que transforma los sueños utópicos, una vez en el poder, en pesadillas persecutorias, en las que todos lo que se apartan del “ideal” son “enemigos del pueblo” y deben ser eliminados. El componente criminal de estas utopías totalitarias salta a la vista.
No se trata, claro está, del dominio puro de una clase poderosa sobre el conjunto del pueblo- la vieja idea absolutista de los reyes- sino de algo más sutil y letal: las mejores inteligencias, los mejores corazones (escritores, artistas, intelectuales) se entregan a la utopías y sirven de ese modo a los nuevos Zares, unos líderes que se usarán la utopía para desarmar a los críticos.
Cómo reconocer a los utópicos?
Los que hablan del Pueblo, la Clase o la Nación como un todo, no como la suma de individuos libres, sino como colectivos sociales, son los más peligrosos. Ellos, mirando al futuro- como el famoso ícono del Che- decididos, sin ocuparse de detalles nimios, (libertad y otras fruslerías) hablarán de la necesidad de sumar fuerzas para el combate final por el futuro de felicidad que le espera al Pueblo. Sin argumentos, solo con una ambición desmedida de pasar a la Historia, no entienden que la sociedad es algo más complejo que sus deseos, más delicado que cualquiera de sus leyes.
“Esta capacidad justifica la soberbia ilimitada de los que no solo se creen capaces de prever el futuro, sino que, en el fondo, se consideran sus felices propietarios, lo cual les permite tratar el mundo empírico como si en principio no existiera”.(Leszek Kolakowski)
Termina Popper: “ Toda la metodología del utopismo surge, a mi juicio, del hecho de que no nos damos cuenta de que no podemos traer el reino de los Cielos a la Tierra con el mero trazo de la pluma de un dictador, y que debemos darnos por satisfechos si logramos hacer que la vida sea menos terrible y algo menos injusta en cada generación”
Entonces sin remordimientos: ¡abajo la Utopía!
“ Las utopías- como la de Campanella o la de Marx- que nos prometen un mundo que une la satisfacción de necesidades, la felicidad y la fraternidad con el progreso han sido posibles sólo gracias a su propia inconsistencia. Las utopías lógicamente coherentes aceptan y elogian un mundo estancado, un mundo falto de variedad, y reducen al ser humano a una mediocridad generalizada e inalterable.(…)
La tentativa de crear con métodos institucionales un régimen social libre de conflictos puede tener éxito en la medida en que el uso de la opresión totalitaria puede impedir que los conflictos se manifiesten. Sin embargo como ninguna tecnología utópica es capaz de enterrar las fuentes de los conflictos, irremediablemente se pone en marcha una gigantesca maquinaria de mentiras que ha de presentar la inevitable derrota como una gran victoria.” (Leszek Kolakowski)
“El intento utopista de hacer realidad un Estado ideal requiere un gobierno fuerte y centralizado formado por unas pocas personas, que, en consecuencia puede conducir fácilmente a una dictadura. (…) La dificultad está en el hecho de que el autoritarismo debe silenciar toda crítica, de tal modo que al dictador benévolo no le será fácil escuchar las quejas que motivan las medidas que ha tomado. (…) Ahora vemos que el enfoque utopista solo puede salvarse gracias a la creencia en un Estado ideal absoluto e inmutable, junto con otras dos suposiciones, a saber a) que hay métodos racionales para determinar de una vez y para siempre cuál es el ideal, y b) sobre cuales son los mejores medios para su obtención.” (Karl Popper)
Se observa claramente la coincidencia de ambos análisis: la utopía, los sueños de fraternidad y felicidad no son males per se. Al contrario, hermosas realidades han nacido de sueños que parecían imposibles de cumplir. El problema es el método descomunal que proponen la utopías políticas, desde Robespierre a Mao Tse Tung: una formidable omnipotencia- la creencia que alguien, el Lider, el Partido- tiene el secreto de los fines y de los medios- y la lógica perversa que transforma los sueños utópicos, una vez en el poder, en pesadillas persecutorias, en las que todos lo que se apartan del “ideal” son “enemigos del pueblo” y deben ser eliminados. El componente criminal de estas utopías totalitarias salta a la vista.
No se trata, claro está, del dominio puro de una clase poderosa sobre el conjunto del pueblo- la vieja idea absolutista de los reyes- sino de algo más sutil y letal: las mejores inteligencias, los mejores corazones (escritores, artistas, intelectuales) se entregan a la utopías y sirven de ese modo a los nuevos Zares, unos líderes que se usarán la utopía para desarmar a los críticos.
Cómo reconocer a los utópicos?
Los que hablan del Pueblo, la Clase o la Nación como un todo, no como la suma de individuos libres, sino como colectivos sociales, son los más peligrosos. Ellos, mirando al futuro- como el famoso ícono del Che- decididos, sin ocuparse de detalles nimios, (libertad y otras fruslerías) hablarán de la necesidad de sumar fuerzas para el combate final por el futuro de felicidad que le espera al Pueblo. Sin argumentos, solo con una ambición desmedida de pasar a la Historia, no entienden que la sociedad es algo más complejo que sus deseos, más delicado que cualquiera de sus leyes.
“Esta capacidad justifica la soberbia ilimitada de los que no solo se creen capaces de prever el futuro, sino que, en el fondo, se consideran sus felices propietarios, lo cual les permite tratar el mundo empírico como si en principio no existiera”.(Leszek Kolakowski)
Termina Popper: “ Toda la metodología del utopismo surge, a mi juicio, del hecho de que no nos damos cuenta de que no podemos traer el reino de los Cielos a la Tierra con el mero trazo de la pluma de un dictador, y que debemos darnos por satisfechos si logramos hacer que la vida sea menos terrible y algo menos injusta en cada generación”
Entonces sin remordimientos: ¡abajo la Utopía!
PETICIÓN DE EX PRISIONEROS DE CONCIENCIA CUBANOS
PETICIÓN DE EX PRISIONEROS DE CONCIENCIA CUBANOS DESTERRADOS EN ESPAÑA A LOS CANCILLERES DE LA UNIÓN EUROPEA SOBRE LA “POSICIÓN COMÚN” CON RELACIÓN A CUBA
Madrid, 19 de julio de 2010
Excelentísimos señores
Cancilleres de la Unión Europea
Nosotros, prisioneros de conciencia cubanos desterrados en España en los últimos días, conscientes de la voluntad manifiesta de algunos países europeos de modificar la “Posición Común” de la UE con respecto a Cuba, declaramos nuestro desacuerdo con la aprobación de esta medida, por entender que el gobierno cubano no ha dado pasos que evidencien una clara decisión de avanzar hacia la democratización de nuestro país.
Nuestra salida a España no debe ser considerada un gesto de buena voluntad, sino como una acción desesperada del régimen en la búsqueda urgente de créditos de todo tipo.
Es por ello que solicitamos a los países de la Unión Europea que no reblandezcan sus exigencias encaminadas a lograr cambios hacia la democracia en Cuba y a conseguir para todos los cubanos los mismos derechos que disfrutan los ciudadanos europeos.
Respetuosamente,
Ricardo González Alfonso
Mijail Bárzaga Lugo
Normando Hernández González,
Antonio Augusto Villarreal Acosta
Omar Rodríguez Saludes
Luis Milán Fernández
Pablo Pacheco Ávila
José Luis García Paneque
Julio César Gálvez
Léster González Pentón
Madrid, 19 de julio de 2010
Excelentísimos señores
Cancilleres de la Unión Europea
Nosotros, prisioneros de conciencia cubanos desterrados en España en los últimos días, conscientes de la voluntad manifiesta de algunos países europeos de modificar la “Posición Común” de la UE con respecto a Cuba, declaramos nuestro desacuerdo con la aprobación de esta medida, por entender que el gobierno cubano no ha dado pasos que evidencien una clara decisión de avanzar hacia la democratización de nuestro país.
Nuestra salida a España no debe ser considerada un gesto de buena voluntad, sino como una acción desesperada del régimen en la búsqueda urgente de créditos de todo tipo.
Es por ello que solicitamos a los países de la Unión Europea que no reblandezcan sus exigencias encaminadas a lograr cambios hacia la democracia en Cuba y a conseguir para todos los cubanos los mismos derechos que disfrutan los ciudadanos europeos.
Respetuosamente,
Ricardo González Alfonso
Mijail Bárzaga Lugo
Normando Hernández González,
Antonio Augusto Villarreal Acosta
Omar Rodríguez Saludes
Luis Milán Fernández
Pablo Pacheco Ávila
José Luis García Paneque
Julio César Gálvez
Léster González Pentón
Montaner y los cubanos desterrados
De repente, la libertad
Por Carlos Alberto Montaner
El Nuevo Herald
En memoria de mi amiga Olga Guillot, la mejor bolerista de la historia, quien murió la víspera de estos acontecimientos.
Madrid. - Inesperadamente, el guardia, con un tono menos hosco de lo habitual, le dijo: ``Paneque, tienes que salir de la celda para hablar por teléfono''. José Luis García Paneque es un médico, cirujano plástico, especialista en quemadas, de 44 años, padre de familia con varios hijos pequeños, locuaz e inteligente como un demonio bueno. En marzo de 2003, durante la llamada ``Primavera Negra de La Habana'', fue detenido y sumariamente condenado a 15 años de cárcel. ¿Delito? Como el resto de los 75 apresados durante aquella orgía represiva, escribía crónicas sobre la realidad cubana en diarios extranjeros (porque no lo dejaban en la prensa amaestrada por el gobierno), prestaba libros prohibidos, quería y pedía democracia para su país y era un católico devoto. O sea, el retrato robot viviente de un peligroso enemigo del pueblo y agente del imperialismo yanqui.
La llamada era del Cardenal Jaime Ortega. Amablemente, el prelado le preguntó si quería ser excarcelado y enviado a España. No había condiciones humillantes. Ni él las hubiera aceptado ni Ortega las hubiera propuesto. Paneque le dijo que sí. De alguna manera, la oposición democrática había ganado la partida y la dictadura comenzaba a desprenderse de los presos de conciencia. Paneque, además, confiaba en su Iglesia. Los curas y obispos no lo habían abandonado cuando fue detenido. Ayudaron a su familia y se interesaron por él cuando descubrieron que se estaba muriendo por las enfermedades infecciosas contraídas por la suciedad de los calabozos. Su sistema inmunológico ya no respondía frente a los parásitos intestinales, las medicinas habían perdido su efectividad y se desnutría progresivamente. Su estampa era la de los prisioneros de los campos de concentración nazis. Tres de los cautivos padecían variantes de la misma enfermedad, crónica e incurable: él, Normando Hernández González y Ariel Sigler Amaya. De los tres, Sigler, que era el más fuerte cuando entraron en prisión, un atleta de 90 kilos, es el que está peor: inválido, delgado como un alambre, en una silla de ruedas e incapaz siquiera de sostener la cabeza sin una collera que le apuntale las vértebras cervicales. Todavía está en La Habana porque el gobierno cubano, cruelmente, le niega la salida, pese a que tiene visa norteamericana.
Fui a darles un abrazo a los presos recién llegados a España. Fue muy emotivo. Es imposible contener las lágrimas. Uno las esconde, por esa maldición terrible de que los hombres no lloran, pero los ojos suelen hacer lo que les da la gana. La madre de Normando, Blanca González, acababa de llegar de Miami y apretaba a su hijo con el amor intenso de quien acababa de parirlo por segunda vez. Andrés Eloy Blanco, el gran poeta popular venezolano, lo había advertido sagazmente hace muchas décadas: no hay día más feliz que el de soltar los prisioneros. A Blanca la había visto gritar en cien manifestaciones enarbolando el nombre y el retrato de Normando. Volver a verlo vivo era el sueño con que se acostaba y levantaba todos los días de Dios. Era su causa y la razón que la animaba a seguir respirando en medio de tanto dolor y de tanta noticia triste que volaba desde los calabozos, como pájaros negros, para avisarle que Normando moriría pronto si no lo rescataban.
os albergaron en un hostal muy modesto en Vallecas, un barrio obrero de la periferia de Madrid. Eso se entiende. España, que ha echado una mano generosa, en medio de una crisis, no dispone de fondos para ejercer la caridad profusamente. Los presos salen con los familiares y la cuenta final puede ser alta para cualquiera de las magras dependencias del Estado. Tal vez, también existía el propósito de aislarlos para que el barullo mediático fuera menor. El gobierno de Zapatero no quiere que esta operación se transforme en una andanada contra la dictadura. Pero eso no va a lograrlo: estos hombres --por ahora, Paneque y Normando, Léster González, Antonio Villarreal, Pablo Pacheco, Julio César Gálvez, Omar Ruiz, Ricardo González--, son gente dispuesta a morir por defender su derecho a decir lo que piensan. Si no pudieron callarlos los golpes, el hambre y las rejas de unas cárceles terribles, ¿quién puede pensar en amordazarlos ahora que han llegado a la libertad? Vinieron a estrenar la garganta y no van a guardar silencio.
Por Carlos Alberto Montaner
El Nuevo Herald
En memoria de mi amiga Olga Guillot, la mejor bolerista de la historia, quien murió la víspera de estos acontecimientos.
Madrid. - Inesperadamente, el guardia, con un tono menos hosco de lo habitual, le dijo: ``Paneque, tienes que salir de la celda para hablar por teléfono''. José Luis García Paneque es un médico, cirujano plástico, especialista en quemadas, de 44 años, padre de familia con varios hijos pequeños, locuaz e inteligente como un demonio bueno. En marzo de 2003, durante la llamada ``Primavera Negra de La Habana'', fue detenido y sumariamente condenado a 15 años de cárcel. ¿Delito? Como el resto de los 75 apresados durante aquella orgía represiva, escribía crónicas sobre la realidad cubana en diarios extranjeros (porque no lo dejaban en la prensa amaestrada por el gobierno), prestaba libros prohibidos, quería y pedía democracia para su país y era un católico devoto. O sea, el retrato robot viviente de un peligroso enemigo del pueblo y agente del imperialismo yanqui.
La llamada era del Cardenal Jaime Ortega. Amablemente, el prelado le preguntó si quería ser excarcelado y enviado a España. No había condiciones humillantes. Ni él las hubiera aceptado ni Ortega las hubiera propuesto. Paneque le dijo que sí. De alguna manera, la oposición democrática había ganado la partida y la dictadura comenzaba a desprenderse de los presos de conciencia. Paneque, además, confiaba en su Iglesia. Los curas y obispos no lo habían abandonado cuando fue detenido. Ayudaron a su familia y se interesaron por él cuando descubrieron que se estaba muriendo por las enfermedades infecciosas contraídas por la suciedad de los calabozos. Su sistema inmunológico ya no respondía frente a los parásitos intestinales, las medicinas habían perdido su efectividad y se desnutría progresivamente. Su estampa era la de los prisioneros de los campos de concentración nazis. Tres de los cautivos padecían variantes de la misma enfermedad, crónica e incurable: él, Normando Hernández González y Ariel Sigler Amaya. De los tres, Sigler, que era el más fuerte cuando entraron en prisión, un atleta de 90 kilos, es el que está peor: inválido, delgado como un alambre, en una silla de ruedas e incapaz siquiera de sostener la cabeza sin una collera que le apuntale las vértebras cervicales. Todavía está en La Habana porque el gobierno cubano, cruelmente, le niega la salida, pese a que tiene visa norteamericana.
Fui a darles un abrazo a los presos recién llegados a España. Fue muy emotivo. Es imposible contener las lágrimas. Uno las esconde, por esa maldición terrible de que los hombres no lloran, pero los ojos suelen hacer lo que les da la gana. La madre de Normando, Blanca González, acababa de llegar de Miami y apretaba a su hijo con el amor intenso de quien acababa de parirlo por segunda vez. Andrés Eloy Blanco, el gran poeta popular venezolano, lo había advertido sagazmente hace muchas décadas: no hay día más feliz que el de soltar los prisioneros. A Blanca la había visto gritar en cien manifestaciones enarbolando el nombre y el retrato de Normando. Volver a verlo vivo era el sueño con que se acostaba y levantaba todos los días de Dios. Era su causa y la razón que la animaba a seguir respirando en medio de tanto dolor y de tanta noticia triste que volaba desde los calabozos, como pájaros negros, para avisarle que Normando moriría pronto si no lo rescataban.
os albergaron en un hostal muy modesto en Vallecas, un barrio obrero de la periferia de Madrid. Eso se entiende. España, que ha echado una mano generosa, en medio de una crisis, no dispone de fondos para ejercer la caridad profusamente. Los presos salen con los familiares y la cuenta final puede ser alta para cualquiera de las magras dependencias del Estado. Tal vez, también existía el propósito de aislarlos para que el barullo mediático fuera menor. El gobierno de Zapatero no quiere que esta operación se transforme en una andanada contra la dictadura. Pero eso no va a lograrlo: estos hombres --por ahora, Paneque y Normando, Léster González, Antonio Villarreal, Pablo Pacheco, Julio César Gálvez, Omar Ruiz, Ricardo González--, son gente dispuesta a morir por defender su derecho a decir lo que piensan. Si no pudieron callarlos los golpes, el hambre y las rejas de unas cárceles terribles, ¿quién puede pensar en amordazarlos ahora que han llegado a la libertad? Vinieron a estrenar la garganta y no van a guardar silencio.
domingo, julio 18, 2010
Una respuesta a un comentario
Interesante comentario de un seguidor. Paso a responder
Escribe:
Decía yo que ese argumento es demasiado simplista: ignora la variable oferta, y el efecto que pueda tener una innovación tecnológica en el precio de un producto... al mismo tiempo, señalaba que la web, la herramienta del nuevo paradigma surgió de forma pública. Habría que preguntarse si una tecnología así podría haber surgido en un medio privado.
Digo yo:
Obviamente pretender resumir en un párrafo la compleja teoría del valor subjetivo es una pretensión excesiva. Pero esto es un Blog, no un paper academico. Tenes razón.
Yo lo reformularía con los conceptos de Carl Menger, el creador de la teoría:
“…es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar. La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia.”
Digo yo: El valor es un juicio, una opinión, una preferencia subjetiva variable en tiempo y lugar, dependiendo de deseos o necesidades diferentes para diferentes grupos de personas. El valor no es una “cosa objetiva” determinada por el trabajo, sino un producto del juicio humano. Adios Ley Universal y Objetiva del Valor (fundante de otras supuestas verdades universales), nos hemos topado nuevamente con el reino de la libertad y la variabilidad humanas.
Dice Hayek: Para comprender la verdadera función del sistema de precios —función que, naturalmente, cumple en forma menos perfecta cuando los precios se vuelven más rígidos— debemos considerar dicho sistema como un mecanismo para comunicar información .
El hecho más significativo acerca de este sistema es la economía de conocimientos con que opera, o lo poco que necesitan saber los participantes individuales para poder tomar la decisión correcta .
En resumen, mediante una especie de símbolo, se comunica sólo la información más esencial y sólo a quienes les concierne .
Es más que una metáfora el describir el sistema de precios como una especie de maquinaria para registrar el cambio, o un sistema de telecomunicaciones que permite a los productores individuales observar solamente el movimiento de unos pocos indicadores, tal como un ingeniero puede mirar las agujas de unos pocos medidores, a fin de ajustar sus actividades a los cambio acerca de los cuales puede que nunca sepan ellas más que lo que está reflejado en el movimiento de precios .
Naturalmente, es probable que estos ajustes no sean nunca "perfectos" en el sentido en que el economista los concibe en su análisis de equilibrio .
Pero temo que nuestros hábitos teóricos de abordar el problema basándonos en el supuesto de que prácticamente todos contamos con un conocimiento más o menos perfecto nos han impedido ver la verdadera función del mecanismo de precios y nos han llevado a aplicar patrones más bien engañosos al juzgar su eficiencia .
Lo maravilloso es que en un caso como el de la escasez de una materia prima, sin que se dicte ninguna orden ni que la causa de ello sea conocida más que, tal vez, por una decena de personas, ocurre que millones de personas, cuya identidad no podría ser determinada con meses de investigación, reduzca el uso de la materia prima o sus productos; es decir, de hecho sucede que se mueven en la dirección correcta .
La oferta, justamente, opera en función de la demanda: nadie se preocupa por abaratar la producción de un bien que nadie demanda: los esfuerzos tecnológicos, las economías de escala se invierten en los bienes deseados: son la fuente de su valor. Solo la competencia libre permite esta adaptación de la oferta a la demanda.
Es cierto que Internet surgio de un proyecto estatal- militar (ARPANET). Pero la web NO: es una creación de Tim Berners- Lee, hacia 1992 (el lenguaje hipertexto) y fue rápidamente adoptada por la empresa privada: todas las innovaciones desde ese entonces fueron producto de millones de personas, empresas o instituciones sin fines de lucro, sin subsidios o apoyo estatal: codigo abierto, las increibles herramientas (wiki, redes sociales, etc). Ninguna fue “promovida” por el Estado. Nadie “gobierna “ la Red, que es un increible mecanismo de autogobierno.
Escribe:
Además, en un mundo donde la web 2.0 será lo fundamental, parece más necesario que nunca un organismo que mantenga público el acceso a dicha tecnología... actualmente esa tecnología es de difusión casi totalmente privada, y los escasos espacios en donde el acceso es irrestricto es donde el Estado interviene...
No es cierto, no se de donde sacas esa afirmación: justamente web 2 significa Open data, se terminan las quintitas, los Indecs esotericos que ocultan los datos. Todo debe ser abierto: es la web 3 en la que está trabajando el creador de la web.
La otra cuestión que encontraba de problemática en el texto era en el último párrafo, donde aparece como esperanza una suerte de "colaboración universal". Y esa es la parte que más sospecha me provoca: una colaboración de ese tipo, que involucre a tanta gente, es difícil que se logre pacíficamente. Usualmente la apelación a valores y proyectos universales (paraíso socialista, raza superior, avance de la 'civilización') suelen estar en el foco de la violencia a lo largo de la historia humana... y muchas veces suelen ser los detonantes.
Entiendo tu objeción , pero lo único universal será el acceso a la información, justamente lo que odian los Lideres que se creen la encarnación de valores “universales” que ellos definen a su gusto…
Escribe:
Decía yo que ese argumento es demasiado simplista: ignora la variable oferta, y el efecto que pueda tener una innovación tecnológica en el precio de un producto... al mismo tiempo, señalaba que la web, la herramienta del nuevo paradigma surgió de forma pública. Habría que preguntarse si una tecnología así podría haber surgido en un medio privado.
Digo yo:
Obviamente pretender resumir en un párrafo la compleja teoría del valor subjetivo es una pretensión excesiva. Pero esto es un Blog, no un paper academico. Tenes razón.
Yo lo reformularía con los conceptos de Carl Menger, el creador de la teoría:
“…es completamente erróneo llamar “valor” a un bien que tiene valor para los sujetos económicos, o hablar, como hacen los economistas políticos, de “valores”, como si se tratara de cosas reales e independientes, objetivando así el concepto. Lo único objetivo son las cosas o, respectivamente, las cantidades de cosas, y su valor es algo esencialmente distinto de ellas, es un juicio que se forman los hombres sobre la significación que tiene la posesión de las mismas para la conservación de su vida o, respectivamente, de su bienestar. La objetivación del valor de los bienes, que es por su propia naturaleza totalmente subjetivo, ha contribuido en gran manera a crear mucha confusión en torno a los fundamentos de nuestra ciencia.”
Digo yo: El valor es un juicio, una opinión, una preferencia subjetiva variable en tiempo y lugar, dependiendo de deseos o necesidades diferentes para diferentes grupos de personas. El valor no es una “cosa objetiva” determinada por el trabajo, sino un producto del juicio humano. Adios Ley Universal y Objetiva del Valor (fundante de otras supuestas verdades universales), nos hemos topado nuevamente con el reino de la libertad y la variabilidad humanas.
Dice Hayek: Para comprender la verdadera función del sistema de precios —función que, naturalmente, cumple en forma menos perfecta cuando los precios se vuelven más rígidos— debemos considerar dicho sistema como un mecanismo para comunicar información .
El hecho más significativo acerca de este sistema es la economía de conocimientos con que opera, o lo poco que necesitan saber los participantes individuales para poder tomar la decisión correcta .
En resumen, mediante una especie de símbolo, se comunica sólo la información más esencial y sólo a quienes les concierne .
Es más que una metáfora el describir el sistema de precios como una especie de maquinaria para registrar el cambio, o un sistema de telecomunicaciones que permite a los productores individuales observar solamente el movimiento de unos pocos indicadores, tal como un ingeniero puede mirar las agujas de unos pocos medidores, a fin de ajustar sus actividades a los cambio acerca de los cuales puede que nunca sepan ellas más que lo que está reflejado en el movimiento de precios .
Naturalmente, es probable que estos ajustes no sean nunca "perfectos" en el sentido en que el economista los concibe en su análisis de equilibrio .
Pero temo que nuestros hábitos teóricos de abordar el problema basándonos en el supuesto de que prácticamente todos contamos con un conocimiento más o menos perfecto nos han impedido ver la verdadera función del mecanismo de precios y nos han llevado a aplicar patrones más bien engañosos al juzgar su eficiencia .
Lo maravilloso es que en un caso como el de la escasez de una materia prima, sin que se dicte ninguna orden ni que la causa de ello sea conocida más que, tal vez, por una decena de personas, ocurre que millones de personas, cuya identidad no podría ser determinada con meses de investigación, reduzca el uso de la materia prima o sus productos; es decir, de hecho sucede que se mueven en la dirección correcta .
La oferta, justamente, opera en función de la demanda: nadie se preocupa por abaratar la producción de un bien que nadie demanda: los esfuerzos tecnológicos, las economías de escala se invierten en los bienes deseados: son la fuente de su valor. Solo la competencia libre permite esta adaptación de la oferta a la demanda.
Es cierto que Internet surgio de un proyecto estatal- militar (ARPANET). Pero la web NO: es una creación de Tim Berners- Lee, hacia 1992 (el lenguaje hipertexto) y fue rápidamente adoptada por la empresa privada: todas las innovaciones desde ese entonces fueron producto de millones de personas, empresas o instituciones sin fines de lucro, sin subsidios o apoyo estatal: codigo abierto, las increibles herramientas (wiki, redes sociales, etc). Ninguna fue “promovida” por el Estado. Nadie “gobierna “ la Red, que es un increible mecanismo de autogobierno.
Escribe:
Además, en un mundo donde la web 2.0 será lo fundamental, parece más necesario que nunca un organismo que mantenga público el acceso a dicha tecnología... actualmente esa tecnología es de difusión casi totalmente privada, y los escasos espacios en donde el acceso es irrestricto es donde el Estado interviene...
No es cierto, no se de donde sacas esa afirmación: justamente web 2 significa Open data, se terminan las quintitas, los Indecs esotericos que ocultan los datos. Todo debe ser abierto: es la web 3 en la que está trabajando el creador de la web.
La otra cuestión que encontraba de problemática en el texto era en el último párrafo, donde aparece como esperanza una suerte de "colaboración universal". Y esa es la parte que más sospecha me provoca: una colaboración de ese tipo, que involucre a tanta gente, es difícil que se logre pacíficamente. Usualmente la apelación a valores y proyectos universales (paraíso socialista, raza superior, avance de la 'civilización') suelen estar en el foco de la violencia a lo largo de la historia humana... y muchas veces suelen ser los detonantes.
Entiendo tu objeción , pero lo único universal será el acceso a la información, justamente lo que odian los Lideres que se creen la encarnación de valores “universales” que ellos definen a su gusto…
sábado, julio 17, 2010
Un texto de Rubén Zorrilla sobre la Teoría del Valor de Marx
“Lo que determina la magnitud del valor de un objeto útil es, pues, solamente la cantidad de trabajo o de tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlo. Cada mercancía particular vale, en general, como ejemplar medio de las de su es-pecie. Tienen, por lo tanto, igual magnitud de valor las mercancías que contienen cantidades iguales de trabajo o que pueden ser producidas en el mismo tiempo de trabajo.”
En primer lugar habría que aclarar qué es un objeto ‘útil”, o cuándo un objeto es útil. Marx no lo dice. Aparentemente, un objeto es útil cuando lo reclama alguien, al menos una persona. No interesa cuánto tiempo haya demandado su producción. Precisamente Marx habla de la utilidad de los objetos —no de la mera cantidad de trabajo “contenida” en ellos— para evitar una objeción evidente y devastadora para su teoría: que hay multitud de objetos que reclamaron gran cantidad de trabajo y que son desechados por la gente (no tienen precios o valor).
Lo que indicaría que el valor de un bien (un objeto, un sermón, una fantasía) no depende de la cantidad de trabajo, sino de su demanda, que es, por otra parte, lo que determina que algo (cualquier cosa, aun aquello que no tiene incorporado trabajo) sea mercancía.
Es cierto, como dirá Marx, que si se produce una mejora en la tecnología, baja la cantidad de trabajo y por lo tanto el valor del objeto (en rigor, baja probablemente su precio), pero esta baja se halla relacionada con el menor costo por unidad, y no necesariamente con una baja en el valor global (en sentido marxista) de lo producido. En segundo lugar, que las mercancías que tienen la misma cantidad de trabajo tengan el mismo valor es el mero resultado de la definición de valor: no es una constancia empírica. Esto es lo que tendrían que investigar los marxistas.
¿Cómo podemos saber que siempre que hay una cantidad x de trabajo, habrá la misma cantidad de valor, o a la inversa? Sabemos por experiencia, en cambio, que la cantidad de trabajo, inclusive para un mismo tipo de mercancía, es muy distinta en las diferentes unidades productivas. Los precios, que miden la demanda, son iguales para esas unidades, salvo que se refieran a mercados distintos. ¿Cómo soluciona
Marx este problema? Sosteniendo que “cada mercancía particular vale, en general, como ejemplar medio de la especie”. (26) La expresión “en general” admite que en muchos casos no es así.
Marx da el ejemplo del diamante: encontrarlo cuesta mucho trabajo (¡no siempre ni necesariamente!); de ahí “que en poco volumen representan mucho trabajo”. (27) Pero, como reconoce el mismo Marx (27), el diamante es muy raro, además de hermosísimo, y da la casualidad que tiene una fortísima demanda entre los estratos sociales de gran poder adquisitivo. Pero, ¿qué es lo que determina su valor: la cantidad de trabajo, la rareza y hermosura, o la demanda?
Un soneto de Quevedo tiene una incalculable cantidad de trabajo calificado o com-plejo, más que el de encontrar diamantes en la tierra: ¿por qué no vale más que ellos si ese valor depende de la cantidad de trabajo? Cuando Marx dice que el diamante vale más que el carbón está tomando como punto de referencia, como otras innumerables veces, el precio (que luego identifica, cuando le conviene, con el valor), es decir, la relación oferta-demanda. De otra manera, no sabría qué es lo que tiene más valor. Evidentemente, en ningún caso sabe algo de la duración del trabajo aplicado (su indicador) ni de la calidad de él, dato sin duda esencial.
Lo hace a ojo de buen cubero, guiado por los precios de mercado y extrae sus hipó-tesis de la definición inicial que él impone para hacer el simulacro de que prueba lo que quiere probar
Un nuevo sueño libertario
El carácter excepcional del poder del Gobierno no puede ponerse en duda. Su potestad debe ser controlada, limitada, observada, cuestionada por los ciudadanos. Desde las advertencias de Samuel (“[el Rey] Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y sus caballos y tendrán que correr delante de su carro, les hará labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros. Tomará vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores. Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores.) a las de Santo Tomás ( … si compitiera al derecho de alguna multitud proveerse de un rey, el rey instituido puede ser destituido de manera no injusta por la misma multitud, o bien refrenado en su poder si abusa tiránicamente del poder regio.) hasta la Declaración de Virginia, en 1776 (“Que el Gobierno es, o debe ser, creado para el común beneficio, protección y seguridad del pueblo, nación o comunidad; que de los diversos modos o formas de gobierno, la mejor es aquella que sea capaz de generar el mayor grado de felicidad y seguridad así como de protegerse efectivamente frente al peligro de la mala administración; y que, cuando se considere que un gobierno es inadecuado o contrario a estos objetivos, una mayoría de la comunidad tendrá un indiscutible, inalienable e imprescriptible derecho a reformarlo, cambiarlo o abolirlo, en la manera que se juzgue más conveniente para el bien público.”)
La Declaración de los Derechos del Ciudadano, en Francia, 1789 afirma:
Artículo 2.- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
Como dice el viejo “Camino del Tao”, de 2500 años de antigüedad
Cuando más prohibiciones existen, más pobre es el pueblo.
Cuando más grande es el número de leyes,
Mayor es el número de ladrones y bandidos
Así que queda claro que para los fundadores del pensamiento libertario, desde los redactores de la Torah hasta los revolucionarios franceses, el Gobierno es una entidad efímera, dependiente del pueblo, una herramienta de coordinación y ejecución, que no tiene poder propio, sino el que emana de sus mandantes. Sujeto a la voluntad popular que puede cambiar o abolir el gobierno de turno cuando así lo considere.
El Estado Herramienta- mínimo, acotado, con funciones concretas y limitadas – sin embargo, ha desaparecido hace mucho. Vivimos desde Bismark, Lenin, Mussolini, Hitler, Stalin, o Mao la sacralización del Estado- y de sus conductores- como hace siglos no se veía. Ahora es el Estado Omnipotente el que ordena, regula, castiga, prohíbe, sanciona, promueve, subsidia, protege, olvida o perdona. Es lo más parecido a un Dios sobre la Tierra, que se encarga de hacer funcionar la maquinaria social y, peor aun, pretende manejar nuestras emociones, creencias e ideas.
Creo que el paroxismo del Gobierno Intervencionista que aun bajo Constituciones democráticas se alza como el gran ordenador, frente a la “anarquía” de los mercados financieros, está llegando a su fin.
Como siempre, es por el lado menos previsible: el manejo de la información.
Como enseñan Von Mises y Hayek, el precio es el indicador visible de un sistema de información que en forma instantánea comunica las preferencias de las personas. Si un bien sube de precio, es porque la gente lo demanda. Y si baja, es porque la gente ha encontrado un sustituto más conveniente. La intervención del Estado en la economía distorsiona este sistema de información, creando mundos artificiales basados en precios congelados o subsidios y demás protecciones que producen- como la droga- un estado de entusiasmo pasajero, que se paga después con la depresión.
Las tasas bajas crearon una ficticia sensación de auge, se perdieron todos los cuidados, se creo una burbuja incontrolable que estalló hacia 2009. La solución que encontró el estado que creó en problema fue… más intervención, con lo cual se garantiza una proxima crisis. La crisis no la creó la “codicia capitalista” sino a intervención de la Fed en el precio del dinero, generando un sobre consumo y una sobre especulación.
El Paradigma está cambiando.
El Estado Interventor- que ignora la realidad de la “calle”, que no puede acceder a los verdaderos deseos de la gente ya que ha alterado el sistema de información que permite la toma de decisiones empresariales con la máxima racionalidad- ha llegado a su límite. Ahora necesita información: teme tomar decisiones autistas, que son las que llevan a la crisis.
Por eso- y gracias a la increíble tecnología de la Web- se está creando un fuerte fenómeno de “información compartida”: el Gobierno abre sus informaciones (“cuanto cobra el Asesor del subsecretario de Energía”, “cuantos casos de cancer se han detectado en cercanías de tal fabrica”, “quien financia la campaña electoral de tal candidato”, etc.) a cambio de obtener información de los ciudadanos: colaboración, participación, inteligencia colectiva, gobierno en la Red, evaluación colectiva de propuestas, concursos de ideas, formación de comunidades activas de expertos e interesados, etc. son todos fenómeno nuevos, que hace tan solo cinco años no existían. Cada vez más gobernar se va a asemejar más a coordinar, facilitar, promover la conversación social y cada vez menos a ordenar, controlar, dirigir, sancionar.
Esta es la Revolución que el Gov 2.0- que así se denomina- comenzó y que dará sus frutos dentro de diez años, quizás.
Para ese momento, es de esperar, la crisis energética, el hambre, la ignorancia, serán cosas del pasado. El Gobierno será meramente una herramienta de coordinación y articulación de información para a toma de decisiones. Se terminará el exclusivismo, el secretismo, la tabicación, el cajoneo: millones de ciudadanos interesados escudriñarán cada gestión estatal, cada computadora del gobierno, a fin de señalar la persistencia de prácticas burocráticas, corruptas, erróneas, ineficientes, la pereza o la inactividad. La actividad privada- coordinada entre sí y con el Estado- tendrá al fin la soberanía sobre prioridades presupuestarlas, urgencias, planes, programas, acciones. El clientelismo desaparecerá y los partidos políticos volverán a ser fuente de provisión de buenos funcionarios públicos, articular demandas, debatir propuestas.
Es este quizás un nuevo sueño libertario. Pero vale la pena soñarlo.
La Declaración de los Derechos del Ciudadano, en Francia, 1789 afirma:
Artículo 2.- La finalidad de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
Como dice el viejo “Camino del Tao”, de 2500 años de antigüedad
Cuando más prohibiciones existen, más pobre es el pueblo.
Cuando más grande es el número de leyes,
Mayor es el número de ladrones y bandidos
Así que queda claro que para los fundadores del pensamiento libertario, desde los redactores de la Torah hasta los revolucionarios franceses, el Gobierno es una entidad efímera, dependiente del pueblo, una herramienta de coordinación y ejecución, que no tiene poder propio, sino el que emana de sus mandantes. Sujeto a la voluntad popular que puede cambiar o abolir el gobierno de turno cuando así lo considere.
El Estado Herramienta- mínimo, acotado, con funciones concretas y limitadas – sin embargo, ha desaparecido hace mucho. Vivimos desde Bismark, Lenin, Mussolini, Hitler, Stalin, o Mao la sacralización del Estado- y de sus conductores- como hace siglos no se veía. Ahora es el Estado Omnipotente el que ordena, regula, castiga, prohíbe, sanciona, promueve, subsidia, protege, olvida o perdona. Es lo más parecido a un Dios sobre la Tierra, que se encarga de hacer funcionar la maquinaria social y, peor aun, pretende manejar nuestras emociones, creencias e ideas.
Creo que el paroxismo del Gobierno Intervencionista que aun bajo Constituciones democráticas se alza como el gran ordenador, frente a la “anarquía” de los mercados financieros, está llegando a su fin.
Como siempre, es por el lado menos previsible: el manejo de la información.
Como enseñan Von Mises y Hayek, el precio es el indicador visible de un sistema de información que en forma instantánea comunica las preferencias de las personas. Si un bien sube de precio, es porque la gente lo demanda. Y si baja, es porque la gente ha encontrado un sustituto más conveniente. La intervención del Estado en la economía distorsiona este sistema de información, creando mundos artificiales basados en precios congelados o subsidios y demás protecciones que producen- como la droga- un estado de entusiasmo pasajero, que se paga después con la depresión.
Las tasas bajas crearon una ficticia sensación de auge, se perdieron todos los cuidados, se creo una burbuja incontrolable que estalló hacia 2009. La solución que encontró el estado que creó en problema fue… más intervención, con lo cual se garantiza una proxima crisis. La crisis no la creó la “codicia capitalista” sino a intervención de la Fed en el precio del dinero, generando un sobre consumo y una sobre especulación.
El Paradigma está cambiando.
El Estado Interventor- que ignora la realidad de la “calle”, que no puede acceder a los verdaderos deseos de la gente ya que ha alterado el sistema de información que permite la toma de decisiones empresariales con la máxima racionalidad- ha llegado a su límite. Ahora necesita información: teme tomar decisiones autistas, que son las que llevan a la crisis.
Por eso- y gracias a la increíble tecnología de la Web- se está creando un fuerte fenómeno de “información compartida”: el Gobierno abre sus informaciones (“cuanto cobra el Asesor del subsecretario de Energía”, “cuantos casos de cancer se han detectado en cercanías de tal fabrica”, “quien financia la campaña electoral de tal candidato”, etc.) a cambio de obtener información de los ciudadanos: colaboración, participación, inteligencia colectiva, gobierno en la Red, evaluación colectiva de propuestas, concursos de ideas, formación de comunidades activas de expertos e interesados, etc. son todos fenómeno nuevos, que hace tan solo cinco años no existían. Cada vez más gobernar se va a asemejar más a coordinar, facilitar, promover la conversación social y cada vez menos a ordenar, controlar, dirigir, sancionar.
Esta es la Revolución que el Gov 2.0- que así se denomina- comenzó y que dará sus frutos dentro de diez años, quizás.
Para ese momento, es de esperar, la crisis energética, el hambre, la ignorancia, serán cosas del pasado. El Gobierno será meramente una herramienta de coordinación y articulación de información para a toma de decisiones. Se terminará el exclusivismo, el secretismo, la tabicación, el cajoneo: millones de ciudadanos interesados escudriñarán cada gestión estatal, cada computadora del gobierno, a fin de señalar la persistencia de prácticas burocráticas, corruptas, erróneas, ineficientes, la pereza o la inactividad. La actividad privada- coordinada entre sí y con el Estado- tendrá al fin la soberanía sobre prioridades presupuestarlas, urgencias, planes, programas, acciones. El clientelismo desaparecerá y los partidos políticos volverán a ser fuente de provisión de buenos funcionarios públicos, articular demandas, debatir propuestas.
Es este quizás un nuevo sueño libertario. Pero vale la pena soñarlo.
viernes, julio 16, 2010
El desastre de la semana
La reaparicion de Fidel Castro, anunciando un inminente ataque de EEUU e Israel a Irán y defendiendo, cómo no, al "revolucionario" régimen teocrático chiita. Ahora el Lider Máximo de la izquierda revolucionaria se saca al fin la careta: es el vocero y propagandista del islamismo medieval. Así anda el mundo.
Una pregunta: ¿alguna vez el Lider Máximo nombró a la AMIA, se mostró apenado por las víctimas, exigió justicia? ESA sangre solo le produce indiferencia.
Una pregunta: ¿alguna vez el Lider Máximo nombró a la AMIA, se mostró apenado por las víctimas, exigió justicia? ESA sangre solo le produce indiferencia.
AMIA

Entonces, explotó. De un zarpazo descomunal expandió miles de fragmentos de material y músculo imbricados, sin perdón ni piedad. La pura materia se deshizo, átomos desperdigados, moléculas desgajadas, células abandonadas, tejidos desgarrados, órganos cercenados, todo en un amasijo irreconocible. Es fea la muerte. Nos devuelve al reino de lo material: se desarman nuestras partes, mostrando que somos un mecanismo eventual, casi milagroso, una casualidad de la evolución, un acto fortuito del algún dios aburrido. Y ahí, en esa masa, solo se reconoce la pura materia de los cuerpos abandonados de impulso de vida. No hay expresión en esos rostros abandonados y solos. Sorpresa quizás. Una última pregunta congelada en la mirada, antes de desarmarse.
Hay que volver a reconstruirlos a la vida, recordando, al menos, sus nombres:
Sivana Alguea, Jorge Antúnez, Moises Arazi, Carlos Avedaño, Yanina Aberbuj, Naum Band, Sebastian Barreiro, David Barriga, Norberto Basiglio, Rebeca Behar, Dora Belgorosky, Favio Barmúdez, Romina Boland, Emiliano Brikman, Gabriel Buttini, Adela Casabé, Paola Czyzewski, Jacobo Chemanuel, Cristián Degtiar, Diego Depirro, Norbeto Díaz, Norberto Dubín, Fiwel Dyjament, Mónica Feldman, Alberto Fernández, Martín Figueroa, Ingrid Finkelchtein, Leonor Finkelchtein, Fabián Furman, Gullermo Galarraga, Tenorio García, José Ginsberg, Cynthia Goldenberg, Andrea Guteman, Leonor Hersalis, Carlos Hilú, Emilia Jakubiec, María Jaworski, Verónica Josch, Carla Josch, Elena Kastika, Esther Klin, León Knorpel, Berta Kozuk, Fernando Kupchik, Agustín Lew, Jesús Lourdes, Andrés Malamud, Gregorio Melman, Ileana Mercovich, Naón Mirochnik, NN, Mónica Nudel, Elías Palti, Germán Parsons, Rosa Perelmuter, Fernando Pérez, Jaime Plaskin, Silvia Portnoy, Olegario Ramírez, Graciela Reisfeld, Roberto Roisman, Raquel Said, Ricardo Said, Rimar Salazar Mendoza, Fabián Schalit, Pablo Schalit, Mauricio Schiber, Nestor Serena, Mirta Strier, Liliana Szwimer, Naum Tenembaum, Juan Terranova, Emilia Berelejis, Manuela Toer, Marta Treibman, Angel Ubfal, Eugenio Vela, Juan Vela, Gustavo Velazquez, Isabel Velazquez, Danilo Villaverde, Julia Wolinski, Rita Worona, Adhemar Zárate.
Asesinados el 18 de julio de 1994, en la AMIA de Buenos Aires. Judíos y cristianos. Argentinos, paraguayos y uruguayos. Jóvenes y viejos.
Sin los pretextos actuales- que terminan culpando de las bombas a las víctimas- el puro odio de imanes y mujaidines, sin causa ni provocación, los mató. El siglo XXI comenzó allí.
miércoles, julio 14, 2010
El "calentamiento" del Polo Norte 1958-2009
martes, julio 13, 2010
Inventar a Dios
Alguien dijo que los que no creen en Dios, terminan creyendo en cualquier cosa (la Raza, la Dictadura del Proletariado...)
No creo en Dios. Mi formación racionalista desdeña suponer que existe algo así como un Espíritu con poder para crear átomos, vida, soles. Mucho menos, puedo creer en un Dios local, terrestre, en un Uiverso de miles de millones de galaxias.
Sin embargo, leyendo a Karen Armstrong se me reafirma la certeza de que Dios es una mentira necesaria. Un pretexto para fundar la santidad de la vida. Un escudo protector contra la prepotencia de reyes y dictadores. Una puerta al misterio de la vida y la muerte.
Es muy fácil no creer en Dios...y creer en pequeños ídolos falsos como Maradona o Kirchner. Se dice con total certidumbre "dios es un absurdo" y se vota a los que roban, mienten o prohiben.
Creer en la IDEA de Dios como necesaria implica descreer de los administradores eclesiásticos, de las burocracias religiosas, de las iglesias y sus ornamentos. Dios debería ser una fuente de esperanza, un remanso para cada hombre individual, no la bandera de cruzados y fundamentalistas. Dios no es la Patria, ni el Rey. Dios, una fuente misteriosa de sentido, no puede pertenecer a ningun pueblo, a ninguna lengua.
Dios no existe, pero hay que inventarlo.
No creo en Dios. Mi formación racionalista desdeña suponer que existe algo así como un Espíritu con poder para crear átomos, vida, soles. Mucho menos, puedo creer en un Dios local, terrestre, en un Uiverso de miles de millones de galaxias.
Sin embargo, leyendo a Karen Armstrong se me reafirma la certeza de que Dios es una mentira necesaria. Un pretexto para fundar la santidad de la vida. Un escudo protector contra la prepotencia de reyes y dictadores. Una puerta al misterio de la vida y la muerte.
Es muy fácil no creer en Dios...y creer en pequeños ídolos falsos como Maradona o Kirchner. Se dice con total certidumbre "dios es un absurdo" y se vota a los que roban, mienten o prohiben.
Creer en la IDEA de Dios como necesaria implica descreer de los administradores eclesiásticos, de las burocracias religiosas, de las iglesias y sus ornamentos. Dios debería ser una fuente de esperanza, un remanso para cada hombre individual, no la bandera de cruzados y fundamentalistas. Dios no es la Patria, ni el Rey. Dios, una fuente misteriosa de sentido, no puede pertenecer a ningun pueblo, a ninguna lengua.
Dios no existe, pero hay que inventarlo.
Escuchemos a Karen Armstrong, historiadora de las religiones
Hay una maravillosa historia sobre Auschwitz que cuenta que una noche los judíos se sentaron con los rabinos y llevaron a Dios a juicio. Y este es el Dios que se suponía debía cuidar de su gente, que se suponía que debía estar lleno de compasión por la raza humana, que se suponía ser todopoderoso. Y miran alrededor de este despliegue de horror. Y juzgan que Dios merece la muerte y lo sentencian a muerte. Y luego el rabino dice que “Dios está muerto, y llegó la hora de la oración vespertina”. Y ese es un profundo momento religioso, creo, en el que no podemos expresar, comprender ni definir a Dios. Las ideas sobre Dios pueden vivir y morir. Pero la oración, la lucha por comprender, incluso los momentos más oscuros de la vida, ese esfuerzo continúa y nos hace humanos.
La religión no se supone que brinde certeza. Los chinos son muy firmes con respecto a esto, y dicen que cuando uno está seguro, cuando uno dice que está seguro, generalmente es ego. Porque no puede haber ninguna certeza acerca de Dios. Nadie tiene la última palabra acerca de Dios. Dios supera nuestro dogmatismo. Dios supera nuestras pequeñas y limitadas ideas. Dios es lo que los místicos judíos llaman Ein Sof, sin final. Y nos zambullimos en el misterio. Y que si tratamos de limitar a Dios y acomodarlo perfectamente en una ideología simplista, estamos reduciéndolo a proporciones normales. Y allí es donde ocurren algunas de las peores atrocidades religiosas.
Los cruzados solían entrar en batalla gritando, “¡Dios así lo quiere!” cuando asesinaban y masacraban a miles de judíos y musulmanes. Ahora evidentemente Dios, sin importar qué Dios sea, no deseaba nada semejante. Lo que los cruzados hacían era proyectar su propio odio y aborrecimiento de estas creencias religiosas rivales en un ser imaginario, un ídolo que habían creado a su propia imagen y semejanza. Y aunque hoy en día no hay muchos cruzados, hay, como escuchamos a menudo, predicadores o expertos por la radio que dicen: “Dios quiere esto” o “Dios odia aquello”. Y es un misterio con qué frecuencia las opiniones de la deidad coinciden con las del orador. Podemos hacer que Dios encaje perfectamente en nuestra propia ideología, hacer exactamente lo que queremos, y esa es una gran tentación religiosa.
Y ya no puedo decir que alguna de estas creencias religiosas tenga el monopolio de la verdad, que una sea mejor que otra. Cada una de las principales creencias religiosas mundiales tiene sus propias genialidades particulares, y cada una tiene sus propias fallas particulares, su propio talón de Aquiles.
Nosotros siempre vemos lo mejor de las religiones, dos pequeñas palabras que siempre tenemos que recordar cuando hablamos de religión: “lo mejor”: las religiones están todas diseñadas para ayudar a refrenar este instinto asesino dentro de nosotros reconociendo que cada ser humano es sagrado e inviolable. Ahora una vez que uno pierde ese sentido, ocurre lo que ocurrió en Auschwitz. Y en cierta forma misteriosa, la sola imagen del campo de concentración repite la imagen del infierno que obsesionó a los europeos desde la Edad Media: la oscuridad, los azotes, las burlas, el terrible olor a azufre. Éstas son las imágenes del infierno. Y en esta réplica moderna del infierno, uno se da cuenta lo que ocurre cuando se pierde lo sagrado. Eso no significa que uno deba adoptar un concepto o noción teológica en particular de Dios, sino que lo que hay que entender es el carácter sagrado absoluto de cada ser humano, sin importar la raza o la creencia ideológica o religiosa a la que pertenezca.
Todas nuestras tradiciones se desarrollaron en momentos de terrible violencia. Y lo que descubrí en mis investigaciones fue que en cada uno de los casos, el impulso de hacer cambios religiosos importantes que dieron lugar a lo que llamamos las principales tradiciones mundiales, las principales creencias religiosas, de hecho provenía de una repulsión de esa violencia y un intento disciplinado por mitigar la violencia en la psique humana, por buscar las causas de la violencia y el odio en nuestro egoísmo, codicia y nuestra infinita preocupación por nosotros mismos.
Por lo tanto, en un sentido es un reconocimiento de nuestra violencia, y un intento por trascender esa violencia y odio, donde uno siente una sensación de gran tensión y lucha para lograr la paz y la belleza. No alejando la vista de la violencia y diciendo que todo es maravilloso y que somos seres humanos encantadores. Eso es ridículo. Sino al mirar detenidamente esa experiencia en nuestros corazones, sacándola a la luz y reconociendo que está allí, que le podría pasar a cualquiera. Todos podríamos hacernos terroristas si no tratáramos de contenernos, no tratáramos de examinarnos primero a nosotros mismos antes de condenar a los demás.
lunes, julio 12, 2010
De un preso cubano
www.tintainfelizmierdaflorida.blogspot.com- 11 de Julio de 2010- Tres días bastaron para encarcelarnos. Quince días fueron suficientes para condenarnos. Siete años para, a cuenta presos, liberarnos.
Fue necesario que Miguel Valdés Tamayo muriera con el corazón ripiado por un infarto, que Normando Hernández y Luis Enrique Ferrer no vieran crecer a sus pequeñas hijas, que Antonio Villarreal enloqueciera, que Ariel Sigler Amaya permutara sus piernas por una silla de ruedas, que Orlando Zapata Tamayo decidiera morir de hambre, que las Damas de Blanco recibieran insultos y golpes, que Guillermo Fariñas expusiera su vida para que el régimen cubano tomara la decisión de liberar a los restantes 52 presos del Grupo de los 75.
Pero la promesa de liberación trae el sello de la última tortura. Para cualquiera de los encarcelados esperar tres o cuatro meses, soñando, ansiado, rezando porque mañana sea el día señalado, será la más cruel de las esperas. Una guerra de nervios, una batalla de sobresaltos, una sucesión de frustraciones en cada atardecer en que no llegue la noticia.
Después de siete años y cuatro meses de prisión, hay que ser muy fuerte para resistir la llegada del día en que, para colmos, junto a la liberación quizás les impongan el destierro.
Si hubiera buena fe, si no esperara algo a cambio, si el gobierno cubano no acostumbrara a macerar el alma de su pueblo, podría esperarse que la liberación hubiera sido inmediata y sin condiciones, pero las dictaduras son dictaduras y torturan hasta el último instante.
Fue necesario que Miguel Valdés Tamayo muriera con el corazón ripiado por un infarto, que Normando Hernández y Luis Enrique Ferrer no vieran crecer a sus pequeñas hijas, que Antonio Villarreal enloqueciera, que Ariel Sigler Amaya permutara sus piernas por una silla de ruedas, que Orlando Zapata Tamayo decidiera morir de hambre, que las Damas de Blanco recibieran insultos y golpes, que Guillermo Fariñas expusiera su vida para que el régimen cubano tomara la decisión de liberar a los restantes 52 presos del Grupo de los 75.
Pero la promesa de liberación trae el sello de la última tortura. Para cualquiera de los encarcelados esperar tres o cuatro meses, soñando, ansiado, rezando porque mañana sea el día señalado, será la más cruel de las esperas. Una guerra de nervios, una batalla de sobresaltos, una sucesión de frustraciones en cada atardecer en que no llegue la noticia.
Después de siete años y cuatro meses de prisión, hay que ser muy fuerte para resistir la llegada del día en que, para colmos, junto a la liberación quizás les impongan el destierro.
Si hubiera buena fe, si no esperara algo a cambio, si el gobierno cubano no acostumbrara a macerar el alma de su pueblo, podría esperarse que la liberación hubiera sido inmediata y sin condiciones, pero las dictaduras son dictaduras y torturan hasta el último instante.
Artículo de Alejandro Rozitchner
La Argentina no es un gran país
sábado 10 de julio
Por Alejandro Rozitchner
www.100volando.net
Supongamos que el amor a la patria es sincero, porque hay gente que lo siente. O supongamos que, sin necesidad de ponernos nacionalistas, a uno le pase que adore su ciudad, su provincia, su circunstancia argentina, su ser de aquí, sus costumbres y sus amigos. Está todo bien. Es lindo sentir esas cosas, son partes de una actitud sana en la existencia: querer lo propio, disfrutarlo. De ese amor surgen las fuerzas afirmativas que permiten mejorar las situaciones que queremos mejorar.
Pero ahora viene la pregunta: ¿es necesario sostener a continuación la absurda idea de que la Argentina es un gran país? Veamos los hechos: aun teniendo grandes riquezas naturales no logramos eliminar la pobreza. Hemos crecido, hemos decrecido, hemos mejorado (y lo digo en serio, siendo la principal mejoría el hecho de que no tenemos ya violencia política) y, con todo, una gran parte de nuestros compatriotas continúa padeciendo miseria. No todos los chicos argentinos comen, ni tienen educación, ni tienen adecuados cuidados de salud. No todas las personas argentinas tienen trabajo, o saben trabajar. O quieren trabajar (existen todas las variables). ¿No basta este cuadro, verdadero de toda verdad, para concluir que no somos un gran país?
Los grandes países lo son por su capacidad para los grandes logros. De nada sirve decir que todos los chicos argentinos tienen derecho a la alimentación: hay que lograr darles de comer. Los grandes países lo logran. Su producción es enorme, hay dinero, recursos. Su capacidad de gestión es alta: saben generar planes asistenciales eficaces (contrariamente a lo que podemos creer con inocencia, los grandes países gastan más que nosotros en planes asistenciales y, además, los hacen mejor). Los grandes países, cuando encaran un trabajo social, no ven los objetivos desdibujados por conveniencias políticas o por corrupción, como nos pasa a nosotros. Los grandes países saben limitar la corrupción, el uso de lo público con fines privados. Los grandes países son capaces de desarrollar fuerzas de seguridad más eficaces, porque si bien en todas partes hay delincuentes no en todas se los hace víctimas del sistema y se los quiere liberar del peso opresivo de la represión capitalista (verso campeón entre los versos posibles).
Los grandes países no viven a las puteadas con sus políticos, porque las personas que los conforman, en vez de hacer el truco de quitarse responsabilizad disfrutando del encantador arte de la puteada continua y la meritoria decepción, se meten en los partidos y generan opciones de cambio. Los grandes países no rechazan a sus políticos, tienen mejores políticos. Los grandes países reinventan la política cuando lo sienten necesario, porque las personas que viven en ellos cuando ven aspectos en el gobierno que no les gustan, se meten en el tema para dar la batalla que supone el trabajo de mejorar.
Sí, claro, queda el recurso de la potencia y el sueño. La Argentina es un gran país por las cosas que podría lograr. Pero mientras no las logre, esa presunción es narcisismo barato, nacionalismo berreta. O peor: están los que piensan que la Argentina es un gran país porque hace muchos años vivió un notable momento de desarrollo. Sin embargo, los grandes países no tiran el desarrollo logrado con esfuerzo a la marchanta en una constante fiesta de demagogia y populismo. Los grandes países continúan el trabajo.
Tenemos que asumir el peso de la verdad: el nuestro no es un gran país. Sí, somos bastante inteligentes, lindos, encantadores, cancheros, talentosos… pero no tenemos un gran país. ¿Nos gustaría tenerlo? Muy bien. Es un buen objetivo. Además, alcanzable. Otros lo han logrado, ¿por qué nosotros no vamos a poder hacerlo? Hagamos lo necesario.
Una de las cosas necesarias es lo que propone este artículo: no cultivar un orgullo vacío, simbólico, un amor ideal y confundido. El amor por el país se muestra en trabajos concretos. Esa costumbre nuestra de amar mucho y no hacer nada no es amor, es blablablá. Ese simbolismo confunde, engaña, retrasa. Amar y estar a las puteadas no es amar. No tenemos derecho a vivir rechazando la política, tenemos que entrar en ella y mejorarla. Tenemos que crear un ambiente político en donde la sana competencia por el poder no genere constantes trabas en la gestión sensata. Tenemos que construir una política de creatividad y entendimiento, no una de confrontaciones y divismos, de incapacidades y disgustos constantes. Hay que hacerlo ahora, porque no sólo no somos un gran país, tampoco somos eternos. ¿Alguien quiere ayudar?
sábado 10 de julio
Por Alejandro Rozitchner
www.100volando.net
Supongamos que el amor a la patria es sincero, porque hay gente que lo siente. O supongamos que, sin necesidad de ponernos nacionalistas, a uno le pase que adore su ciudad, su provincia, su circunstancia argentina, su ser de aquí, sus costumbres y sus amigos. Está todo bien. Es lindo sentir esas cosas, son partes de una actitud sana en la existencia: querer lo propio, disfrutarlo. De ese amor surgen las fuerzas afirmativas que permiten mejorar las situaciones que queremos mejorar.
Pero ahora viene la pregunta: ¿es necesario sostener a continuación la absurda idea de que la Argentina es un gran país? Veamos los hechos: aun teniendo grandes riquezas naturales no logramos eliminar la pobreza. Hemos crecido, hemos decrecido, hemos mejorado (y lo digo en serio, siendo la principal mejoría el hecho de que no tenemos ya violencia política) y, con todo, una gran parte de nuestros compatriotas continúa padeciendo miseria. No todos los chicos argentinos comen, ni tienen educación, ni tienen adecuados cuidados de salud. No todas las personas argentinas tienen trabajo, o saben trabajar. O quieren trabajar (existen todas las variables). ¿No basta este cuadro, verdadero de toda verdad, para concluir que no somos un gran país?
Los grandes países lo son por su capacidad para los grandes logros. De nada sirve decir que todos los chicos argentinos tienen derecho a la alimentación: hay que lograr darles de comer. Los grandes países lo logran. Su producción es enorme, hay dinero, recursos. Su capacidad de gestión es alta: saben generar planes asistenciales eficaces (contrariamente a lo que podemos creer con inocencia, los grandes países gastan más que nosotros en planes asistenciales y, además, los hacen mejor). Los grandes países, cuando encaran un trabajo social, no ven los objetivos desdibujados por conveniencias políticas o por corrupción, como nos pasa a nosotros. Los grandes países saben limitar la corrupción, el uso de lo público con fines privados. Los grandes países son capaces de desarrollar fuerzas de seguridad más eficaces, porque si bien en todas partes hay delincuentes no en todas se los hace víctimas del sistema y se los quiere liberar del peso opresivo de la represión capitalista (verso campeón entre los versos posibles).
Los grandes países no viven a las puteadas con sus políticos, porque las personas que los conforman, en vez de hacer el truco de quitarse responsabilizad disfrutando del encantador arte de la puteada continua y la meritoria decepción, se meten en los partidos y generan opciones de cambio. Los grandes países no rechazan a sus políticos, tienen mejores políticos. Los grandes países reinventan la política cuando lo sienten necesario, porque las personas que viven en ellos cuando ven aspectos en el gobierno que no les gustan, se meten en el tema para dar la batalla que supone el trabajo de mejorar.
Sí, claro, queda el recurso de la potencia y el sueño. La Argentina es un gran país por las cosas que podría lograr. Pero mientras no las logre, esa presunción es narcisismo barato, nacionalismo berreta. O peor: están los que piensan que la Argentina es un gran país porque hace muchos años vivió un notable momento de desarrollo. Sin embargo, los grandes países no tiran el desarrollo logrado con esfuerzo a la marchanta en una constante fiesta de demagogia y populismo. Los grandes países continúan el trabajo.
Tenemos que asumir el peso de la verdad: el nuestro no es un gran país. Sí, somos bastante inteligentes, lindos, encantadores, cancheros, talentosos… pero no tenemos un gran país. ¿Nos gustaría tenerlo? Muy bien. Es un buen objetivo. Además, alcanzable. Otros lo han logrado, ¿por qué nosotros no vamos a poder hacerlo? Hagamos lo necesario.
Una de las cosas necesarias es lo que propone este artículo: no cultivar un orgullo vacío, simbólico, un amor ideal y confundido. El amor por el país se muestra en trabajos concretos. Esa costumbre nuestra de amar mucho y no hacer nada no es amor, es blablablá. Ese simbolismo confunde, engaña, retrasa. Amar y estar a las puteadas no es amar. No tenemos derecho a vivir rechazando la política, tenemos que entrar en ella y mejorarla. Tenemos que crear un ambiente político en donde la sana competencia por el poder no genere constantes trabas en la gestión sensata. Tenemos que construir una política de creatividad y entendimiento, no una de confrontaciones y divismos, de incapacidades y disgustos constantes. Hay que hacerlo ahora, porque no sólo no somos un gran país, tampoco somos eternos. ¿Alguien quiere ayudar?
domingo, julio 11, 2010
sábado, julio 10, 2010
Las lecciones del Mundial
Ya es tiempo de balance.Es tiempo , ya, de sacar conclusiones sobre lo que ocurrió en el Mundial, especialmente, lo que le ocurrió al equipo de Argentina.
1-Bianchi o Maradona, Civilización o Barbarie titulé un artículo cuando renunció Basile y empezó la búsqueda de sustituto. Todo giraba alrededor de esos dos nombres:
“Argentina, rumbo a su desastre final, acaba de nombrar a Maradona como DT de la Selección. Se desecha a Bianchi – posiblemente el mejor entrenador del mundo- en beneficio del marketing barato, de la fuerza del puro sentimiento, de la movilización de las masas como método.(…)
“O yo no entiendo nada o creo que la falta de disciplina, el capricho, la irreflexión, el amiguismo, la arbitrariedad y el fanatismo del “Diego” harán fracasar miserablemente a la Selección . Los que creen en brujos, estarán contentos. Los que creemos que hay algunas leyes que conforman los procesos humanos y que no pueden ser salteadas sin resultados negativos, estamos de duelo. No por un simple juego deportivo, sino por el carácter simbólico que adquiere este nombramiento: el premio a la falta de voluntad, al amiguismo, al exceso, la enfermedad, la ignorancia, la exageración, la incultura, a la barbarie. Ojalá me equivoque.”
No me equivoqué.
2- La novela del Poder
Apenas se hizo cargo Maradona, comenzó la novela del poder: quién podría nombrar a sus asistentes, el papel de Bilardo y el tironeo sobre Ruggieri. Estaba claro que ya desde el primer momento Maradona iba a ser un Prima Donna, caprichosa y agresiva. Pero esta pequeña novela del poder “micro” se mezcló con la novela “Macro”: la guerra entre el gobierno y el Grupo Clarín, el golpe de estado que le sacó a Torneos y Competencias- de ese grupo mediático- la exclusiva de televisar los partidos de la AFA, y el nacimiento del “futbol para todos” financiado por el Gobierno. Se vio claro que un Gobierno escaso de carisma y pero con mucha Caja, quería salir de la derrota que le infligió el campo- y después, el 70% del electorado- poniendo artillería gruesa: Maradona, futbol para todos, ganar el Mundial, en aras de su Premio Mayor, la reelección en 2011.
Las cosas quedaron muy claras: apoyar a Maradona era apoyar al gobierno; rechazar a Maradona era rechazar al Gobierno. Así, como siempre en las netas divisiones argentinas (Unitarios y Federales, Rosismo y Antirrosismo, Peronistas y Gorilas, River y Boca) no queda margen para la duda, la ambigüedad o la vacilación.
3- La desastrosa Clasificación
Tomó Maradona las riendas del equipo y comenzó a perder partidos o ganarlos sobre equipos débiles como Venezuela. Bolivia cascoteó el arco (6 a 1), se perdió contra Brasil y contra Paraguay . Solo el agónico 1 a 0 en Montrevideo evitó el desastre. Recordemos las equilibradas palabras de Maradona en esa ocasión “Sigan chupandola, que me la chupen, la tienen adentro”. El pronóstico no podía ser más sombrío
4- El cambio de clima
A pesar de todo, la primera ronda en Sudáfrica fue muy auspiciosa para Argentina. Ya puestos a ganar , la locura llegó para quedarse. Dios es Maradona, Maradona es Dios. Los que éramos “anti-M”, nos callamos y tratamos de disfrutar el buen momento. Pero México fue un llamado de atención: ganamos con ayuda del árbitro y de la suerte y mostramos excesivos errores. Alemania parecía un rival demasiado potente. Pero nadie veía al Rey desnudo. Nadie se atrevía a decir “todavía no le ganamos a nadie de primera línea”
5- La Caída
Como siempre, la derrota es implacable porque deja a la luz los errores. El 4 a 0 –uno de los peores resultados que tuvo Argentina en toda la historia de los mundiales- fue el regalo que la pésima conducción de Maradona nos dejó a los argentinos.
Entonces, sí: todos los periodistas se animaron, al fin, a hacer la autopsia (¿por qué no hicieron el diagnóstico antes de deceso?)
Descubrimos que Maradona no tiene la menor idea de estrategia. Que es un excelente motivador- aunque yo lo dudo, pero eso ya es un lugar común- pero se enojó con Riquelme, no convocó a Cambiasso o Zanetti, probó a cien jugadores, no incluyó a Verón en el partido decisivo, etc. Y armó un esquema táctico incomprensible, poniendo a gente incompetente como defensores laterales . Y sobre todo: no dándole una función clara a Messi (“seguí a la pelota”, le dijo)
El martes tuve la suerte de asistir a un charla de Sergio Hernández- DT de la selección de básquet- y escuché ahí la razón de fondo (obviamente Hernández no se refería a Maradona, hablaba de su experiencia): “ Los genios como Ginobili te exigen que les des las pautas estratégicas, que les ayudes a entender el partido. Después ellos van y hacen lo suyo magistralmente. La función del DT es complementaria a la de los jugadores. Por mas genios que sean, necesitan contención, ideas claras”.
Otra “En Atlanta vi como Phelps tenía todo tan planificado que se le evitaba el ir a comer al restaurante, le traían la comida a su cuarto; a tal punto llega la planificación del entrenamiento físico”.
Igual que acá: asado, picadito, falta de estrategia, pero eso sí, mucha “motivación” (la gloria, la camiseta)
6 - Uruguay
Gracias a Dios, existe Uruguay. El paisito siempre fue un mudo contraejemplo, siempre hizo lo que Argentina desechó (seriedad, participación, la mujer vota desde 1910, democracia, República, no caudillismo, no peronismo) y siempre demostró que hay otra forma de hacer las cosas. Alemania 3-Uruguay 2 le debe haber dolido a Maradona y su Corte, más que los cuatro “pepinos” de Alemania. Porque indica que un equipo teóricamente inferior le hizo partido de igual a igual a dos monstruos (Holanda y Alemania) perdiendo por la mínima. Un Maestro dirigiendo- sin sobreactuación, con modestia pero con firmeza- obró el milagro. No hizo falta “motivarlos” a los de Tabarez: hizo falta dirigirlos, plantarlos en cada partido, darles funciones claras y apropiadas a cada uno de los once. No hizo falta tanta novela de poder, no hizo falta que el Presidente meta sus manos, no hizo falta extraños contratos televisivos. Solo, que cada uno cumpla su función eficientemente.Y así lo hicieron.
7- Las lecciones
1- No mezclar política con gestión
2- Ser modestos, no creerse dueños de la verdad
3- Estudiar, ser el primero en estrategias (el DT), y el primero en parar pelotas, en aguantar, en organizar, en lanzar, en meter goles, en armar el medio campo o el ataque a quien le toque.
4- La función del líder es descubrir lo mejor de cada uno y armar la estrategia que coordine a todos, sin querer sobresalir frente a los medios.
5- Basta de esperar todo de un Líder Mágico
6- Basarse en los recursos individuales pero buscar siempre la coordinación
7- No creerse la realidad que uno inventa sino leer la dura y simple realidad
8- El entusiasmo y la motivación son el combustible, pero no alcanza. La estrategia colectiva y la habilidad individual son la clave.
9- Planear, planificar, prever, practicar, entrenar, probar, ensayar, experimentar, trabajar, trabajar.
10- Un poco de suerte, que siempre ayuda…
1-Bianchi o Maradona, Civilización o Barbarie titulé un artículo cuando renunció Basile y empezó la búsqueda de sustituto. Todo giraba alrededor de esos dos nombres:
“Argentina, rumbo a su desastre final, acaba de nombrar a Maradona como DT de la Selección. Se desecha a Bianchi – posiblemente el mejor entrenador del mundo- en beneficio del marketing barato, de la fuerza del puro sentimiento, de la movilización de las masas como método.(…)
“O yo no entiendo nada o creo que la falta de disciplina, el capricho, la irreflexión, el amiguismo, la arbitrariedad y el fanatismo del “Diego” harán fracasar miserablemente a la Selección . Los que creen en brujos, estarán contentos. Los que creemos que hay algunas leyes que conforman los procesos humanos y que no pueden ser salteadas sin resultados negativos, estamos de duelo. No por un simple juego deportivo, sino por el carácter simbólico que adquiere este nombramiento: el premio a la falta de voluntad, al amiguismo, al exceso, la enfermedad, la ignorancia, la exageración, la incultura, a la barbarie. Ojalá me equivoque.”
No me equivoqué.
2- La novela del Poder
Apenas se hizo cargo Maradona, comenzó la novela del poder: quién podría nombrar a sus asistentes, el papel de Bilardo y el tironeo sobre Ruggieri. Estaba claro que ya desde el primer momento Maradona iba a ser un Prima Donna, caprichosa y agresiva. Pero esta pequeña novela del poder “micro” se mezcló con la novela “Macro”: la guerra entre el gobierno y el Grupo Clarín, el golpe de estado que le sacó a Torneos y Competencias- de ese grupo mediático- la exclusiva de televisar los partidos de la AFA, y el nacimiento del “futbol para todos” financiado por el Gobierno. Se vio claro que un Gobierno escaso de carisma y pero con mucha Caja, quería salir de la derrota que le infligió el campo- y después, el 70% del electorado- poniendo artillería gruesa: Maradona, futbol para todos, ganar el Mundial, en aras de su Premio Mayor, la reelección en 2011.
Las cosas quedaron muy claras: apoyar a Maradona era apoyar al gobierno; rechazar a Maradona era rechazar al Gobierno. Así, como siempre en las netas divisiones argentinas (Unitarios y Federales, Rosismo y Antirrosismo, Peronistas y Gorilas, River y Boca) no queda margen para la duda, la ambigüedad o la vacilación.
3- La desastrosa Clasificación
Tomó Maradona las riendas del equipo y comenzó a perder partidos o ganarlos sobre equipos débiles como Venezuela. Bolivia cascoteó el arco (6 a 1), se perdió contra Brasil y contra Paraguay . Solo el agónico 1 a 0 en Montrevideo evitó el desastre. Recordemos las equilibradas palabras de Maradona en esa ocasión “Sigan chupandola, que me la chupen, la tienen adentro”. El pronóstico no podía ser más sombrío
4- El cambio de clima
A pesar de todo, la primera ronda en Sudáfrica fue muy auspiciosa para Argentina. Ya puestos a ganar , la locura llegó para quedarse. Dios es Maradona, Maradona es Dios. Los que éramos “anti-M”, nos callamos y tratamos de disfrutar el buen momento. Pero México fue un llamado de atención: ganamos con ayuda del árbitro y de la suerte y mostramos excesivos errores. Alemania parecía un rival demasiado potente. Pero nadie veía al Rey desnudo. Nadie se atrevía a decir “todavía no le ganamos a nadie de primera línea”
5- La Caída
Como siempre, la derrota es implacable porque deja a la luz los errores. El 4 a 0 –uno de los peores resultados que tuvo Argentina en toda la historia de los mundiales- fue el regalo que la pésima conducción de Maradona nos dejó a los argentinos.
Entonces, sí: todos los periodistas se animaron, al fin, a hacer la autopsia (¿por qué no hicieron el diagnóstico antes de deceso?)
Descubrimos que Maradona no tiene la menor idea de estrategia. Que es un excelente motivador- aunque yo lo dudo, pero eso ya es un lugar común- pero se enojó con Riquelme, no convocó a Cambiasso o Zanetti, probó a cien jugadores, no incluyó a Verón en el partido decisivo, etc. Y armó un esquema táctico incomprensible, poniendo a gente incompetente como defensores laterales . Y sobre todo: no dándole una función clara a Messi (“seguí a la pelota”, le dijo)
El martes tuve la suerte de asistir a un charla de Sergio Hernández- DT de la selección de básquet- y escuché ahí la razón de fondo (obviamente Hernández no se refería a Maradona, hablaba de su experiencia): “ Los genios como Ginobili te exigen que les des las pautas estratégicas, que les ayudes a entender el partido. Después ellos van y hacen lo suyo magistralmente. La función del DT es complementaria a la de los jugadores. Por mas genios que sean, necesitan contención, ideas claras”.
Otra “En Atlanta vi como Phelps tenía todo tan planificado que se le evitaba el ir a comer al restaurante, le traían la comida a su cuarto; a tal punto llega la planificación del entrenamiento físico”.
Igual que acá: asado, picadito, falta de estrategia, pero eso sí, mucha “motivación” (la gloria, la camiseta)
6 - Uruguay
Gracias a Dios, existe Uruguay. El paisito siempre fue un mudo contraejemplo, siempre hizo lo que Argentina desechó (seriedad, participación, la mujer vota desde 1910, democracia, República, no caudillismo, no peronismo) y siempre demostró que hay otra forma de hacer las cosas. Alemania 3-Uruguay 2 le debe haber dolido a Maradona y su Corte, más que los cuatro “pepinos” de Alemania. Porque indica que un equipo teóricamente inferior le hizo partido de igual a igual a dos monstruos (Holanda y Alemania) perdiendo por la mínima. Un Maestro dirigiendo- sin sobreactuación, con modestia pero con firmeza- obró el milagro. No hizo falta “motivarlos” a los de Tabarez: hizo falta dirigirlos, plantarlos en cada partido, darles funciones claras y apropiadas a cada uno de los once. No hizo falta tanta novela de poder, no hizo falta que el Presidente meta sus manos, no hizo falta extraños contratos televisivos. Solo, que cada uno cumpla su función eficientemente.Y así lo hicieron.
7- Las lecciones
1- No mezclar política con gestión
2- Ser modestos, no creerse dueños de la verdad
3- Estudiar, ser el primero en estrategias (el DT), y el primero en parar pelotas, en aguantar, en organizar, en lanzar, en meter goles, en armar el medio campo o el ataque a quien le toque.
4- La función del líder es descubrir lo mejor de cada uno y armar la estrategia que coordine a todos, sin querer sobresalir frente a los medios.
5- Basta de esperar todo de un Líder Mágico
6- Basarse en los recursos individuales pero buscar siempre la coordinación
7- No creerse la realidad que uno inventa sino leer la dura y simple realidad
8- El entusiasmo y la motivación son el combustible, pero no alcanza. La estrategia colectiva y la habilidad individual son la clave.
9- Planear, planificar, prever, practicar, entrenar, probar, ensayar, experimentar, trabajar, trabajar.
10- Un poco de suerte, que siempre ayuda…
Esta es la diferencia entre el Holocausto nazi y Guantánamo,señor Al Assad


El mandatario sirio, Bashar Al Assad aseguró que "no niego la existencia del Holocausto israelí, pero no conozco si sus detalles son exagerados o no. También existieron los campos de detención, pero hoy día tenemos a Guantánamo. ¿Cuál es la diferencia entre Guantánamo y los centros de detención nazis?", aseguró.
Lo dijo aquí en Buenos Aires el otro día. ¿Alguna respuesta del Gobierno Argentino? El que calla otorga.
Como se ve no solo es Ahmadineyad el Negador. Nuestro amigo sirio está en la misma línea.
Sigamos mirando:

viernes, julio 09, 2010
jueves, julio 08, 2010
Presos políticos en Cuba: Libertad condicional
Por Gabriel C. Salvia , Presidente del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (CADAL).
El disidente cubano Guillermo Fariñas venía realizando desde hace cuatro meses una huelga de hambre en reclamo de la liberación de los presos políticos.
El disidente cubano Guillermo Fariñas venía realizando desde hace cuatro meses una huelga de hambre en reclamo de la liberación de los presos políticos. | Foto: EFE
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Durante la visita del Canciller de España a Cuba, Miguel Ángel Moratinos, la Iglesia Católica cubana anunció el pasado 7 de julio que el gobierno de Raúl Castro liberará a 52 presos políticos, los cuales habían sido detenidos durante la ola represiva conocida como “La primavera negra” en marzo de 2003, juzgados mediante procesos sumarísimos y condenados la mayoría de ellos a penas que rondan los 20 años de prisión.
Inmediatamente comienzan a producirse lecturas optimistas sobre cambios políticos en Cuba, como desconociendo la pericia de un régimen represivo que ha logrado mantenerse por más de medio siglo en el poder. Sin embargo, mientras en Cuba se sigan considerando delitos al ejercicio de los derechos humanos de primera generación, nada puede cambiar en ese país y quienes sean liberados pueden volver a prisión en cualquier momento.
Es que el régimen jurídico-político de Cuba viola la mayoría de las garantías básicas plasmadas en todos los instrumentos internacionales que se han suscripto en las últimas décadas, y que en la actualidad forman parte del derecho internacional de los derechos humanos. En tal sentido, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó al Estado de Cuba en el año 2006 “ordenar la liberación inmediata e incondicional de todas las víctimas declarando nulas las condenas en su contra, por haberse basado en leyes que imponen restricciones ilegítimas a sus derechos humanos”.
Más recientemente, en noviembre de 2009, un categórico informe de Human Rights Watch señalaba: "el gobierno de Raúl Castro ha recurrido a leyes draconianas y a procesos judiciales que son una farsa para encarcelar a muchas otras personas que se atrevieron a ejercer sus libertades básicas. El gobierno de Raúl Castro se ha amparado especialmente en una disposición del Código Penal de Cuba que permite al estado encarcelar a las personas antes de que hayan cometido un delito, cuando existan sospechas de que pueden cometerlo en el futuro. Esta disposición sobre 'peligrosidad' es netamente política y define como 'peligrosa' a cualquier conducta contraria a las normas socialistas. Esta norma, la más orwelliana de todas las leyes cubanas, capta la esencia de la mentalidad represiva del gobierno cubano, que percibe a cualquier persona cuyas acciones no concuerden con el gobierno como una potencial amenaza y, por ende, pasible de castigo…las actividades 'peligrosas' incluyen entregar copias de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, organizar manifestaciones pacíficas, escribir artículos que critican al gobierno, e intentar organizar sindicatos independientes".
Al respecto, la cuestión de fondo en materia de apertura política en Cuba estuvo planteada en la Declaración “El ejercicio de los derechos no es delito”, suscripta por 75 referentes jurídicos, políticos y sociales de América Latina, entre ellos Julio César Strassera, Patricio Aylwin, Graciela Fernández Meijide, Guillermo O’Donnell, Daniel Sabsay, Vicente Palermo y Emilio De Ipola: “Estamos de acuerdo en que la región normalice sus relaciones con Cuba, pero para ello el gobierno de los hermanos Castro debe armonizar sus normas internas eliminando las restricciones a los derechos humanos más elementales…Es hora que América Latina se ponga del lado de los demócratas cubanos y le exija al régimen de los hermanos Castro que inicie una apertura política garantizando derechos muy elementales como la libertad de asociación y expresión, lo cual posibilitaría la liberación de muchos presos políticos por el principio de la vigencia de la ley más benigna”.
Es decir, en lugar de limitarse a pedir la liberación de presos políticos –que por cierto es loable- los gobiernos democráticos que quieren influir positivamente en la apertura política de Cuba, deben reclamarle a su gobierno que en primer lugar introduzca cambios en su Constitución y Código Penal, y elimine leyes especiales como la número 88, de manera de reconocer las libertades fundamentales. De lo contrario, si el ejercicio de los derechos sigue siendo penalizado en Cuba, no se puede esperar ningún cambio político en la isla y mucho menos una transición a la democracia, por lo cual no hay razones de fondo para que la Unión Europea modifique la Posición Común adoptada en 1996.
miércoles, julio 07, 2010
lunes, julio 05, 2010
La dignidad de Coco Fariñas
Considero que debido a mi estado de gravedad han usado el humanitarismo de los médicos para ir preparando a los medios de prensa internacionales para mi futuro fallecimiento. Consciente estoy de mi próximo fallecimiento y lo considero un honor pues trato de salvarles la vida a los 25 presos políticos y de conciencia que la patria los necesita como líderes. Los únicos responsables de mi futuro deceso son los hermanos Fidel y Raúl Castro. Confío en el equipo médico y paramédico que me atiende. Es por eso que he rechazado las diferentes ofertas que me han hecho para irme a tratar a otros países. Quiero morir en mi patria ante las narices de los dictadores que poseen las pistolas, fusiles, cañones y bombas. Sólo tengo la moral de ser del pueblo de abajo, engañado y sometido durante 51 años por los que poseen las armas, la violencia y las leyes totalitarias y que desgobiernan desde arriba.
Impresionante artículo: la oligarquía peronista
La oligarquía peronista
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
A los Kirchner les encanta atizar el fuego de la lucha heroica contra los "poderes concentrados". Esa expresión, que sirve para mantener alerta y cohesionada a la tropa y es fundamental para recrear la mística del "relato", viene desde los últimos años del primer peronismo. Eran los "poderes concentrados" los que habían derrocado a Juan Domingo Perón, proscripto al partido y sus íconos y divisas, secuestrado el cadáver de Eva, procesado y detenido a sus dirigentes y fusilado a sus leales.
Podían verdaderamente los peronistas explicar su heroísmo durante la resistencia; incluso en los turbulentos años 70, cuando intentaron un giro guevarista, y sobre todo durante la última dictadura militar, que los torturó y asesinó aplicando el más siniestro terrorismo de Estado.
Toda esa épica reconocible ha quedado, sin embargo, bastante lejos. A partir de la era democrática, el Partido Justicialista se transformó en un colectivo que gobernó y no dejó gobernar, una casta de dirigentes humildes que se transformaron rápidamente en millonarios habitantes de fastuosas mansiones, con poder territorial y presupuestos abultados. Y la capacidad para girar a derecha e izquierda y hacerle creer una y otra vez a la sociedad que los iguales eran distintos, y que en realidad los de antes no resultaban "verdaderos peronistas" como ellos, "los auténticos", que llegaban siempre ansiosos para un nuevo turno. Dentro de esa realeza política, que de algún modo se convirtió en lo que antes combatía, hay príncipes, duques y barones (del conurbano) que luchan por el botín y se enfrentan en batallas y traiciones para que todo cambie sin que cambie el fondo. Es decir, para que no haya alternancia y el peronismo siga su monólogo interminable.
Hay peronistas en el Gobierno y en la oposición; la maquinaria pejotista -ya un remedo indisimulable del PRI mexicano- condiciona a las administraciones que no son de su mismo color, y cualquiera sabe hoy que desde el más rebelde y "progre" hasta el más "derechoso" debe entrar en el peronismo para tener una mínima chance electoral. El peronismo, por aciertos propios e ineptitudes ajenas, triunfó. Y sabido es que cuando un movimiento que se autopercibe como revolucionario triunfa y se apoltrona en el poder, inevitablemente se vuelve conservador. El peronismo, más que ningún otro sector de este país, representa de ese modo una nueva forma de conservadurismo conducida por una nueva clase de oligarquía.
El gran narrador Jonathan Swift parecía hablar de las internas peronistas cuando escribía aquella imagen célebre: "Podemos observar en la república de los perros que todo el Estado disfruta de la paz más absoluta después de una comida abundante, y que surgen entre ellos contiendas civiles tan pronto como un hueso grande viene a caer en poder de algún perro principal, el cual lo reparte con unos pocos, estableciendo una oligarquía, o la conserva para sí, estableciendo una tiranía".
Es interesante la palabra "oligarquía", sinónimo supremo de los "poderes concentrados". La Real Academia Española la define como "gobierno de pocos", pero anota también otra acepción: "Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio".
Ese "gobierno de pocos" se consigue, justo es decirlo, con el apoyo de muchos. La increíble ineptitud de las sucesivas oposiciones al peronismo hicieron posible esta paradoja: votar al menos malo y legalizar así mediante las urnas el sostenimiento de una estructura de señores feudales que terminan transgrediendo las reglas democráticas, realizando lo que no prometieron y dejando una bomba de tiempo económica.
Los peronistas dominan quince provincias y comparten porciones importantes de poder en otras seis. Más allá de fracturas momentáneas, son amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso y en las principales legislaturas. Controlan grandes y pequeñas ciudades. Tienen una red gigantesca de punteros y planes sociales. Poseen las principales cajas públicas nacionales, provinciales y comunales, sin olvidar que utilizan como propios para tareas políticas y faenas de cooptación y hostigamiento a la Anses, la AFIP, la SIDE y el Banco Central. Nadie puede gobernar el país sin cierto consentimiento por parte de los principales intendentes del conurbano bonaerense, que administran desde hace décadas un territorio donde la desigualdad y la pobreza han crecido, y donde ahora cunde la anomia, el clientelismo y el gerenciamiento de la miseria.
La columna vertebral del movimiento domina el transporte de tierra, aire y agua de la Argentina: desde los camioneros y la Fraternidad y la Unión Ferroviaria hasta los colectiveros de todas las distancias, los pilotos de avión, los peones de taxi y los trabajadores portuarios responden a un mínimo gesto de Moyano, que también maneja a otros cien pequeños gremios. Su influencia llega a las tarifas, a los precios, impacta en la alimentación y en los peajes, y talla en todo el aparato peronista: es vicepresidente del PJ nacional y, como no le alcanzaba, también del bonaerense.
Sus competidores, los Gordos, cuentan con otros cincuenta gremios aliados, sin olvidar a los empleados de las estaciones de servicio, las agencias de seguridad, la sanidad, el comercio, los gastronómicos y los muchachos de Luz y Fuerza. Su poder de negociación es letal, y no hay empresario importante que pueda resistir el embate a fondo de estas organizaciones todopoderosas, encabezadas por burócratas enriquecidos. Ningún gobierno independizado del "partido único" sería capaz de sobrevivir sin "una pata peronista" o sin hacer un acuerdo espurio con todos estos jerarcas.
A eso el gobierno justicialista suma un ejército piquetero de 150.000 personas dispuestas a movilizarse, cortar calles y rutas, bloquear locales y escrachar personas. Me refiero a los militantes activos de Movimiento Evita, Tupac Amaru, Central de Movimientos Populares, Frente Transversal y Popular, todos ellos sensibles a la caja y los mandatos de la Casa Rosada.
Del viejo establishment no queda más que un grupo de empresarios asustados y con escaso margen para operar significativamente sobre la realidad. Muchos de ellos hacen excelentes negocios con el Gobierno, otros temen sus ataques y acompañan en silencio. Y luego están los que cedieron a la presión y al debilitamiento, y les vendieron a los capitalistas amigos de Kirchner, que fueron armando a su vez un conglomerado para hacerse dueños del agua, el gas, el petróleo y los medios. Los grupos adictos al peronismo se expanden y han logrado articular holdings impresionantes que reciben órdenes desde Olivos. Los bancos quedaron debilitados y sin fuerza para condicionar cualquier cosa cuando les arrancaron las AFJP: los más grandes y gravitantes son el Nación y el Provincia, cuyo control férreo está en manos del peronismo gobernante. Las cámaras empresarias fueron copadas o dividas. Las multinacionales que tenían servicios públicos le temen más al gobierno argentino que a Dios. La economía está más concentrada en la actualidad que en los aborrecidos años 90. Es el momento de mayor presión tributaria y más alto gasto público de la historia: el 72% está en manos de Presidencia de la Nación. Billetera no sólo mata galán. También mata ideal. Y con esos billetes, los perseguidos de antes son los perseguidores de ahora.
A esto se suma un sistema propagandístico en expansión formado por medios estatales y provinciales engordados con el erario; cadenas noticiosas y radios de primer orden que reciben publicidad oficial y negocios, y que propalan con entusiasmo las buenas nuevas y toman represalias contra los periodistas díscolos; diarios y revistas que están al servicio del oficialismo haciendo alharaca con la libertad de expresión pero que jamás investigarán ningún hecho de la corrupción kirchnerista.
En un país que es rehén -gozoso o angustiado- del peronismo, victimizarse y buscar chivos expiatorios, conspiradores destituyentes y sinarquías internacionales resulta, por lo tanto, un viejo truco vacío, casi una broma. Como pasar por contestatarios cuando son y representan al mismísimo statu quo, a la hegemonía en su punto de máxima cocción. Los "poderes concentrados" hoy los detentan en la Argentina precisamente los miembros del gran partido del poder. Una nueva oligarquía política que perdió la heroicidad hace mucho, mucho tiempo.
Jorge Fernández Díaz
LA NACION
A los Kirchner les encanta atizar el fuego de la lucha heroica contra los "poderes concentrados". Esa expresión, que sirve para mantener alerta y cohesionada a la tropa y es fundamental para recrear la mística del "relato", viene desde los últimos años del primer peronismo. Eran los "poderes concentrados" los que habían derrocado a Juan Domingo Perón, proscripto al partido y sus íconos y divisas, secuestrado el cadáver de Eva, procesado y detenido a sus dirigentes y fusilado a sus leales.
Podían verdaderamente los peronistas explicar su heroísmo durante la resistencia; incluso en los turbulentos años 70, cuando intentaron un giro guevarista, y sobre todo durante la última dictadura militar, que los torturó y asesinó aplicando el más siniestro terrorismo de Estado.
Toda esa épica reconocible ha quedado, sin embargo, bastante lejos. A partir de la era democrática, el Partido Justicialista se transformó en un colectivo que gobernó y no dejó gobernar, una casta de dirigentes humildes que se transformaron rápidamente en millonarios habitantes de fastuosas mansiones, con poder territorial y presupuestos abultados. Y la capacidad para girar a derecha e izquierda y hacerle creer una y otra vez a la sociedad que los iguales eran distintos, y que en realidad los de antes no resultaban "verdaderos peronistas" como ellos, "los auténticos", que llegaban siempre ansiosos para un nuevo turno. Dentro de esa realeza política, que de algún modo se convirtió en lo que antes combatía, hay príncipes, duques y barones (del conurbano) que luchan por el botín y se enfrentan en batallas y traiciones para que todo cambie sin que cambie el fondo. Es decir, para que no haya alternancia y el peronismo siga su monólogo interminable.
Hay peronistas en el Gobierno y en la oposición; la maquinaria pejotista -ya un remedo indisimulable del PRI mexicano- condiciona a las administraciones que no son de su mismo color, y cualquiera sabe hoy que desde el más rebelde y "progre" hasta el más "derechoso" debe entrar en el peronismo para tener una mínima chance electoral. El peronismo, por aciertos propios e ineptitudes ajenas, triunfó. Y sabido es que cuando un movimiento que se autopercibe como revolucionario triunfa y se apoltrona en el poder, inevitablemente se vuelve conservador. El peronismo, más que ningún otro sector de este país, representa de ese modo una nueva forma de conservadurismo conducida por una nueva clase de oligarquía.
El gran narrador Jonathan Swift parecía hablar de las internas peronistas cuando escribía aquella imagen célebre: "Podemos observar en la república de los perros que todo el Estado disfruta de la paz más absoluta después de una comida abundante, y que surgen entre ellos contiendas civiles tan pronto como un hueso grande viene a caer en poder de algún perro principal, el cual lo reparte con unos pocos, estableciendo una oligarquía, o la conserva para sí, estableciendo una tiranía".
Es interesante la palabra "oligarquía", sinónimo supremo de los "poderes concentrados". La Real Academia Española la define como "gobierno de pocos", pero anota también otra acepción: "Conjunto de algunos poderosos negociantes que se aúnan para que todos los negocios dependan de su arbitrio".
Ese "gobierno de pocos" se consigue, justo es decirlo, con el apoyo de muchos. La increíble ineptitud de las sucesivas oposiciones al peronismo hicieron posible esta paradoja: votar al menos malo y legalizar así mediante las urnas el sostenimiento de una estructura de señores feudales que terminan transgrediendo las reglas democráticas, realizando lo que no prometieron y dejando una bomba de tiempo económica.
Los peronistas dominan quince provincias y comparten porciones importantes de poder en otras seis. Más allá de fracturas momentáneas, son amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso y en las principales legislaturas. Controlan grandes y pequeñas ciudades. Tienen una red gigantesca de punteros y planes sociales. Poseen las principales cajas públicas nacionales, provinciales y comunales, sin olvidar que utilizan como propios para tareas políticas y faenas de cooptación y hostigamiento a la Anses, la AFIP, la SIDE y el Banco Central. Nadie puede gobernar el país sin cierto consentimiento por parte de los principales intendentes del conurbano bonaerense, que administran desde hace décadas un territorio donde la desigualdad y la pobreza han crecido, y donde ahora cunde la anomia, el clientelismo y el gerenciamiento de la miseria.
La columna vertebral del movimiento domina el transporte de tierra, aire y agua de la Argentina: desde los camioneros y la Fraternidad y la Unión Ferroviaria hasta los colectiveros de todas las distancias, los pilotos de avión, los peones de taxi y los trabajadores portuarios responden a un mínimo gesto de Moyano, que también maneja a otros cien pequeños gremios. Su influencia llega a las tarifas, a los precios, impacta en la alimentación y en los peajes, y talla en todo el aparato peronista: es vicepresidente del PJ nacional y, como no le alcanzaba, también del bonaerense.
Sus competidores, los Gordos, cuentan con otros cincuenta gremios aliados, sin olvidar a los empleados de las estaciones de servicio, las agencias de seguridad, la sanidad, el comercio, los gastronómicos y los muchachos de Luz y Fuerza. Su poder de negociación es letal, y no hay empresario importante que pueda resistir el embate a fondo de estas organizaciones todopoderosas, encabezadas por burócratas enriquecidos. Ningún gobierno independizado del "partido único" sería capaz de sobrevivir sin "una pata peronista" o sin hacer un acuerdo espurio con todos estos jerarcas.
A eso el gobierno justicialista suma un ejército piquetero de 150.000 personas dispuestas a movilizarse, cortar calles y rutas, bloquear locales y escrachar personas. Me refiero a los militantes activos de Movimiento Evita, Tupac Amaru, Central de Movimientos Populares, Frente Transversal y Popular, todos ellos sensibles a la caja y los mandatos de la Casa Rosada.
Del viejo establishment no queda más que un grupo de empresarios asustados y con escaso margen para operar significativamente sobre la realidad. Muchos de ellos hacen excelentes negocios con el Gobierno, otros temen sus ataques y acompañan en silencio. Y luego están los que cedieron a la presión y al debilitamiento, y les vendieron a los capitalistas amigos de Kirchner, que fueron armando a su vez un conglomerado para hacerse dueños del agua, el gas, el petróleo y los medios. Los grupos adictos al peronismo se expanden y han logrado articular holdings impresionantes que reciben órdenes desde Olivos. Los bancos quedaron debilitados y sin fuerza para condicionar cualquier cosa cuando les arrancaron las AFJP: los más grandes y gravitantes son el Nación y el Provincia, cuyo control férreo está en manos del peronismo gobernante. Las cámaras empresarias fueron copadas o dividas. Las multinacionales que tenían servicios públicos le temen más al gobierno argentino que a Dios. La economía está más concentrada en la actualidad que en los aborrecidos años 90. Es el momento de mayor presión tributaria y más alto gasto público de la historia: el 72% está en manos de Presidencia de la Nación. Billetera no sólo mata galán. También mata ideal. Y con esos billetes, los perseguidos de antes son los perseguidores de ahora.
A esto se suma un sistema propagandístico en expansión formado por medios estatales y provinciales engordados con el erario; cadenas noticiosas y radios de primer orden que reciben publicidad oficial y negocios, y que propalan con entusiasmo las buenas nuevas y toman represalias contra los periodistas díscolos; diarios y revistas que están al servicio del oficialismo haciendo alharaca con la libertad de expresión pero que jamás investigarán ningún hecho de la corrupción kirchnerista.
En un país que es rehén -gozoso o angustiado- del peronismo, victimizarse y buscar chivos expiatorios, conspiradores destituyentes y sinarquías internacionales resulta, por lo tanto, un viejo truco vacío, casi una broma. Como pasar por contestatarios cuando son y representan al mismísimo statu quo, a la hegemonía en su punto de máxima cocción. Los "poderes concentrados" hoy los detentan en la Argentina precisamente los miembros del gran partido del poder. Una nueva oligarquía política que perdió la heroicidad hace mucho, mucho tiempo.
sábado, julio 03, 2010
Una definición del buen futbol
Like any good newspaper, a soccer team is… a team.
No just a collection of “prima donnas”.
A team.
(Un equipo)
In the field and outside the field.
(dentro y fuera de la cancha)
So, less Ronaldos, less Capellos, less Kakas, less Messis, less Maradonas…
(Por lo tanto, menos Ronaldos, menos Capellos, menos Kakas, menos Messis, menos Maradonas...)
And more teams.
(Y más equipos)
A great lesson for Italy, France, England, Argentina, Brazil…
(Una gran lección para Italia, Francia, Inglaterra, Argentina, Brasil)
11 team players.
(11 jugadores)
Not just 10+1 star.
(No solo 10+ 1 estrella)
That’s all.
(Eso es todo)
No just a collection of “prima donnas”.
A team.
(Un equipo)
In the field and outside the field.
(dentro y fuera de la cancha)
So, less Ronaldos, less Capellos, less Kakas, less Messis, less Maradonas…
(Por lo tanto, menos Ronaldos, menos Capellos, menos Kakas, menos Messis, menos Maradonas...)
And more teams.
(Y más equipos)
A great lesson for Italy, France, England, Argentina, Brazil…
(Una gran lección para Italia, Francia, Inglaterra, Argentina, Brasil)
11 team players.
(11 jugadores)
Not just 10+1 star.
(No solo 10+ 1 estrella)
That’s all.
(Eso es todo)
Excelente análisis de la derrota argentina
Cuerpo técnico que tomó malas decisiones.
PorJuan Lagares
¿Por qué diez? Ese numerito caprichoso que tanto se vio en este Mundial relacionado con Argentina. Porque Diego Maradona es el diez, porque Lionel Messi heredó el diez, porque se esperaba un torneo redondo y perfecto. Por eso 10. Diez razones que explican la lenta y dolorosa eliminación de la Selección del Mundial de Sudáfrica.
Hecho número 1: Un cuerpo técnico incapaz de resolver situaciones. Diego Maradona hizo un curso acelerado, y lo reprobó. Nunca encontró el equipo. No instaló una ideología de juego y pocas veces acertó con los cambios. Fue claro, en cada presentación de Argentina en el Mundial, volantes lejos de los delanteros. Messi recibiendo la pelota detrás de la mitad de la cancha. Nunca logró conexión en la transición de una posición defensiva a una ofensiva. Toda la responsabilidad recayó sobre Messi, y Messi no es Maradona. Ante Alemania, recién con el partido 0-2 el técnico decidió el ingreso de Javier Pastore. Cuando ante México se había notado el mismo problema y fue el ex Huracán el que mostró las mejores credenciales para ser el socio de Messi en el triunfo sobre Grecia.
Hecho número 2: Maradona se equivocó en la convocatoria. Quedó en evidencia el técnico. Dejó afuera a Esteban Cambiasso y se peleó con Juan Román Riquelme. Encima se deshizo de Javier Zanetti, de una temporada brillante. ¿Y qué pasó con el lateral derecho en el Mundial? Primero improvisó con Jonás Gutiérrez, que terminó saliendo del equipo. En su lugar fue Nicolás Otamendi y el pibe de Vélez tuvo un partido pésimo ante Alemania, una de las claves de la derrota. No es culpa de Otamendi, un central con poca experiencia llamado a ser bombero para tapar agujeros. Además, Maradona convocó a Ariel Garcé y el Chino no jugó ni un minuto en el Mundial.
Hecho número 3: Una defensa desordenado y sin jerarquía. Dijo Maradona, poco después de asumir como técnico de la Selección: “Conmigo Heinze juega de central”. Y en el Mundial, Heinze fue el lateral izquierdo de un equipo que no tuvo salida desde el fondo. Lento, flojo para la marca, perdido. Heinze fue lo más flojo de la Selección en la Copa del Mundo. Por otro lado, el cuerpo técnico informó que Walter Samuel estaba recuperado para volver ante México, pero el central le había comunicado a Maradona que no se sentía pleno para jugar. Se expuso a Samuel y después perdió el puesto con Burdisso para el partido con Alemania.
Hecho número 4: Un mediocampo sin juego. Maradona eligió a Mascherano como capitán. “Masche más diez”, era la frase. Y el volante del Liverpool (que terminó jugando como lateral derecho en Inglaterra) tuvo una temporada muy floja. En el Mundial, nunca estuvo preciso y pegó más de lo que jugó. Mientras Mario Bolatti, un jugador preciso y con mucho más juego, vio casi todo el Mundial desde el banco de suplentes.
Hecho número 5: Un Messi maltratado por las malas decisiones de su entrenador. “Yo le doy libertad a Lio para que juegue cerca de la pelota”, había dicho Maradona ayer en la conferencia de prensa en el Green Point de Ciudad del Cabo. Error. Una frase que delata la incapacidad técnica de Maradona. Messi, el goleador de Europa con 43 goles, no pisó el área en el Mundial de Sudáfrica. Recibió la pelota siempre lejos del arco y tuvo que intentar generar todo el juego de ataque del equipo. El mejor jugador del mundo, desaprovechado.
Hecho número 6: La interna en el plantel. Eso que taparon los jugadores y el cuerpo técnico. Esa imagen de alegría que quisieron vender en el triunfo, fue una mentira. Porque Carlos Tevez se enojó cuando nadie se acordó del cumpleaños de Javier Pastore y todos festejaron el de Lionel Messi. Porque Juan Sebastián Verón y Jonás Gutiérrez le reclamaron al técnico que los había sacado del equipo. Porque Walter Samuel, con razón, desató su bronca cuando mancharon su nombre en la previa ante México.
Hecho número 7: Cuando los jugadores descubren que Papá Noel no existe. Porque Maradona pasó de ser esa figura divina a un mortal más, de carne y hueso. Porque sin un plan de juego, sin una ideología, sin convicciones, sin un mensaje no se puede ganar un Mundial. Porque Maradona apostó todo a la motivación y los jugadores no son tontos. Dejaron de creer en el regalo abajo del árbol. Perdieron la fe.
Hecho número 8: Un rival superior. Alemania fue superior a Argentina. No hay dudas. No hacía falta que el resultado fuera de 4-0, aunque le da mayor validez. Porque con una idea para atacar (dos toques cortos y uno largo) le alcanzó para aplastar a una Selección que nunca supo cuál era el camino.
Hecho número 9: Al final Schweinsteiger tenía razón. Dijo el volante alemán que los “argentinos intentaban sacar ventajas siendo prepotentes y hablando con los árbitros”. Dijo una verdad. Porque los jugadores dieron vuelta la cara cuando ante México Tevez abrió el partido con un cabezazo en clara posición adelantada. Y ante Alemania pensaron que les iban a regalar la clasificación otra vez. Porque cuando Higuaín tocó al gol (había cuatro jugadores adelantados) todos se quejaron. Pidieron faltas que no fueron y protestaron más de lo que jugaron.
Hecho número 10: Lo dijo Verón tras la clasificación ante Uruguay: “Hay cosas que tienen que cambiar”. Y no cambió nada, se tapó todo. “Desde la cabeza, hasta el último jugador de las Eliminatorias”, y todos escondieron todo. Para vender una imagen que no es. Primero hay que reencontrar la identidad perdida. Esa que se perdió cuando Julio Grondona decidió contratar a Diego Maradona como entrenador, con Carlos Bilardo de manager y tras una renuncia cargada de dudas de Alfio Basile. Faltan cuatro años para volver a soñar.
PorJuan Lagares
¿Por qué diez? Ese numerito caprichoso que tanto se vio en este Mundial relacionado con Argentina. Porque Diego Maradona es el diez, porque Lionel Messi heredó el diez, porque se esperaba un torneo redondo y perfecto. Por eso 10. Diez razones que explican la lenta y dolorosa eliminación de la Selección del Mundial de Sudáfrica.
Hecho número 1: Un cuerpo técnico incapaz de resolver situaciones. Diego Maradona hizo un curso acelerado, y lo reprobó. Nunca encontró el equipo. No instaló una ideología de juego y pocas veces acertó con los cambios. Fue claro, en cada presentación de Argentina en el Mundial, volantes lejos de los delanteros. Messi recibiendo la pelota detrás de la mitad de la cancha. Nunca logró conexión en la transición de una posición defensiva a una ofensiva. Toda la responsabilidad recayó sobre Messi, y Messi no es Maradona. Ante Alemania, recién con el partido 0-2 el técnico decidió el ingreso de Javier Pastore. Cuando ante México se había notado el mismo problema y fue el ex Huracán el que mostró las mejores credenciales para ser el socio de Messi en el triunfo sobre Grecia.
Hecho número 2: Maradona se equivocó en la convocatoria. Quedó en evidencia el técnico. Dejó afuera a Esteban Cambiasso y se peleó con Juan Román Riquelme. Encima se deshizo de Javier Zanetti, de una temporada brillante. ¿Y qué pasó con el lateral derecho en el Mundial? Primero improvisó con Jonás Gutiérrez, que terminó saliendo del equipo. En su lugar fue Nicolás Otamendi y el pibe de Vélez tuvo un partido pésimo ante Alemania, una de las claves de la derrota. No es culpa de Otamendi, un central con poca experiencia llamado a ser bombero para tapar agujeros. Además, Maradona convocó a Ariel Garcé y el Chino no jugó ni un minuto en el Mundial.
Hecho número 3: Una defensa desordenado y sin jerarquía. Dijo Maradona, poco después de asumir como técnico de la Selección: “Conmigo Heinze juega de central”. Y en el Mundial, Heinze fue el lateral izquierdo de un equipo que no tuvo salida desde el fondo. Lento, flojo para la marca, perdido. Heinze fue lo más flojo de la Selección en la Copa del Mundo. Por otro lado, el cuerpo técnico informó que Walter Samuel estaba recuperado para volver ante México, pero el central le había comunicado a Maradona que no se sentía pleno para jugar. Se expuso a Samuel y después perdió el puesto con Burdisso para el partido con Alemania.
Hecho número 4: Un mediocampo sin juego. Maradona eligió a Mascherano como capitán. “Masche más diez”, era la frase. Y el volante del Liverpool (que terminó jugando como lateral derecho en Inglaterra) tuvo una temporada muy floja. En el Mundial, nunca estuvo preciso y pegó más de lo que jugó. Mientras Mario Bolatti, un jugador preciso y con mucho más juego, vio casi todo el Mundial desde el banco de suplentes.
Hecho número 5: Un Messi maltratado por las malas decisiones de su entrenador. “Yo le doy libertad a Lio para que juegue cerca de la pelota”, había dicho Maradona ayer en la conferencia de prensa en el Green Point de Ciudad del Cabo. Error. Una frase que delata la incapacidad técnica de Maradona. Messi, el goleador de Europa con 43 goles, no pisó el área en el Mundial de Sudáfrica. Recibió la pelota siempre lejos del arco y tuvo que intentar generar todo el juego de ataque del equipo. El mejor jugador del mundo, desaprovechado.
Hecho número 6: La interna en el plantel. Eso que taparon los jugadores y el cuerpo técnico. Esa imagen de alegría que quisieron vender en el triunfo, fue una mentira. Porque Carlos Tevez se enojó cuando nadie se acordó del cumpleaños de Javier Pastore y todos festejaron el de Lionel Messi. Porque Juan Sebastián Verón y Jonás Gutiérrez le reclamaron al técnico que los había sacado del equipo. Porque Walter Samuel, con razón, desató su bronca cuando mancharon su nombre en la previa ante México.
Hecho número 7: Cuando los jugadores descubren que Papá Noel no existe. Porque Maradona pasó de ser esa figura divina a un mortal más, de carne y hueso. Porque sin un plan de juego, sin una ideología, sin convicciones, sin un mensaje no se puede ganar un Mundial. Porque Maradona apostó todo a la motivación y los jugadores no son tontos. Dejaron de creer en el regalo abajo del árbol. Perdieron la fe.
Hecho número 8: Un rival superior. Alemania fue superior a Argentina. No hay dudas. No hacía falta que el resultado fuera de 4-0, aunque le da mayor validez. Porque con una idea para atacar (dos toques cortos y uno largo) le alcanzó para aplastar a una Selección que nunca supo cuál era el camino.
Hecho número 9: Al final Schweinsteiger tenía razón. Dijo el volante alemán que los “argentinos intentaban sacar ventajas siendo prepotentes y hablando con los árbitros”. Dijo una verdad. Porque los jugadores dieron vuelta la cara cuando ante México Tevez abrió el partido con un cabezazo en clara posición adelantada. Y ante Alemania pensaron que les iban a regalar la clasificación otra vez. Porque cuando Higuaín tocó al gol (había cuatro jugadores adelantados) todos se quejaron. Pidieron faltas que no fueron y protestaron más de lo que jugaron.
Hecho número 10: Lo dijo Verón tras la clasificación ante Uruguay: “Hay cosas que tienen que cambiar”. Y no cambió nada, se tapó todo. “Desde la cabeza, hasta el último jugador de las Eliminatorias”, y todos escondieron todo. Para vender una imagen que no es. Primero hay que reencontrar la identidad perdida. Esa que se perdió cuando Julio Grondona decidió contratar a Diego Maradona como entrenador, con Carlos Bilardo de manager y tras una renuncia cargada de dudas de Alfio Basile. Faltan cuatro años para volver a soñar.
viernes, julio 02, 2010
Que gane el mejor
Sé que lo que voy a decir ahora me granjeará el odio eterno de muchos conciudadanos. Pero este blog no esta hecho para la tribuna argentina. Pretende describir y explicar algunos fenómenos desde mi particular visión. No quiero ganar el aplauso de nadie.
Creo que el fútbol y, en general, todos los deportes colectivos exaltan algunos valores guerreros: agresividad, fortaleza, astucia. La inteligencia, el arte y la sensibilidad no son los valores que predominan entre sus actores y espectadores: los deportes existen para canalizar el ánimo vencedor, el deseo de humillar al contrario y el fetiche de creer que cada gol del equipo es una conquista personal nuestra. Hace poco un hincha rosarino se suicidó por una derrota de su equipo.
Me gusta el futbol espectáculo. Me interesa que “gane el mejor”. Si esto sucede, mi confianza en la racionalidad del mundo aumenta. Odio que ganen los peores, los que aciertan de casualidad.
Desde es punto de vista deseo que en el partido de mañana, Alemania vs. Argentina, gane el mejor. Si es Argentina, bienvenida. Sino, no importa.
El futbol mueve la personalidad infantil: la que no soporta el fracaso, la que solo se exalta en el triunfo, la que quiere gozar ya, la que no puede esperar, la que no acepta críticas, la que no se enmienda.
La Argentina que gane mañana – si gana- es un país infantil. Pero de un chico enfermizo y caprichoso. Un triunfo argentino no representará la realidad del fracaso argentino, servirá para ocultarlo. Prefiero- obviamente- perder en futbol pero ganar en libertad, en responsabilidad, en progreso, en disminución de la pobreza, en aumento de la seguridad.
Ganar mañana, significará de algún modo sustituir el verdadero triunfo de una sociedad por una algarabía infantil. Será festejar nuestro fracaso, bajo la cosmética de que “somo lo mejore del mundo”.
Todos los regímenes totalitarios invierten enormes recursos en el deporte: desde la Alemania nazi de las Olimpiadas de 1938 a la URSS y la Alemania comunista, que se llenaban de medalleros en cada competencia internacional. De que le sirvió a los alemanes del Este tanto oro olímpico.
De qué nos servirá a los argentinos ganar mañana. Esa es mi pregunta
Creo que el fútbol y, en general, todos los deportes colectivos exaltan algunos valores guerreros: agresividad, fortaleza, astucia. La inteligencia, el arte y la sensibilidad no son los valores que predominan entre sus actores y espectadores: los deportes existen para canalizar el ánimo vencedor, el deseo de humillar al contrario y el fetiche de creer que cada gol del equipo es una conquista personal nuestra. Hace poco un hincha rosarino se suicidó por una derrota de su equipo.
Me gusta el futbol espectáculo. Me interesa que “gane el mejor”. Si esto sucede, mi confianza en la racionalidad del mundo aumenta. Odio que ganen los peores, los que aciertan de casualidad.
Desde es punto de vista deseo que en el partido de mañana, Alemania vs. Argentina, gane el mejor. Si es Argentina, bienvenida. Sino, no importa.
El futbol mueve la personalidad infantil: la que no soporta el fracaso, la que solo se exalta en el triunfo, la que quiere gozar ya, la que no puede esperar, la que no acepta críticas, la que no se enmienda.
La Argentina que gane mañana – si gana- es un país infantil. Pero de un chico enfermizo y caprichoso. Un triunfo argentino no representará la realidad del fracaso argentino, servirá para ocultarlo. Prefiero- obviamente- perder en futbol pero ganar en libertad, en responsabilidad, en progreso, en disminución de la pobreza, en aumento de la seguridad.
Ganar mañana, significará de algún modo sustituir el verdadero triunfo de una sociedad por una algarabía infantil. Será festejar nuestro fracaso, bajo la cosmética de que “somo lo mejore del mundo”.
Todos los regímenes totalitarios invierten enormes recursos en el deporte: desde la Alemania nazi de las Olimpiadas de 1938 a la URSS y la Alemania comunista, que se llenaban de medalleros en cada competencia internacional. De que le sirvió a los alemanes del Este tanto oro olímpico.
De qué nos servirá a los argentinos ganar mañana. Esa es mi pregunta
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